miércoles, octubre 30, 2013

lunes, agosto 19, 2013

La cultura, ese invento del gobierno



Así tituló Rafael Sánchez Ferlosio un artículo en 1984. Un cuarto de siglo después, con la segunda victoria del PP, intelectuales ligados al PSOE  clamaron por que no desapareciera el Ministerio de Cultura (un rumor) porque para ellos el Estado siempre ha sido igual a industria cultural. En el fondo, en ese grito de alarma se escondía la necesidad de salvar un status quo diseñado por ellos mismos y amparado durante décadas.      

Un ensayo muy comentado en la red es el libro colectivo ‘CT o la Cultura de la Transición’ (2012). La CT es un término acuñado por Guillem Martínez para nombrar la cultura hegemónica en España en los últimos 35 años. Su tesis: en los setenta, el país vive la adhesión sin aristas de la izquierda al nuevo poder surgido de la transición, es testigo de la creación de un mundo cultural pautado, un tapón cultural que ha convertido a miles de artistas en marginales y a unos pocos en oficiales.

La relación es la siguiente: la cultura no se mete en política salvo para dar la razón al Estado y éste no se mete en cultura salvo para subvencionarla, premiarla y darle honores. El resto es lo problemático, lo marginal. Lo que está cerca de la CT (y sus festivales, museos, universidades, revistas, televisiones, emisoras, productoras o editoriales) es aceptado porque es DE LOS SUYOS. Lo que está lejos NO ES CULTURA, no hay que tomarlo EN SERIO.

Así, el Estado es el motor de la cultura, que es vertical y no horizontal. Así, la cultura forma parte del proyecto político del Estado o de los reyezuelos de las taifas autonómicas (véase las CT vasca, catalana, gallega, andaluza o valenciana, de las que casi nada se habla en el libro). El gusto cultural y lo culturalmente correcto lo decide el Estado, que genera una cultura servil. El éxito en España, como escribe Guillemo Zapata, es un mecanismo en el que las esferas de la empresa, la cultura, la política y los medios se entremezclan. Y se crean para ello lugares de éxito: portada de El País, película con todos los Goya, la gira musical del año…      

Este ensayo tiene muy pocos referentes porque pocos se han atrevido a indagar hasta la fecha en el asunto. Y ha sido o por miedo o por rechazo, porque muchos creerán que no hay tal CT. Puede que el mejor referente sea Sánchez Ferlosio, de los primeros en denunciar una cultura domada por el Estado. La desactivación de la cultura fue especialmente escandalosa en el referéndum de la OTAN, donde pocos intelectuales cuestionaron el bandazo ideológico de Felipe González, aquel presidente enrollado que invitaba a la bodeguilla a Umbral, a Miguel Ángel Aguilar, a Javier Pradera, a Coll, a Aute, a Teddy Bautista y a Ramoncín. Ellos fueron los cruzados de la CT y a ellos se les unieron Caro Baroja, Chillida, Antonio López, Semprún, Juan Cueto, Marsé, Goytisolo, Pombo, De Villena, Sancho Gracia, Panero…         

Fueron los años en los que a Javier Krahe, del que también se olvidan en el libro, le cortaron el micrófono EN DIRECTO mientras cantaba la canción anti-Felipe Cuervo Ingenuo. Tú actuar radicalmente, Tú detener por diez días, En negras comisarías, Donde mal trato es frecuente”. Pocos en esa época fueron tan osados y pocos como él fueron tan marginados. Loquillo sufrió algo análogo aunque menos feroz con Ojos vendados, un tema censurado que también denunciaba torturas en comisarías. España era una fiesta, y quien la aguara lo pagaba caro.    

Puede que hoy la globalización y la red (esa red que la Ley Sinde, que es pura CT, quiso amputar) estén logrando, poco a poco, que la cultura cambie de vertical a horizontal. Al menos lo deseo. Revistas, libros, discos o películas CT han dejado de venderse, de influir, de tener legitimidad. Puede que el capitalismo global se haya cargado la aberrante excepción española. 

No comparto todas sus tesis, pero ‘CT o la Cultura de la Transición’ es un libro que hay que leer. Es un trabajo demasiado ambicioso y pretencioso, pero necesario por lo que se plantea. Se equivoca en algunas salidas de tiesto (como comparar España con Corea del Norte) y en dar al 15 M una importancia que no tiene, pero el suyo es un debate que muchos echábamos en falta. Gracias. Escrito el sábado 17 de agosto de 2013.

viernes, agosto 09, 2013

A medianoche




En España no andamos muy sobraos de actores de raza. O a los veteranos los hemos perdido, o los hay pero sin suerte, sustituidos por actores mediocres, modelos, chistosos de la tele o famosillos de tercera.

Y entonces pasa. Muy de vez en cuando. Y vuelves a disfrutar de un animal sobre el escenario. Me ha pasado en A medianoche, que se presenta como “comedia romántica”, pero va más allá del cliché: es cañera, con un tono atrevido y descarnado, nada que ver con los lugares comunes de las comedietas vodevilescas o los musicales comerciales.

El trabajo que hace Iñaki Font (junto a Itziar Atienza, que en momentos hasta se desocojona viva ante las salidas de tiesto de Font) es realmente bueno. Hasta ahora solo había juzgado su trabajo en cine, y la verdad es que en un escenario el tío también impone. Tanto él como Atienza se pegan una considerable paliza, y son noventa minutos que no se hacen largos. Y lo logran sosteniendo solitos todo el andamiaje, respaldado por mínimos elementos de escenografía y algún efecto sonoro.

