lunes, diciembre 31, 2007

TRÁNSITOS

Como cada año, tengo una tradición navideña a la que no puedo renunciar: ir a ver al amigo Javier Krahe al Café Central. El viernes pasado volví a disfrutar del talentazo del más grande letrista de este país. Fui, como también es tradición, con mi amigo NAPALM, con quien hace años publiqué su primer cancionero, una cuidada edición de la que siempre estaré muy orgulloso a pesar de las escasas ventas que logramos con ella. Normal en aquel Krahe.

Y digo aquel porque ya nos hubiese gustado a nosotros tener la prensa que ha conseguido su nuevo disco-libro, una estrategia comercial que nos ha dejado muy fríos y algo cabreados. El disco son sus nuevas canciones en directo, no tan redondas como en otros tiempos, y el libro una entrevista con una señora que se dice periodista y también desconocedora de la música de Javier en las primeras páginas del libro. Con dos ovarios.

Y eso duele, porque si había un interlocutor nada cómodo pero sí preparado para ese libro era mi amigo NAPALM, que ha recibido este “trabajo de encargo” como un insulto, una tomadura de pelo.

Después de la actuación, Javier se acercó a nosotros. Su nuevo disco, sus nuevas letras y su libro “de encargo” sobrevolaron incómodamente la conversación entre los tres. No sé cuándo, aunque sí sé por qué, brotó el tema de los ídolos, los referentes abandonados.

Empezamos por Woody Allen. “No os permito que os metáis con mi Woody”, impuso Javier. “Allen tiene que jubilarse”, dije yo. “Está acabado”, secundó NAPALM. Javier se tensó, pero sé que entendió por dónde íbamos. “Javier, hay momentos en los que tu referente pierde interés y lo que es peor: te das cuenta de que en el mundo de hoy ya no quedan referentes. Tus admirados músicos vivos no llegan a las metas creativas que antes les imponías, ya no hay cineastas que te exciten, ni escritores que te emocionen. Puede que sea el momento de dejar de admirarlos y recoger el relevo. Con dos cojones. Y a ver qué pasa”. “No me cabe duda. Es exactamente lo que tenéis que hacer”. Y me da que esas palabras, esa noche borracha y sincera, con esa sugestiva mirada del viejo Krahe, fueron muy importantes para los dos.

Es hora de tránsitos. De dejar de escribir tanto sobre el trabajo de los otros y dedicarnos a parir el nuestro. Nuevos y más personales, íntimos materiales, quién sabe si con la forma de esa novela que ahora escribo, con dibujos o con un guión que contenga los personajes y las imágenes que reclamamos y casi nunca encontramos en pantalla.

5 comentarios:

Awake at last dijo...

...que es justo lo que ellos hicieron en su momento, :-)

Feliz año.

Mks.

Israel Yojimbo Nava dijo...

Me alegra que alguien crea que el nuevo año va a ser cojonudo. Yo no he tenido tu privilegiada información :)

Este año mandé algún mensaje como "2+0+0+8=10, un año sobresaliente", pero la verdad aparte de esas previsiones que a muchos he escuchado, siento como mío el deseo de "hacer algo propio en vez de escribir tanto sobre los demás".

Creo que incluso lo hablamos cuando quedamos la última vez, empieza a ser algo repetitivo. Es decir, dejamos de ser un "Sé lo que hicisteis" para convertirnos en programa, ojalá que no del corazón :)

Un abrazo, Iván. Nos leemos.

Marta G.Brea dijo...

Pues eso Iván, quizá ya ha llegado la hora de "no soñar tu vida y vivir tus sueños". Da vértigo, pero siempre vale la pena. Yo te animo, y a Israel también, a que mostréis todo lo que tenéis que decir e inventar, que es mucho y muy bueno, y mucha gente estamos deseando verlo.

¡¡Feliz año!!

BSS

Gabacho armado dijo...

Pues eso, por ti, por mi, por todos nosotros. Manos a la obra!
Y matemos al padre.

Leo dijo...

-Father?
-Yes, son?
-I want to kill you

En fin, al final Jim Morrison tenía razón.xD

Javier Krahe es Dios, y Brassens su profeta. Es reconfortante saber de alguien "no de la familia" con quien Krahe esté dispuesto a tomarse unas copillas, porque el hombre ya parece estar de vuelta de todo, como bien puedo comprobar yo cada vez que voy a verle y alguien "recién llegado" al Universo Krahe trata siquiera de darle la enhorabuena por el concierto que acaba de hacer. Por nuestra parte semos asiduos, aunque para verle yo prefiero la Galileo. Cuestión de gustos.