lunes, julio 11, 2005

MIRANDO A LA PARED CON HITCHCOCK

La semana pasada nos dejó uno de los guionistas más respetados e ingeniosos del Hollywood de mediados del siglo XX: Ernest Lehman.
Tras curtirse en radionovelas, artículos cotillas y publicidad para Broadway, Paramount fue la primera en darse cuenta de su potencial y le contrató con un cheque de muchos ceros para alguien aun muy joven. Más tarde, en 1954, aceptó una oferta de la Metro.

La primera vez que supe un poco más de lo común sobre él fue cuando devoré apasionadamente el libro “Nuevas aventuras de un guionista en Hollywood”, de William Goldman. En él, Goldman, siempre irónico, explica la relación entre Lehman y Hitchcock, maestro que el guionista conoció gracias al compositor Bernard Herrmann.

Imagínense el escenario: Hotel céntrico de Los Ángeles. Interior Día. Alfred y Ernest hablan sobre el nuevo proyecto del maestro del suspense. La mitad del guión ya está escrita, pero queda mucho camino aun. A continuación las palabras reales -más o menos como fueron pronunciadas- que Goldman reproduce en su libro:

“Hitch: Siempre he querido hacer una persecución por la cara del monte Rushmore. ¿Y sabes también lo que siempre he querido rodar?
Ernest: ¿El qué?
H: Una escena en la que un hombre está solo. Totalmente solo. Apuntes donde apuntes la cámara, trescientos sesenta grados a su alrededor, nada. Y luego los malos intentan matarlo.
E: ¿Cómo?
H: Con un tornado.
E (sufriendo): Hitch, ¿cómo consigues que un tornado lo mate en ese momento?
Hitchcock refunfuña algo, se queda callado. Lehman también. Más silencio. Estaban acostumbrados a eso. Se quedaban sentados durante aquellos silencios increíblemente largos, mirando a la pared. Luego Ernest dice:
E: Quizás un avión, un avión fumigador”.

Así se gestó una de las secuencias más legendarias e icónicas del cine, con lo tremendamente difícil que debe ser lograrlo. Goldman, eso sí, no puede evitar rematar el relato con uno de sus venenosos dardos: “La próxima vez que algún profesor frustrado saque algún libro explicando con todo detalle el uso simbólico del catolicismo que hace Hitchcock en la escena del fumigador, no se les ocurra comprarlo. Pero podrían leer el glosario. Apuesto a que el nombre de Ernie Lehman no aparece por ninguna parte”.

¡Qué gran verdad! El propio Lehman explicó la infravaloración de su oficio y quién mandaba de verdad, tuviese quien tuviese las ideas fundamentales: “Supongo que Hitchcock se sintió seguro conmigo porque pensó que no era una amenaza; con él uno sólo podía adoptar el papel de Siéntate a los pies del amo". Servidumbres aparte, el viejo Ernie fue un guionista tan riguroso que llegó nada menos que a escalar el monte Rushmore antes de escribir para saber lo que debían sentir sus personajes.

Años más tarde, Ernest volvió a trabajar con Alfred en La trama (1974), pero ya no miraron la pared con los resultados de los tiempos dorados. Así lo explicó el propio Lehman: "Habíamos creado Con la muerte en los talones, de modo que podíamos hacerlo de nuevo. Sin embargo, antes de que pasara mucho tiempo me di cuenta de que la relación era completamente distinta. Habían pasado muchos años y los dos éramos otras personas. Hitch era lento, testarudo y apenas le quedaba nada de su antiguo nervio. Malgastamos mucho tiempo los dos".

Pero Lehman no sólo fue guionista de Hitchcock aunque eso sea lo que se ha subrayado en su obituario. Ahí están para demostrarlo los libretos de Sabrina, El rey y yo, West Side Story, Sonrisas y lágrimas, Chantaje en Broadway o esa joya y proyecto personal que fue ¿Quién teme a Virginia Woolf?, de la que también fue productor.

Aunque nunca alcanzó la fama y la calidad de guionistas-dioses como Ben Hecth, Nunnanly Johnson o I.A.L. Diamond, Lehman dio lustre al duro y nada agradecido oficio del guionista. Estas, sin ir más lejos, fueron sus palabras cuando le dieron un merecido Oscar honorífico: "Acepto este honor en homenaje a todos los guionistas de Hollywood, que tantas veces hemos sufrido el anonimato". Por usted y por todos ellos, thanks, Mr. Lehman.

3 comentarios:

fridwulfa dijo...

Bueno, la calidad la alcanzó... tú mira el listado de sus guiones...
Amos anda!!!

IVÁN REGUERA dijo...

No señorita, la de los que he citado me vas a perdonar pero NO. Que tampoco es decir nada malo...
Y Hello Dolly es un truño. Jajjajaja.

fridwulfa dijo...

Y bueno... un tropezón en la vida cualquiera da.