La cachondísima obra, un éxito del festival de Edimburgo, es la confesión personal de un escritor y músico frustrado que a los 35 años se siente acabado y de Helena, abogada matrimonialista igual de frustrada. Los dos narran al público, cara a cara, lo que les sucedió la noche en la que se conocieron y el resto de todo un disparatado fin de semana. Y no solo nos lo cuentan, también representan a personajes episódicos, y a veces ella hace de ellos y él de ellas.

Debo confesar que en los primeros minutos tuve la sensación de que todo ese bla, bla, bla, ese cara a cara, esa desnudez escenográfica, iba a ser insostenible durante hora y media, pero el resultado es pura diversión y también una buena dosis de melancolía. Y todo acompañado de canciones que Itziar e Iñaki, que no son cantantes, interpretan muy dignamente. Por verles, y sobre todo por alucinar con un actor con tremenda vis cómica, generoso y espontáneo, merece la pena A medianoche. Y dense vida, que están en el Maravillas hasta el 1 de septiembre.


domingo, julio 07, 2013

Estados de ánimo


Ir a la Cineteca del Matadero es toda una experiencia, mezcla de reunión pedante con unión ante la adversidad. En ese ambiente se palpa que el cine como lo conocimos se ha ido al carajo, pero también que no se va a dejar de hacer cine. Quién me iba a decir a mí, que fundé mi revistilla para cinéfilos y estudié con ilusión en la Escuela de cine, que vendrían tan mal dadas, que hasta la casta peliculera las pasaría putas.

Una de las películas que vi en el Matadero fue Los Ilusos, de Jonás Trueba, hijo de un miembro de la citada casta. La película no me disgustó a pesar de tener momentos ridículos y pedantorros, y no me desagradó porque de vuelta a casa pensé: este ocioso hijo de papá ha rodado lo que se le ha puesto de los cojones. Y encima ha logrado una peliculita honesta sobre la necesidad de hacer cine, sobre aburrirse (hay que tenerlos cuadrados) y sobre la amistad entre unos perdidos culturetillas.

También pensé que estamos asistiendo a la creación y proyección (donde les dejan) de estados de ánimo más que películas. De diarios personales, de anotaciones, de esbozos, de reflexiones libres y anárquicas, de ajustes de cuentas, más que de películas tradicionales.

Como ajuste de cuentas familiar es Carmina o Revienta, también proyectada en el Matadero. Una película ramplona, extraña, descojonante pero a la vez desagradable, privada pero a la vez tan española, sin un guión cerrado, dando rienda suelta a la improvisación de dos grandes actrices como la hermana y la mamá de Paco León, que rodó todo en menos de dos semanas y sin ninguna ayuda oficial. Claro que de pasta anda sobrado el amigo.

Las dos películas, y otras que están y que vendrán, son obras sin una tesis, sin una arquitectura de guión tradicional. Son estados de ánimo. Es cine hecho sin pensar demasiado o nada en el público, cine hecho por necesidad. Para ellos. Y este nuevo cine no sé si será realmente nuevo, pero sí que será tan extraño, idiota, valiente, raro, malo, único, patético, eterno y olvidable como un diario personal, una carta o un blog. Y entre todo ese cine inabarcable algún día saldrá también algo absolutamente genial. O eso deseo.

Como me recordaba David Yáñez Barroso, fue Chris Marker quien dijo que ya "poseemos los medios para una nueva forma de hacer cine íntima, solitaria. El proceso de hacer películas en comunión con uno mismo ahora no solo tiene que ser experimental”. Estas palabras tienen que ver con las películas como estados de ánimo.

El off cinema que se está gestando en España es un cine que tenemos que ver y hacer. Además de Los ilusos y de Carmina o revienta, vendrán otras mejores o peores y algunas acabarán fascinando a unos cuantos pocos ilusos que no queremos renunciar a sorprendernos. Escrito el 4 y 7 de julio de 2013.

viernes, mayo 17, 2013

Maupassant esencial




La primera vez que oí hablar de Guy de Maupassant fue por su relación con La dirigencia de John Ford, inspirada en su maravilloso relato Bola de sebo, mi favorito. El magistral guión obviaba el conflicto sexual y se centraba en el social. Años más tarde, y gracias al periodista Manuel Hidalgo, me animé a empezar con él, concretamente con sus relatos reunidos por Debolsillo en ‘Cuentos esenciales’. Ha merecido mucho la pena. Maupassant es un tipo brillante e imaginativo, un maestro del relato breve con una muy merecida fama.  

Me fascina su universalidad. Muchos de sus relatos, ambientados a finales del XIX, son hoy perfectamente adaptables al cine porque valen para cualquier época. La mediocridad del burgués o el funcionario, la brutalidad del campesino, el embuste religioso (a los curas los llama “violadores de almas”), la crueldad con los animales, los fantasmas, la muerte, la locura, la guerra, la amistad, el sexo, los celos o el amor lícito e ilegal (“El amor legal mira siempre por encima del hombro a su libre hermano”) son sus temas preferidos. 

Así describe, por ejemplo, a un burgués: “En vez de la distinción que no poseen, hacen gala de una dignidad fuera de lugar. Sus caras inquietas y tristes reflejaban también las preocupaciones domésticas, la continua necesidad de dinero, las antiguas esperanzas definitivamente defraudadas; pues todos pertenecían a ese ejército de pobres diablos agotados”.       

