La mejor imagen que nos ha dado la Copa de Confederaciones no es un gol de Torres, sino ver el brazalete verde que jugadores de la selección de Irán se colocaron para apoyar a los compatriotas que se están enfrentando al gobierno de ese hijo de la gran puta llamado Mahmud.Hay que tenerlos cuadrados sabiendo que estos tipos van a tener que volver a su país. Y en Irán, en este momento, se está desinfectando a la prensa para que no haya testigos de lo que se avecina. Lo de siempre.
Hace unos días me metía en este blog contra el jodido Youtube. Gracias a él estamos viendo lo que esa gentuza hace con su pueblo y no puede ocultar ante los móviles con cámara incorporada que no existían en Tiananmen. Hemos pasado de leer sobre un atropello -ante el que nada haremos- a verlo, toda una “evolución” en la democrática era de la información. Glorioso.
Viendo el coraje de la selección iraní, recuerdo el coraje de Marjane Satrapi, autora del cómic (me niego a usar esa cursilada de la “novela gráfica”) Persépolis. Ella y otros colegas han pedido apoyo ante el pucherazo de los criminales que gobiernan su país, pero no van a lograr nada.
¿Dónde están nuestros rojelios? ¿Dónde están los que se van de camping solidario al Sahara? ¿Dónde Zerolo, que no protesta con la misma energía que proyecta contra la iglesia ante un país que CUELGA a los homosexuales? ¿Dónde Bibiana Aído ante un país que reprime bestialmente a las mujeres por el hecho de serlo? ¿Dónde el ministro de exteriores Moratinos, que ha tenido la cara dura de decir que espera que en Irán se cumpla “lo que el pueblo decida”? ¿Dónde la “alianza de civilizaciones” de Zapatero, nuestro líder planetario? ¿Dónde está Europa? ¿Dónde Obama?
Si el único terreno que tienen los iraníes para llamar la atención del mundo es uno de juego están bien jodidos.
Escrito la noche del miércoles 17 de junio de 2009.
















Siempre ha habido ayudas al cine, pero las de las televisiones no se implantaron por ley hasta 1999. Pronto se vieron los frutos: de producir 65 títulos en 1998 a 106 en 2001. Pero el incremento de títulos no repercutió en el taquillaje. Hoy, pese al aumento de la población en cinco millones, hay cuatro millones menos de espectadores y 108 películas más, una sinrazón. Otra, 


Y es entonces cuando me viene el tufo de un Reverte que se ve a sí mismo como un escritor sin tacha, insobornable y fiel a sus sólidos principios, y me da un poco de grima. Yo, que tengo algunos años, no olvido la telebasura y la radiobasura que protagonizó Reverte (él mismo lo reconoció), y tampoco olvido, al leer sus ingeniosos artículos, que como novelista es anodino. Opino lo que él opina de Umbral (“Como novelista era inexistente”), aunque ya le gustaría al papá de esa cosa llamada La tabla de Flandes parecerse al autor de Las ninfas.







Nos quejamos de la falta de talentos y de la falta de talento de los que deben descubrir talentos, pero poco se habla del público. Poco se estudia la importancia que tiene para las decisiones empresariales esas 

En un discreto estreno de Otra mujer, en 1987, Woody se sienta con la gente en el patio de butacas, entre ellos setenta y cinco técnicos del film. Woody los señala y dice: “Hay más gente aquí de la que verá la película”. Es una anécdota real. Hay pocos artistas como él, pocos que se estrujen tanto la cabeza para saber si su historia gustará y que, paradójicamente, piense menos en el público.
Es un currante del cine a película por año, no para nunca. De hecho, desde que empezó no ha parado jamás, ni en los momentos más duros, como aquel escandaloso y mediático divorcio con Mia Farrow. Woody se mantiene siempre ocupado: tiene sobre la mesa ideas para rodar un film en Barcelona, otro en París, otro en Nueva York y otro en Londres. Si no se da un rápido OK a alguno de los guiones, puede escribir una obra teatral, un artículo para The New Yorker o sus memorias, que no las descarta. Lo de escribir novela sí, no se cree válido: “La literatura es algo ajeno a mí”.