jueves, mayo 28, 2009

Tennessee Williams, ser escritor

Uno de los más grandes dramaturgos norteamericanos, un talento incuestionable… y resulta que se pasa la mitad de sus memorias hablando de sexo y de los tíos a los que se tiró. Y, encima, algunas de esas páginas huelen a batallita de gay de la tercera edad. En sus primeras páginas, las memorias de Williams cabrean, porque aunque todos somos algo morbosos, uno espera leer reflexiones sobre la escritura, el teatro, el método, sobre Marlon Brando, Paul Newman, Elia Kazan… y no lo cuenta. O cuenta poco.

Se explica así el autor: “¿Por qué me resisto a hablar de mis piezas de teatro? Considero que mis obras hablan por sí mismas, cosa que no ocurre con mi vida. Y que ésta es suficientemente interesante, en su perpetua lucha contra la locura, para que valga la pena trasladarla al papel. (...) Siento tener que dedicar tanto espacio a mis actividades amatorias, pero ocurre que empecé a vivir con retraso, de modo que cuando me lancé fue con un estampido de mil demonios”.

Habrá que creerle, aunque fiándose de otros (de su ex amigo Gore Vidal, por ejemplo) hay que tomar todo lo que dice el creador de la histérica Blanche Dubois, su alter ego, con comedida distancia. Lograda esa distancia, uno empieza a disfrutar con el personaje, pocas veces con la persona. Como tantos otros grandes creadores, Williams fue un hombre de enorme talento, pero que dejó mucho que desear como persona. Él mismo lo reconoce: “Conocerme es no quererme, en el mejor de los casos es tolerarme”. Imaginen el percal.

Contaba Brando en sus memorias que Williams estaba loco por sus huesos y que siempre le mandaba obras escritas sólo para él. Williams en las suyas no habla demasiado de Marlon, pero sí de su belleza y la revolución que supuso para las tablas en los cuarenta. Su lectura de Un tranvía llamado deseo aún se recuerda como uno de los hitos del teatro norteamericano. Tras su estreno, Williams fue invitado a la casa del pomposo Thorton Wilder. Wilder se acercó a Williams y le dijo, de manera cursi y académica, que la premisa de la obra era errónea, ya que ninguna señora como Stella aceptaría en forma alguna casarse con un ser tan plebeyo como Stanley. Williams, según confiesa, pensó: “A este tipo no le han dado un buen revolcón en toda su vida”...

Su niña bonita, su trabajo favorito, y también el mío como espectador o lector, es 'La gata sobre el tejado de zinc caliente'. Aunque cuando le preguntaban cuál era su obra favorita siempre contestaba “la última”, Williams reconoce que prefiere “la versión publicada de La gata”. Es decir: la que habla de homosexualidad sin tapujos, la que no fue adulterada en su final, como ocurre con el magistral pero no redondo film de Richard Brooks.

¿Qué es ser escritor para Tennessee Williams? Desde luego lo que tiene que ver con su lucha por escribir siempre lo que quiso, a pesar de sufrir sonoros fracasos comerciales, brutales ataques de la crítica y el desprecio del público. Dice Williams: “Yo diría que ser escritor es ser libre. Ya sé que hay escritores que no son libres, que trabajan asalariados, lo cual es una cosa muy distinta. Es posible que profesionalmente sean mejores escritores, tomando lo de mejor en su sentido convencional. Están al tanto de las exigencias de los éxitos comerciales y satisfacen a sus editores, y es de suponer que también a su público. Pero no son libres, y por tanto no son lo que yo considero un auténtico escritor. Si uno no puede ser uno mismo, ¿qué sentido tiene ser nada en absoluto?”.

Escrito el viernes 15 de mayo de 2009.