Así describe, por ejemplo, a un marido: “No era inteligente. Hablaba de un modo tajante, expresando pareceres que cortaban como cuchillos. Se notaba que su mente estaba llena de ideas preconcebidas. No dudaba nunca, tenía acerca de todo una opinión inmediata y limitada, sin vacilar nunca ni comprender que podría existir otra manera de ver las cosas”.      

Nervioso, demente, acosado por un pánico hereditario, Maupassant contrajo la sífilis, intentó suicidarse degollándose y murió finalmente en la clínica parisina de un tal Doctor Blanche. En uno de sus relatos dice: “El mundo está envejeciendo. Se comienza a ver claro, y la gente no se resigna. Hoy sucede con el destino lo mismo que con el gobierno; sabemos de qué se trata; comprobamos que se nos engaña por todas partes, y dejamos este mundo”.

miércoles, febrero 27, 2013

Veintidós palabras




¿Cómo hubiera sido el 23 F con Twitter o Facebook? ¿Y la renuncia de Suárez? ¿Y la OTAN “de entrada no”? ¿Y Filesa? ¿Y Roldán? Nunca lo sabremos, pero imagino que algo parecido a lo actual: un patio de vecinas, una sucesión de chistes, frases ingeniosas y fotomontajes chorras. Y ya, y a otra cosa al día o la semana siguiente. No me imagino a González, a Suárez, a Gutiérrez Mellado o a Fernández Miranda soltando soplapolleces por Twitter mientras escuchan a un contrincante en el congreso.

Toni Cantó sí es de esos juntacaracteres porque es un actor afectado que se ha pasado a la política. Como Reagan. Un político mediocre al que nuestra cámara de representantes no le queda grande porque está plagada de medianías como él. O como Gorriarán, compañero de Toni en UPyD y que puede despachar, en pleno curro, quince o veinticinco tweets. Y encima pobres y algunos faltones, vulgaridades de un hombre tremendamente vulgar.

Dicho esto, creo, y me incluyo, que nos hemos pasado cien pueblos con el pobre Toni. Y se han dicho de él auténticas barbaridades que no vienen a cuento. Sin medida, con saña, con esa cólera tan típicamente española. Y todo porque Toni es un político anodino porque no sabe respetar su cargo, ni los tiempos, ni el medio, ni el mensaje, ni nada. No se puede, porque es un disparate, resumir en veintidós palabras un tema tan grave como el de la llamada violencia de género o doméstica. Si Toni no fuese un insensato, hubiese recordado con más palabras y caracteres lo que sencillamente reza el programa de su partido en su punto 301: “Supresión de los juzgados especializados en violencia de género como tales, devolviendo al ámbito de la jurisdicción civil y penal estos asuntos y aprovechando la existencia de dichos juzgados y los medios personales y materiales con que cuentan para reforzar las necesidades de la planta judicial”. A mí me parece muy atinado. ¿Por qué no empezó por ahí y luego lo desarrolló?

Y explicas, con tiempo, calma y datos, que la violencia no es cuestión de géneros, sino violencia A SECAS. O que la Ley de Violencia de Género es un desbarro políticamente correcto, la típica perogrullada sociata. Podría Toni haber recordado que con esta ley quien tiene que demostrar que no es culpable es EL PROPIO ACUSADO.  Podría Toni haber hablado de las mujeres maltratadoras a las que, por ridículos orgullos machistas, los hombres no denuncian. Que existen denuncias falsas, que a muchísimos padres se les aparta de sus hijos por el vergonzoso trato de favor hacia las madres en los divorcios. Que sigue habiendo miles de hombres a los que les quitan la custodia de los niños por ser hombres.

Podría Toni haber escrito sobre eufemismos legales como la "insuficiencia probatoria" o sobre partes de lesiones sin lesiones, o sobre tíos que han pasado la noche en calabozos por burdas mentiras. Sería lo suyo, porque el tema lo merece. Y hacerlo con calma, con vehemencia, con datos, con información, con asesores, con consejeros… ¡Que es usted un diputado del Congreso, buen hombre!

Pero no, Toni se limitó a las absurdas reglas de Twitter y lo resumió todo en veintidós palabras. Y así le va. A él y, en consecuencia, a su partido.

Nota: gracias a mis amigos de Facebook (qué paradoja) por sus aportaciones. Escrito la noche del martes 26 de febrero de 2013. 

lunes, febrero 11, 2013

Blancanieves




El año pasado tuvimos que sufrir una cursilería llamada The Artist, película que padecía el mismo vicio de Blancanieves: ser un mero ejercicio formal. Con una dirección, una fotografía y un montaje fabulosos, Pablo Berger ha hecho realidad un sueño: volver al vértigo de la mirada de los años veinte, jugar con las inmensas posibilidades visuales del cine mudo, descartar el color, poner cartones explicativos y permitir sobreactuar a los actores. Por cierto, Maribel Verdú es mala hasta haciendo cine mudo.

La propuesta me parece entretenida, pero Blancanieves está lejos de ser una película. Se le parece, pero es más un experimento formal, un juguete para progres. No le veo sentido volver a contar una narración archiconocida como la de los hermanos Grimm y, encima, hacerlo de forma tan fría, previsible y finalmente aburrida. No entiendo propuestas como The Artist o Blancanieves; es como si para ser un escritor original y postmodernísimo alguien publicase una novela en latín o en escritura cuneiforme.

