martes, mayo 11, 2010

La desaparición de la infancia

Carlos Pumares me dijo una vez que el programa ideal para un pedófilo es Lluvia de estrellas, donde niñas de cinco años aparecen vestidas y maquilladas como zorras baratas. La más devastadora amenaza para los niños son los mayores, que aplican sus modelos a los críos a una edad cada vez más temprana. Es casi inevitable que una adolescente vea y admire en la MTV a una cantante de veinte años que se comporta como una “rebelde” sexuada y promiscua, pero ¿una niña?

No sé si será porque últimamente mis amigos se están embarazando, pero veo amenazas por todas partes. Hace unos días me lo comentaba NAPALM: cuando Chicho presentaba sus Terrores favoritos mandaba a los niños a la cama. Y, literalmente, nos mandaban a la cama. Los odiados dos rombos tenían esa función. No nos dejaban ver ni Dallas, ¡imagínense la inocencia de esa generación de padres y programadores! Y no teníamos internet, ni consolas, ni móviles.

Hoy un televisor o un ordenador con internet en la habitación de un niño son cacharros peligrosísimos, igual que un niño con un móvil. Las posibilidades tecnológicas de pervertir a un infante son incontables. Acabo de leer un artículo de Adelina Pastor en el diario Diagonal titulado ‘Alicia perdida en el país de los mayores’. El texto concluye que en una sociedad hipersexualizada ha alcanzado con toda su artillería mediática a la infancia. Cita Pastor al sociólogo Neil Postman, que escribió el ensayo ‘La desaparición de la infancia’. En él proclamaba que estamos en el final de la infancia “tal y como se entendía hasta ahora –un periodo de preparación para la vida adulta en la que niños y niñas son protegidos de realidades ‘inapropiadas’, como el sexo o la violencia– porque los medios de comunicación, y sobre todo la televisión, hacen accesible estos temas a todas las edades”.

Podemos unir a este diagnóstico a esas niñas que pronto tienen que mostrar su disponibilidad sexual y a esos niños presionados por tener que cumplir sexualmente como campeones olímpicos. O a un gobierno (personificado en el Ministerio de Igualdad) que promueve una precocidad sexual tercermundista. O la falta del principio de autoridad paterna o materna, padres y madres chiflados que van de “amigos de sus hijos”, que compran en el mercado el cariño de sus niños. La desaparición de la infancia.
Esctiro el domingo 9 de mayo de 2010.

5 comentarios:

trilceunlugar dijo...

Me ha gustado mucho tu entrada Ivan.
Estoy totalmente de acuerdo.
Muchos besos

Explorador dijo...

Mraco Aurelio tiene un aforismo eterno, "los hombres han nacido los unos para los otros. Edúcalos o padéceles". Pues eso. Este es el mundo futuro que estamos construyendo...y que acabaremos sufriendo...y no sólo por este tema de que desde los 5 hasta los 85 años uno tenga que ser un joven e ir de buen rollo y ser guay. En fin...buena entrada :)

Juan Antonio dijo...

Esta es la historia de nuestro país, donde pasamos de un extremo a otro. En el franquismo los profesores a la mínima te atizaban, y ahora son los alumnos los que atizan a los profesores, respecto al sexo, en el franquismo estaba mitificado, nada hasta el matrimonio, ahora totalmente desmitificado, chicas de 14 años preñadas....y así puedo seguir hasta la eternidad. Hay un punto intermedio donde estaría bien situarnos.

especies dijo...

Me permito copiaros un párrafo de uno de mis lirbos preferidos de este año, Tres historias de santos, de Eduardo Mendoza:

"... Ella, a su vez, no se metía con nadie, y menos aún con sus hijos, porque en aquella época, tan represiva en muchos sentidos, los niños todavía no se habían convertido en objeto de análisis y en receptáculo de las proyecciones de los adultos, que se limitaban a fiscalizar la marcha de sus estudios y la estricta rectitud de su comportamiento, dejando el resto de su formación a los curas, a los amigos, a las putas o a quien se la quisiera dar."

Bosco dijo...

Yo creo que en una sociedad en la que el capitalismo radical está tan universalizado, la única amenaza que queda son los niños. Por eso desde bien pequeños se les va amaestrando para que cojan cánones consumistas. Me da angustia pensar cómo podríamos educar bien a un niño sin que se sienta un bicho raro. ¿quitarle la tele, la play, diciéndole que sus compañeros de clase con sus marcas e ídolos están engañados? Aterrador.