lunes, noviembre 15, 2010

Adiós, Mister Cagada (I)

‘Bienvenido Mister Cagada’, caóticas memorias de un octogenario pero todavía lúcido Luis García Berlanga, fueron editadas por Jesús Franco y publicadas por Aguilar. Su título hace referencia al apodo que se ganó Berlanga en el rodaje de Bienvenido Mister Marshall. En él siempre acababa las tomas al grito de “¡Menuda cagada!”.

Y caóticas desde luego, son. Aunque el libro siga una estructura más o menos cronológica, Berlanga desgranó con anarquía toda su vida cinematográfica y buena parte de su vida personal. Entre lo más berlanguiano, destaca el recordar que luchó en el bando republicano y en el nacional (con la División Azul en Rusia), algo que exploraría en La vaquilla, reflejo de su eterna indefinición en un país de sectas, bandos y definiciones. “Bardem me llamó siempre el señorito monárquico, después fui fascista, pornógrafo porque me apasionaba el erotismo y escapista porque no me creo las monsergas oficiales”.

Sobre sus “hazañas bélicas” en Rusia, el director recordó una noche en la que se acercó a una letrina en un apretón: “Conseguí bajarme los pantalones, a pesar del frío, y acercar el culo a uno de los agujeros. De repente, sentí un pinchazo terrible en las posaderas. Di un salto hacia atrás, gritando aterrorizado. Sin duda se trataba de la bayoneta enemiga de un ruso agazapado en la letrina. Pronto respiré, aliviado. Era simplemente nuestra mierda, que, al helarse, había formado una estalactita puntiaguda y amenazadora”.

No se puede empezar de una manera más “a la Berlanga” un libro sobre un tipo que tomó la “estúpida” decisión de meterse en el cine tras ver El Quijote de Pabst y porque el pequeño mundo de los humanos le parecía horrible. Tampoco sabía o quería hacer otra cosa. Y eso que para él hacer cine en España era (entonces y hoy) casi suicida. Sobre su país fue muy duro. Compartí totalmente sus palabras: “España es un país maldito porque la gente no tiene ningún sentido cívico, de pertenecer a una colectividad, para intentar lo mejor para todos. Lo que prima es la ley del “estás conmigo o estás contra mí. Y eso es absolutamente nefasto. En las democracias de verdad, el cambio de un ministro o de un director general no implica que se eche a la calle a todo el mundo y que el nuevo personaje que entra en escena vuelva a nombrar a todos los que trabajan con él. No es serio”.

Uno de los problemas endémicos que señaló en sus memorias es el arribismo y la implicación del poder en los asuntos cinematográficos. De hecho, Berlanga siempre fue un defensor del cine español como industria y no como cultura subvencionada. Su gran proyecto final no fue un film-testamento, sino los estudios cinematográficos Cuidad de la luz, que se han levantado en Alicante gracias al apoyo inicial del gobierno del PP y la Generalitat Valenciana. No es extraño que a muchos les descolocase la contradicción de Berlanga, que mientras se declaraba anarquista y vago, fue el impulsor de proyectos tan ambiciosos como los citados estudios o la fundamental Filmoteca Española.

SEGUNDA PARTE.

TERCERA Y ÚLTIMA PARTE.