Me resulta curioso que Blancanieves, que tiene la complejidad justa de un cuento infantil, sea tan bien aceptada por los modernos. Es otro ejemplo del cine actual: forma con escaso fondo, pura apariencia visual, cine para enterados, ideal para comentar en una terracita de Lavapiés. “¿Has visto Blancanieves? Ma-ra-vi-llo-sa”. 

Blancanieves es una artefacto intelectual sin alma y que va a caducar rápido, cuando se le pase la temporada de premios, igual que sucedió con The Artist. Porque te puede gustar, la película te puede incluso sugestionar durante un rato, pero es un film que no vas a volver a ver porque ningún personaje cala, le falta humanidad, y la historia no es de las que se recuerdan. Vamos, que no me imagino a nadie que no sea un gafapastas o un modernete volviendo a ver este cuento mudo y tan predecible.

miércoles, enero 16, 2013

MORTALIDAD

La gente, en nuestro mundo esterilizado, no tiene cáncer. La gente “sufre una devastadora enfermedad” o “LA enfermedad”. La palabra cáncer se reserva para hablar de hallazgos científicos, no para el día a día de las personas, no para una gran posibilidad final para muchos de nosotros. Lo negamos. Christopher Hitchens -periodista, escritor, discutidor, polemista y showman- murió recientemente de cáncer de esófago y decidió reflejar su experiencia en el libro Mortalidad.
 
El ensayo no es grandioso porque está escrito deprisa por un hombre enfermo, y lo que es peor: rabioso. En vez de entregarse con resignación y reflexión atea a lo inevitable, Hitchens se empeña en enfrentarse a los católicos furibundos que justifican su desgracia como un castigo de dios. ¿Para qué perder en ellos un tiempo que se te escapa? “Si me convierto será porque es preferible que muera un creyente a que lo haga un ateo” es una frase escrita por un hombre rabioso. Ingenioso, pero rabioso. Estaba en su derecho.
 
Hitchens, explicando la devastación física que supone su inútil pelea contra el cáncer, se muestra honesto en Mortalidad. Pero también vanidoso, hablando en pleno desahucio de sus días de “la gira de mi libro” o confesando que “participar en debates y dar conferencias forma parte de mi aliento vital”. En fin: se muestra como un hombre nada religioso (más bien antirreligioso) que ante la pregunta ¿Por qué yo? responde: ¿Por qué no? O que llega a una conclusión brutal: él no combate contra el cáncer, es el cáncer el que lucha contra él.
 
Me interesa el estilo de Hitchens, pero no entiendo muy bien la necesidad de defender con obstinación el ateísmo frente a los creyentes. Yo respeto a los seres religiosos (conozco a unos pocos) porque la base de su creencia es la fe, y ante la fe... ¿?
 
Uno, claro está, siempre debe hacerse preguntas y debe, como explica Hitchens, cuestionar las certezas religiosas. Por ejemplo que dios, que lo ha “creado” TODO, haya “creado” también el cáncer, que para sobrevivir necesita un organismo vivo… que debe matar. Todo lo que logra el cáncer es matar a su anfitrión. Nada más. Es decir: existe solo para matar el organismo donde vive. Muere con él. ¿Por qué, entonces, se “crea” algo tan mortífero, suicida y absurdo? Prefiero no saber lo que respondería a esta pregunta un creyente porque me da hasta miedo.
 
Lo más inquietante del libro, que en su tramo final está plagado de aforismos porque el escritor, moribundo, no da para más, es su última frase. Las últimas palabras escritas por Hitchens son: “Ninguna persona es libre”. Escrito el martes 15 de enero de 2013.

lunes, diciembre 31, 2012

Un septiembre


Esta foto la ha colgado mi amigo Pablo en un grupo de Facebook dedicado a mi vieja pandilla santoñesa. La instantánea está sacada poco antes de que yo fuese aceptado en el grupo. Yo era entonces un veraneante bilbaíno en tierras cántabras, un chaval que vestía como un viejo, un rarito que no conocía a nadie, que le gustaba Marlon Brando, que leía el periódico en el autobús y que solo bajaba al pueblo para ir a clases particulares, al mercadillo de libro antiguo en la Plaza de San Antonio y al cine. El pueblo tenía tres.

En aquellas clases particulares conocí a un tipo llamado Giuseppe, un genovés muy cara dura pero divertido. Él siempre me hablada de sus amigos, de su pandilla. Yo cada tarde regresaba a mi casa y fantaseaba entrando seguro y sonriente en los bares del pueblo con mi clan, con los míos. Cada tarde esperaba que Giuseppe me lo dijese: “Te los voy a presentar”. Cuando creía que el día nunca llegaría, un septiembre llegó. Y dijo las cinco palabras exactas: “Te los voy a presentar”.

Nos conocimos en un garito discotequero que ha cambiado de dueños y de nombres varias veces. De fondo se escuchaban españoladas, algo de Guns & Roses y temas de Technotronic, Chimo Bayo, The KLF y The Farm. Ya saben, toda es mierda. Saludé a todos con la mano, inseguro y expectante. Todo fue bien. Esa noche, no muy borracho pero apestando a tabaco, cerré con mucho cuidado la puerta de la casa de mis abuelos, donde dormía cuando me quedaba en el pueblo. Lo hice con una sonrisa deslumbrante. Tenía pandilla.

