viernes, abril 29, 2011

Éxtasis

Se parece un poco a la foto del final de El resplandor. El rostro del tipo de en medio, rubio repeinado y sin un diente, es terrible. Está en éxtasis, con las pupilas dilatadas, como saliendo de un after. Vestido de paisano, como el compañero de las gafas, disfruta con los uniformados de las SA (poco después las SS) de la quema de libros en el Berlín del 33. Concretamente el 10 de mayo de 1933. Una de las fotos más logradas que he visto sobre la infamia.

miércoles, abril 27, 2011

Žižek

“Uno puede poner todos los gays que quiera en el Gobierno, puede permitir todas las películas subversivas y transgresoras; toda esa crítica es bienvenida e integrada. Ahora intente usted mover un sólo ápice del funcionamiento del capitalismo, intente frenar el liberalismo económico desde su Gobierno en beneficio de los derechos de los trabajadores. Ahí es cuando todo el poder capitalista se le echará encima”.
“El amor es como una gran desgracia, un parásito monstruoso, un estado de emergencia permanente que arruina todos los pequeños placeres”.
“La lección más importante que la vida me ha enseñado es que la vida es una cosa estúpida y sin sentido que no tiene nada que enseñarte”.
(Slavoj Žižek, al que estoy empezando a conocer)

martes, abril 26, 2011

Una película sensacional

Leo textos sobre estrenos de cine que me sonrojan. Entiendo la “bondad” de un señor que tiene que poner bien una la película de alguien que acaba de pagar un buen dinero por un anuncio de esa película en su periódico, pero hasta un niño de teta sabe que no tiene sentido esforzarse por escribir la crítica de la mayoría de las películas que pueblan nuestras carteleras. ¿Sirve de algo analizar películas cuya poca calidad o trivialidad es evidente, casi ofensiva? Menudo curro… Yo veo la cartelera semanal y no sé qué ir a ver. Y no voy, claro. El panorama de pelis insustanciales es demoledor y crece año a año. En este sentido, me gusta lo que escribió el analista norteamericano David Thomson: “Yo no tengo nada que decir de La guerra de las galaxias. Yo escribo sobre cine porque algunas películas presentan suficientes dosis de arte (o de intento de arte) para justificar el esfuerzo, la emoción que he sentido en la oscuridad. Sobre La guerra de las galaxias no hay nada que decir, porque no tiene arte bastante: la respuesta más elocuente es un ¡guau!, o pulsar la tecla de repetición. La guerra de las galaxias es, para bien o para mal, una película sensacional. Y a mí me gustan las sensaciones, como el agua caliente sobre mi espalda o la sal en mi lengua. Pero en los últimos tiempos están apareciendo demasiadas películas que no merecen el espacio del papel que consumiría escribir sobre ellas, y no digamos el esfuerzo. Que desafían cualquier respuesta crítica o indagación verbal. Que están más allá del análisis. (…) Entiendo la actitud de los críticos que son requeridos para elegir las diez mejores películas de cualquier año determinado, esos que dicen ‘¿Diez?, ¡Eso es mucho!’, o a esos espíritus más generosos, cuyos pulgares han crecido tanto como la nariz de Pinocho de tanto sobrevalorar películas. (…) Nuestros periódicos publican cifras de taquilla como si pretendieran que nos las creyéramos, o que pensáramos que el cine está mejor que nunca. Algunos periódicos, claro, pertenecen a la corporación que controla la industria, y la mayoría no podrían salir adelante sin publicidad cinematográfica. Ha llegado el momento de que la comunidad repare en el compromiso que supone el hecho de que todos los años un periódico como Times gane más de 85 millones en ingresos de publicidad cinematográfica. Porque esta publicidad es la auténtica noticia, más importante que las propias críticas, porque los anuncios dan la medida del impacto de una película. Y eso es a lo único a lo que aspiran muchas de ellas”.