Después llegaron las carreras con las motos y ese genial pestazo a gasolina que se mezclaba con el olor a mar de la bahía. Y los recreativos, y las borracheras legendarias, y las fiestas salidas de madre, y las grabaciones chorras con mi cámara vídeo, y los discos compartidos, y los conciertos… Hoy muchos han desaparecido de mi vida y casi todos nos hemos separado, hemos elegido otros caminos, otros grupos, otra gente. Como todo el mundo, supongo. Pero todos podríamos ser los personajes de una bonita novela de amistad veraniega. Algún día se los voy a presentar. Escrito el domingo 30 de diciembre de 2012.

jueves, diciembre 27, 2012

Cine y Música de Salvat


Se han portado bien este año en mi cumple, y el de la foto es el regalo que me ha hecho más ilusión. Me lo ha regalado mi viejo, que tiene alma de fenicio y le encanta merodear en el rastrillo dominical de Santander, en el túnel de Pasaje de Peña, quince años ya animando las mañanas a santanderinos y visitantes. Mi padre trasteaba entre chatarra, libros amarillentos y ornamentos grimosos -algo que le vuelve loco- cuando descubrió estos vinilos que le sonaban de algo, de cuando yo era un crío, de mis primeras incursiones en el mundillo sountrack.

Ahí estaba, y en perfecto estado de conservación, más de la mitad de la colección Cine y Música de Salvat, que era cosa muy seria en aquellos ochenta de enciclopedias que hacían bulto en las salitas o de bergantines a montar por entregas que fenecían inacabados en habitaciones infantiles. Cine y Música se vendía con sus fascículos, que luego se encuadernaban y se convertían en otra enciclopedia para hacer bulto.

El que llevaba el puesto en el mercadillo no era un coleccionista habitual de ese lugar, sino un gitano que ni sabía lo que tenía, ni lo que podría costar ahora la colección. Y ahí entró mi padre el fenicio, que seguro se lo sacó por un precio de risa. Menudo es.

Vista ahora, parte de la colección resulta muy inocente, tiene una selección a veces acertadísima y otras veces infeliz, depende el disco. Pero lo mejor de Cine y Música de Salvat es que, salvo en rarísimas ocasiones, todos los temas son originales. También que fueron tremendamente pretenciosos, quisieron abarcarlo todo: lo mejor del cine musical, de terror, de gangsters, del oeste, del espacio, la música clásica en el cine, lo mejor de James Bond, lo mejor de Disney, Jesucristo en el cine… Y luego bandas sonoras enteras, como Carros de fuego, El último tango en parís, Psicosis, El mago de Oz, West Side Story...

Años más tarde de su estreno, ya en los noventa, Cine y Música tuvo su versión en CD, pero ya no era lo mismo, aunque tengo algunos de aquellos compactos que seguro también tendrá mi amigo NAPALM. Fueron los vinilos, entre ellos los de Cine y Música de Salvat, los que encendieron la vela de nuestra amistad, más bien un gran cirio. Perdonen la pedantería. Nos conocimos en clases particulares de latín, un verano, hace ya siglos. Yo no tenía ni zorra de aquella lengua cadáver, ni me apetecía saber nada. Nunca supe nada de latín, pero siempre aparecía en aquel piso donde dábamos clases con bandas sonoras debajo del brazo. Las compraba en Jorbi (Santoña) o en Drope (Santander), los dos comercios ya desaparecidos y los dos del mismo propietario: José Vidán.

Y, claro, NAPALM vio algo interesante en aquel tipo raro que se parecía a él. Era de esos raros que se ponía bandas sonoras en el cuarto hasta que su padre le gritaba para que estudiase algo o se durmiese, de los que escuchaba hasta altas hora de la madrugada a Pumares en la radio, de los que abandonaba a los amiguetes que andaban “de litros” porque a la una y veinte de la mañana echaban Pasión de los fuertes en La dos ¡y encima en versión original!

De ahí pasamos a los cafés, de los cafés a los vinos, de los vinos a los cubatas y de los cubatas a una amistad casablanquera. En cuanto le vea le voy a enseñar mis vinilos. Para que se pudra de envidia, más que nada. Ah, y que no se me olvide: Gracias, viejo. Escrito el miércoles 26 de diciembre de 2012.  

jueves, diciembre 20, 2012

CLAUDIA

El lunes pasado, con fiebre, me puse a ver uno de esos programas de telemierda. Jorge Julián Válmez, un hombre feo y bajito, con aspecto de mesonero de aldea pero embutido en ropajes amanerados, jugueteaba con los pelos del torso de su realizador. Eran dos ositos cuarentones, orgullosos de conocerse, entretenidos, hueros, contentos de estar completamente vacíos.

Jorge Julián, risueño y seguro de sí mismo, guiñó el ojo a su realizador y se dirigido a la zona del plató donde le esperaba una familia de cuatro miembros: una madre, un padre, un hijo adolescente y una niña, Claudia, recostada sobre una precaria silla de ruedas. La cría era horrible, espantosa. Tenía la cara completamente deformada y los pocos dientes que le quedaban eran un sin dios. Sus ojos parecían casi salidos de sus cuencas. La cría observaba el plató del programa Salvaguárdame nerviosa y entretenida. Excitada. Aunque ella no entendía que estaba en el cetro del mal, en el meollo de la más pura mendacidad, le entretenían todos aquellos focos, aquellos colores chillones, aquellas gradas con gente mayor, aquel fondo musical hortera.

Claudia había nacido con el cráneo deforme, por lo que su cerebro había sido seriamente dañado. No podría dormir tumbada como nosotros, lo hacía sentada, como John Merrick, el hombre elefante. Si Claudia se tumbaba sufría, se ahogaba. Podía morir. En realidad Claudia podría morir en cualquier momento. Por eso su expresión era tan brutal. Todo su cuerpo estaba rígido, comprimido. Claudia era un accidente. Toda una “criatura de dios”.

La familia buscaba dinero en el programa de Jorge Julián, que acaba de publicar su primera novela y está súper abierto a las causas de interés muy humano. Gracias a Jorge Julián la familia consiguió que los tapones de botella que han recolectado para ser reciclados en una fábrica sean trasladados gratuitamente. También lograron que el padre, que lleva cuatro años parado, pueda conseguir un curro. Y posiblemente una nueva silla de ruedas. Todo gracias a Jorge Julián.

No sé si fue la fiebre o las dos copas de vino que mezclé con el antibiótico, pero durante minutos, y llorando impotente, emocionado, flojo y muy ridículo, me sentí en la piel de Claudia. Y no sentí indignación por lo que veía. No sentí rabia por el uso infame de semejante tragedia familiar, no sentí asco por los que estaban detrás de todo eso, ni por la impúdica exposición de esa familia de pobres ignorantes, ni porque en mi país ese tipo de televisión fuese legal. No. Entré en Claudia, entré en aquellos colores chillones, en los focos, en las gradas, en la gente mayor, en aquel fondo musical. Era divertido, era entretenido, era estar vivo.

Y enseguida Jorge Julián despidió a Claudia y a su familia y se puso a hablar con una prostituta. Apagué la tele. Y apagué las luces. Escrito el 17 de diciembre de 2012

martes, noviembre 13, 2012

Shields me echó la bronca

El otro día, comiendo, Shields me echó la bronca. Shields es un crack y un amigo, una persona de mucha confianza y con el que muevo proyectos de tele y cine. Bueno, más bien los mueve él y yo los escribo. La conversación de la comida, regada con un buen Enate, derivó, y no sé muy bien por qué, en lo bien que me iría si mantuviese la boca cerrada de vez en cuando.

Shields me riñó porque he conseguido, y no le falta razón, que la gente me evite porque raramente me autoncensuro. Y lo que es peor para la supervivencia: no soy capaz de decir que algo que rechazo me ha gustado. Hace ya siglos aprendí el valor y el peligro de la franqueza. Su valor es evidente: con ella te sientes limpio. El peligro también es obvio: ten van a etiquetar, que es algo que le apasiona a la gente.

Así sucede casi siempre. La peña suelta el tan manido “dímelo con toda sinceridad” con una gratuidad que da verdadera grima. Son los mismos que ven a esos personajes de series o películas sin pelos en la lengua y brutalmente sinceros que les resultan MARAVILLOSOS… siempre que no les toque a ellos ser su víctima. Porque en ese caso los entierran.

Entiendo al pobre Shields porque en un mundo tan bestial como el cine o la tele hacerte enemigos por una sencilla y rápida opinión es suicida. Entiendo que se agarre un cabreo de cojones, porque hay que ser gilipollas, pero es que, miren ustedes, eso ya no tiene remedio, no se desaprende. Y aprenderlo me costó SANGRE.

¿Pero qué se puede esperar de un tipo que decidió acercarse en un libro al siempre franco Carlos Pumares? ¿Qué se puede esperar de un tipo que se inmola editorialmente porque nadie entendió el por qué de ese libro ni el por qué de ese personaje? Si ya me lo decía mi padre, que no aprendo.

miércoles, octubre 31, 2012

Una deferencia contra natura


Hace tiempo coincidí con mi hermano en que Philip Roth puede dar mucha pereza. Todo ese rollo del viejo verde, el judío intelectual en erección crepuscular, la decrepitud, la pitopausia y el cáncer puede llegar a cansar. Abrí El animal moribundo con todos esos prejuicios, pero la novela, corta y contundente, me ha gustado.

No es un relato con grandes pretensiones estilísticas y a veces divaga en materias ensayísticas, pero el libro te trinca y no te suelta por dos temas medulares: el sexo y la muerte, Eros y Tánatos. Eros está representado por la joven Consuelo Castillo y Tánatos por David Kepesh, crítico cultural acostumbrado a acostarse con alumnas y alter ego de Roth. Luego todo se mezcla.

Pero no son las honestas descripciones sexuales (a veces francamente desagradables) o las reflexiones sobre la vejez devastadora (tema recurrente en el anciano Roth) lo mejor de este librito. Cuando más he disfrutado es cuando Roth cuestiona, con la figura del hijo del protagonista como ejemplo, las relaciones de pareja. Como Roth, siempre he pensado que vivir sin tratos ni contratos no es antinatural. Nos han dicho que el maridaje perpetuo es lo normal y que lo antinatural es lo otro, la soledad, la intimidad. Y nos lo hemos tragado. Así, El animal moribundo es, entre otras cosas, una novela sobre un padre chingón y un hijo conservador a la fuerza, un retoño podado demasiado pronto por culpa de la apuesta de libertad sexual de su progenitor. El mundo al revés. Muy buena idea.      