lunes, abril 25, 2011

Apreciaciones ajenas

Conocí a José Luis Alcaine en el rodaje de una peli de Colomo. Era verano, un caluroso verano en el plató de Reyes Abades en Torrejón. Todas las mañanas Colomo y Alcaine huían del café de termo y de la bollería industrial y se desayunaban con un plato de tomate con bonito. Bonito del malo. Todo cambió cuando les llevé una buena remesa de bonito de Santoña.
Alcaine, una institución entre los directores de fotografía (¿Quién puede matar a un niño?, El sur, Tasio y El viaje a ninguna parte son sólo algunos de sus trabajos) fue recientemente homenajeado en el festival de Málaga, un homenaje merecido por currante, por buena gente y por el carrerón que se ha cascado. Diego Galán, que nació en Tánger, como Alcaine, lo ha definido muy bien: “Sereno, riguroso, afable sin melosidad, inventivo pero sin alardes”. Y también ha recordado la anécdota contada por él y que muchos conocemos: en la escuela de cine le dijeron que no valía para la fotografía, que se dedicara a otra profesión. Y Galán remató así su artículo: “¿Cuántos talentos se habrán quedado en el camino por tercas apreciaciones ajenas? ¿Cuánto bueno no se habrá hecho por errores de los intermediarios a lo largo de la historia del cine? En tiempos como los actuales, en los que la mediocridad parece haberse adueñado de la vida pública, da vértigo pensarlo”. Y tanto. Acojona más que nunca. Escrito el sábado 9 de abril de 2011.

lunes, abril 18, 2011

Platillos volantes

Unas birras con un colega que colabora en un periódico progre. En todos los baretos de su barrio nos obligan a dejar las birras en la barra para ir a fumar. No se puede fumar dentro y fuera no se puede beber. Pero sí se puede fumar. Fuera hay mesas o barriles con ceniceros pero no puedes colocar vasos de cerveza y bebértelos. De locos. De auténticos dementes. Mi colega se cabrea, se pone tirante y se caga en la madre de la Ley Antitabaco. A dónde vamos a ir a parar, con la que está cayendo, prohibido prohibir, nosotros corríamos frete a los grises. Pasa el tiempo. Suben los vapores etílicos y el calor de la tertulia. Del cine pasamos a la conversación política. Discutimos. Cuando aparece el nombre de Leire Pajín va el colega y me suelta: “Mira, pues a mí Leire Pajín me cae bien”. Literal. Palabra por palabra. Me quedé muerto. Resulta que la ley que hace que mi colega se ponga furioso no es responsabilidad de Leire Pajín sino de unos extraterrestres que han llegado a España y han impuesto la ley desde sus platillos volantes. Es extraordinaria la capacidad de algunos para desligar una realidad (que daña clamorosamente su intimidad día a día) de su ideología.

jueves, abril 14, 2011

‘Así se hacen las películas’, de Sidney Lumet

Texto reeditado. David Mamet tenía razón al afirmar que el libro ‘Así se hacen las películas’, de Sidney Lumet, “es como sus películas: franco, justo, con ritmo y muy, muy elegante. Todo el que esté, de verdad, interesado en el cine debería leerlo”. Atención al prefacio: “En una ocasión le pregunté a Akira Kurosawa por qué se decidió por un determinado encuadre en un plano de Ran. Me respondió que si hubiera girado la cámara un poquito más a la izquierda, una fábrica de Sony habría entrado en cuadro; y si la hubiera girado otro poquitín a la derecha, nos habríamos topado con el aeropuerto; ni una ni otro se correspondían con una película de época”. La autoría: “Hace unos años me invitaron a una retrospectiva de mis películas a la Cinématèque de París. Muchos directores franceses se quejaban de la falta de escritores. Señalé del modo más amable que pude que quizá la culpa fuera de ellos. Por culpa de la estupidez del ‘auteur’, que convierte al director en todopoderoso, la mayoría de los escritores que practican el autorrespeto evitan involucrarse en una película”. El equipo: “Sean Connery vino una vez al ensayo después de haber estado con Ann Roth haciendo pruebas de vestuario. Parecía contento. Le pregunté cómo había ido la cosa. ‘Ann es alucinante’, dijo. ‘Ahora me ha dado al fin el personaje entero’. Es el mejor cumplido que puede pronunciar un actor. Equivale a decir: Todos estamos en la misma película”. Y la despedida, dedicada a los futuros directores: “Mi trabajo consiste en preocuparme y responder de cada fotograma. Sé que en todo el mundo hay gente joven que, con los préstamos de la familia y sus propios ahorros, se compran su primera cámara y hacen sus primeros pinitos mientras sueñan con hacerse famosos y ganar una fortuna. De esos, unos pocos sueñan en descubrir QUÉ LES IMPORTA a ellos, QUÉ QUIEREN DECIRSE a sí mismos y a quien les quiera escuchar. Se preocupan. Y de entre éstos, unos pocos quieren hacer buenas películas”. Gracias, maestro.

miércoles, abril 13, 2011

Democracia hasta cierto punto

En un país democrático no ocurre lo que ocurre aquí con el PPSOE, que prohíbe a los medios grabar sus mítines con sus cámaras. Las imágenes que vemos en la tele son imágenes que PPSOE provee. Pura publicidad, pura propaganda, pura basura. Un país no puede ser “un poco democrático” o “democrático hasta cierto punto”, como pretenden estos cerdos que sea mi país. Una democracia, entre otras cosas, se diferencia de un estado totalitario en que su prensa es libre y decide hablar de lo que le dé la gana, cubrir los actos políticos que quiera y seguir la pista a los candidatos que le interesen, le gusten o le parezcan relevantes. El periodismo se diferencia así de la propaganda o del servicio a un partido o a un Estado, que jamás debería intervenir en la agenda periodística y en la libertad de expresión. Como en la democracia, tampoco hay libertad de expresión “hasta cierto punto”, que es lo que pretenden los podridos del PPSOE. En este país, tan pobre en lo moral y en lo económico, el duopolio bipartidista ha tirado de dictamen del Consejo de Estado sobre la reforma de la Ley Electoral y ha optado por que, preferentemente, se hable de ellos y nada de otros. Así, han obligado a la Junta Electoral Central a que exija también a las cadenas privadas seguir el mismo criterio que las públicas en la información electoral. Es decir: repartir el tiempo de “información” en proporción a la representación. Atención a la jugada, atención al robo democrático: está prohibido informar de partidos que en las anteriores elecciones no presentaron candidaturas. El interés informativo se la suda, como la libertad de expresión. En este sentido, Manuel Hernández se hacía unas acertadísimas preguntas: “Si el Congreso puede dictar a las televisiones el tiempo que dedican a cada partido y los partidos pueden dictar qué imágenes emiten, ¿por qué no también a las emisoras de radio y los diarios en papel? Y, ya puestos, ¿por qué no a los medios digitales, a esa Internet a la que parecen temer más que a un nublado?”. Que le teman. Que le teman y mucho. Que se les pongan de corbata por el incontrolable internet. Creo que en mayo algo va a empezar a pasar gracias a internet. En tres palabras: NO LES VOTES. Escrito la noche del 12 de abril de 2011.

lunes, abril 11, 2011

Guillotina

Pasaron a la corte de Versalles por la guillotina por sus excesos. Mientras el pueblo pasaba hambre, los nobles despilfarraban y sus grandes cocineros inventaban platos y competían en excentricidades, giros y espectaculares presentaciones, siempre en busca del más difícil todavía en la cocina de la corte. Hoy los herederos de esos cocineros de la élite adaptan platos conocidos por todos a su “estilo” y practican la deconstrucción, palabro que un catalán sinvergüenza copió del lenguaje del arte. En el BOE del 31 de octubre del 2009 puede leerse una subvención a una sociedad vasca de gastronomía de 7.000.000 de euros. Los cocineros agraciados con el dinero de todos nuestros impuestos son Arzac, Arguiñano, Subijana y Berasategui, gente muy necesitada de ayudas. Qué gran invento la guillotina, qué pena que se retirase.