Roth habla del INFANTILISMO DEL EMPAREJAMIENTO: “La vida familiar es infantil. La vida de pareja y la vida familiar hacen que aflore cuanto hay de infantil en cada uno de los involucrados. ¿Por qué en la misma cama una noche tras otra? ¿Por qué tienen que hablarse por teléfono cinco veces al día? ¿Por qué han de estar siempre juntos? La deferencia forzada es infantil. Una deferencia contra natura”.        

Y la libertad. Clave en la vida y obra de Roth. Él lo llama SOBERANÍA PERSONAL. Dice sobre su hijo: “Conozco todas las etiquetas admirables a las que uno puede recurrir cuando no afirma su soberanía. La dificultad es que debe ser admirable a cualquier precio. Vive temeroso de que la mujer le diga que no lo es. EGOISTA es la palabra que lo deja baldado. ERES UN CABRÓN EGOÍSTA. Ese juicio le aterra, y ello hace que sea el juicio que le rige”. No se la pierdan. Escrito el martes 30 de octubre de 2012.   

viernes, octubre 26, 2012

martes, octubre 02, 2012

El mando a distancia universal


Hace poco visité una ciudad. Da igual qué ciudad. Tenía sus turistas, sus hoteles, sus cafés, sus asesinos, sus santos, sus paritorios y sus tanatorios. Como todas. Era una ciudad de mayoría musulmana con su idioma, su bandera, sus jueces, sus cacos, sus policías y sus cárceles. Bebimos poco. A Alá no le va el bebercio. Pero bebimos. Cada noche llegaba machacado a la habitación del hotel por la pateada. Ya saben: mezquitas, mercadillos, bustos de señores ilustres y ridículos, museos, ánforas, lanzas, espadas… Ruinas. Y cada noche encendía la tele de la habitación, como hacen millones de turistas por todo el planeta. A la vez.

Al zapear, con el mando a distancia universal, pasando de canal en canal, descubrí algo desasosegante. Ese país tenía sus decenas de canales de televisión. Lo que vi en esos canales no tenía nada que ver con una forma de hacer televisión única, propia, intrínseca del país. Todos esos canales eran IDÉNTICOS a los que sufro en casa, en mi país.

Informativos con los mismos bustos parlantes, corbatas, peinados, postizos, implantes de mama, operaciones estéticas, caras impostadas fingiendo una supuesta profesionalidad. Las series eran iguales. Mismos decorados, chistes, gags, músicas horrendas, risas enlatadas, iluminación, giros gratuitos y formatos. La publicidad era idéntica. Mismo engaño fraudulento, fenicio, amanerado. Calcados eran los hombres del tiempo, los programas de cocina, los programas de adivinadores, los de apuestas, los de vídeos graciosos, los de deportes, las tertulias, los concursos….

En aquel torrente televisivo no había nada genuinamente nacional, de la región. Antes de entregarme a Morfeo, pensé que las culturas han sido arrasadas por la uniformidad audiovisual, que todo lo homogeniza para hacer del mundo una masa fofa, idéntica, miedosa, un bucle de información o evasión vacía, funeraria.     

Sales a ver mundo y en el mortero de almas, con su luz azul proyectándose sobre tu almohada, ves lo mismo que en casa, que en cada casa. Sus graciosos, sus famosos, sus guapos y sus monstruos son como los de tus teles. Todo el planeta es un bucle donde se repite lo mismo de forma enfermiza, paranoica y vulgar. Escrito el lunes 1 de octubre de 2012.                      

jueves, septiembre 27, 2012

domingo, agosto 26, 2012

No dan ninguna pena


Hace unos días, una amiga que tiene conocidos en el cine español y está al tanto del parón en el sector me preguntaba: “¿Entonces era eso? ¿Subvenciones?” Lo decía como alguien que dice ¿Entonces era eso? ¿Sexo? Remató con un “No me dan ninguna pena”. Tajante. Como ella hay decenas de miles en España. Son los que han abandonado. Y a su renuncia se le ha sumado el tijeretazo del PP, la subida del IVA y el inmovilismo de los dueños de las salas: tardan en digitalizarse, no acortan el tiempo de exhibición para proyectar (y así poder explotar las películas en otras ventanas como Internet) y encima no bajan sus precios. Los suben.

En este país no había espectadores para estrenar 140 películas españolas al año. Hacíamos demasiadas películas, y muchas espantosas y chapuceras. Y no era normal que, como ha sucedido, el dinero subvencionado fuese mayor que el dinero recaudado. Eso era insostenible. El cine español ha trincado ayudas sin aportar excelencia ni general industria, no ha sabido seducir ni convencer, ha caído mal, ha dejado que lo estigmatizaran, no ha creado un verdadero tejido industrial, no ha sabido explotar nuevas vías de negocio en Internet y no ha explotado otros modelos además del cómodo modelo subvencionado. Por ahora eso no dan ninguna pena.

jueves, agosto 16, 2012

Pobre Coppola



Francis Ford Coppola no hace una gran película desde hace veintidós años. Me da pena verlo tan perdido y tan acabado. No recuerdo una decadencia tan sonora. Porque vale, esas cosa raras de la India de Fritz Lang o las comedias finales de Billy Wilder eran flojas, pero es que Coppola es el director de la que posiblemente sea la mejor película de todos los tiempos. ¿Cómo un talento tan grande puede desvanecerse así, agotarse de esa manera?