sábado, abril 09, 2011

Adiós Sidney Lumet

Ha muerto a los 86 años por un linfoma. Incomprensiblemente, este hombre de mirada despierta y verbo fluido nunca fue considerado como un autor a la altura de autores consagrados por los festivales, la academia de Hollywood o la crítica, pero dio al cine mundial auténticas obras maestras. Más que muchos de esos consagrados. Nunca, salvo raras excepciones, se ha demostrado especial interés en los estudios de las revistas críticas por su figura en contraste con reliquias intocables. No daré nombres, hoy es día de luto, no de riña. Aunque la merece. Existe un peligroso sambenito que sufren los realizadores que no gozan del de “autor” y es el de “artesano”, escrito en minúsculas y dicho con retintín. Lumet, se ha escrito, era mayormente “un director de encargo” que casi nunca escribió los guiones de sus films. Frente a semejante simpleza, debería revisarse, con seriedad y una lupa, su filmografía. Lumet tuvo el talento de ir en busca de otro talento: el de los escritores de sus historias. Ellos estarán siempre ahí para aclarar lo que supone para el cine su figura. Tennessee Williams adaptó su obra The Fugitive Kind, Arthur Miller escribió el libreto de Vu du pont, Eugene O'Neill lo hizo con Long Day´s Journey, Gore Vidal, en Last of the Mobile Hot Shots, adaptó a Williams, Paddy Chayefsky le entregó el guión de Network, Peter Shaffer (autor de Amadeus) adaptó para él su Equus, E. L. Doctorow adaptó también su novela Daniel, David Mamet escribió Veredicto Final... Lumet pasó de la pose de autor y supo para quién y dónde trabajaba. Para que sus films llegasen a buen puerto supo que necesitaba buenos intérpretes y mejores guionistas. Esta es la base fundamental e intocable, se diga lo que se diga, de una película norteamericana o de Burundi. Lumet fue un director con un poderío visual impresionante, con brío, con verdad y poesía en sus imágenes. Pocos como él han retratado con idéntico acierto a los perdedores y a los amos, contados directores han chupado acera y han reflejado la calle como él. Doce hombres sin piedad, La colina, La ofensa, Serpico, Tarde de perros, Network, Veredicto final y Antes que el diablo sepa que has muerto (menudo testamento) quedarán para siempre entre mis cintas de obligada revisión. Lumet nos ha dejado y la pérdida es enorme. Post relacionado: ASÍ SE HACEN LAS PELÍCULAS

miércoles, abril 06, 2011

Las tres páginas

He vuelto a ver en la tele a Luis Racionero. Su vida es un pifostio. De joven fue de Acción Católica, en Berkeley convivió con hippies y conoció el droguerío, fue director de la Biblioteca Nacional, ha escrito para El País, La Vanguardia o Ajoblanco y es amigote de Antonio Escohotado. Su obra más famosa es la primera (‘Filosofías del underground’) y en su libro de memorias ‘Sobrevivir a un gran amor seis veces’ describe su caótica vida marital. Racionero ha llegado a la serena conclusión de que vivir solo es algo grandioso y que hay que saber enseñar a la gente desde pequeños a poder vivir solitos como una opción recomendadísima. Pero lo que más me gustó de su intervención televisiva no tiene que ver con el pim pam pum afectivo sino con la literatura. Contó Racionero que él empezó escribiendo en su tiempo libre, cuando se lo permitía el trabajo. En casa escribía algunas horas y el resultado de esa sesión eran tres páginas. Casi siempre tres. No más. Casi nunca más de tres. Y me quedé sorprendido porque a mí me sucede lo mismo. Cuando Racionero por fin decidió dejar su trabajo y dedicarse a la escritura, se levantó por la mañana, se puso un café y empezó a escribir. Tenía todo el día. Después de un paseo, algo de radio o tele, algún recado, la prensa, la comida y la cena descubrió que daba lo mismo el horario. Su cerebro sólo daba para esas tres páginas. Y lo curioso es que, hombre de mundo y círculos literarios, otros muchos escritores le han confesado que les sucede algo muy parecido. ¿Será posible? Escrito el domingo 28 de marzo de 2011.