Su Drácula ha quedado muy viejo, Jack es infumable, Legítima defensa es solo correcta y Tetro empieza muy bien pero luego se convierte en un absoluto disparate. No he visto todavía Youth Without Yout, pero no me han hablado muy bien de ella.  

Acabo de sufrir Twixt, una película "pequeña" para los americanos. No sé en qué se han gastado los siete millones de dólares que dice valer, posiblemente en el 3-D. Regresó a mí la depresión por ver a un hombre con tanto talento visual perdiendo el tiempo en majaderías, optando por una planificación forzada y falsa, por una olvidable música de ascensor, por demasiado rodaje en pantallitas verdes, por un uso del 3-D innecesario, por atmósferas increíbles y nada trabajadas, por un guión previsible y absurdo y por un Val Kilmer más perdido que en Batman Forever y con más kilos que cuando hizo de Jim Morrison.

En un extraño golpe del destino, Coppola ha vuelto a sus inicios: al cine “económico” y fantástico de Dementia 13, solo que sin ningún talento, sin ningún atisbo de genialidad, lo que sí se intuía en esa peliculita de la factoría Corman. Twixt no funciona. Ni como terror, ni como cuento, ni como cine indie, ni como nada. Coppola no va a acabar su carrera con una obra maestra, como sí lograron gente como Lumet o Huston. Una tragedia.

domingo, agosto 05, 2012

Prometheus: Todos reímos.


Fui a ver Prometheus con el amigo NAPALM. Me va a costar explicar por qué es una de las más grandes vergüenzas cinematográficas que he visto en mi vida. Antes que nada: No la vean, no paguen una entrada por ella, ni se la bajen. Es una pérdida de tiempo y un insulto a su inteligencia. Si lo van a hacer, no sigan leyendo porque voy a destripar cosas. Y a saco, no pretendo hacer literatura con esta mierda.

Prometheus sigue la actual tendencia de recuperar partes de un clásico para hacer con él una película de acción idiota. Ocurrió hace poco con La cosa: ¿Qué pasó con la expedición noruega? ¡Como si nos importase! ¡Como si no fuese suficiente con lo que Carpenter ya apuntaba! En Prometheus sus dos espantosos guionistas hacen lo mismo: ¿Que pasó con el navegante espacial gigante que sale al comienzo de la peli? Bien. ¿Recuerdan aquella gran cabeza, aquella calavera gigante? Pues no, para estos dos inútiles se trata de un CASCO. Es más: se pasan por el forro las dimensiones de aquel inmenso astronauta, que en Prometheus es más pequeño, un ser con forma humana (¿?) y algo gigantón.

Arranca Prometheus con ese gigantón, un señor muy alto que se toma un liquidito que saca de un cubo de rubik ante una cascada. Y entonces se descompone, se desintegra. Luego unos señores ven unas cuevas y una señal planetaria en unas pinturas rupestres. Con esta señal un señor viejo (que es el actor de Memento maquillado de anciano no sabemos por qué) organiza una expedición espacial. Ya en la expedición, vemos una gran nave llamada Prometheus pero no conocemos NADA de la distribución del espacio en esa nave. De hecho, no sabemos ni cuántas personas están en ella, cosa que es el EGB del cine.

Tal es la confusión, que el señor viejo que es el de Memento maquillado no estaba muerto, como nos dicen al principio. No, estaba de parranda e hibernado y oculto en una sala de la nave que nadie ha visto hasta entonces, tampoco la prota de la peli. Bien, resulta que este señor ha mandado a los chicos de la Prometheus a buscar el origen del hombre. Pero el robot de la nave, que es fan de Lawrence de Arabia (¿?) mete un huevo de rana asesino en la bebida de uno de los tripulantes. A partir de este momento, el bicho tendrá forma de calamar, de zombi, de pulpo gigante que crece por ciencia infusa y finalmente de pre-alien. A todo esto, el chico con el huevo de rana asesino (que también acaba con el gigantón del principio) muere quemado pero no se desintegra, como el gigantón. Antes, eso sí, ha podido follar con su nena, que de golpe tiene en la barriguita un embrión de tres meses, por lo que se practica una autocesárea (¡¿?!).

Aunque podría comentar cien disparates más, voy acabando con unas preguntas. ¿Por qué Prometheus es tan cristianizante? ¿Por qué todo ese rollo con la cruz, toda esa majadería de libro de catequesis o hasta de secta evangelista? ¿Por qué es tan asexuada y tan casta? ¿Por qué no vemos el polvete de Charlize Therone con el negro y por qué esta mujer espectacular parece un robot? Por qué en toda la película no vemos un desnudo, incluso en la escena de la autocesárea? ¿Dónde quedaron las braguitas de Ripley, los sexuales diseños de de Giger o el alien que parece un falo con semen exterminador en su interior? ¿Dónde quedaron personajes como el computador Madre?

Me parece una vergüenza la tibieza con la que ha tratado la crítica (he leído cosas de partirme de risa) o la prensa especializada ante el estreno de esta bazofia porque esto es DE AVISAR, de explicar que es UNA ESTAFA. De hecho, no recuerdo haber visto a la salida del cine semejante reacción entre la gente. Al salir de los Princesa una pareja nos dijo sin conocernos de nada y al escuchar nuestra conversación: “Menuda vergüenza”. Todos reímos. Escrito el domingo 5 de agosto de 2012.