viernes, octubre 26, 2012

martes, octubre 02, 2012

El mando a distancia universal


Hace poco visité una ciudad. Da igual qué ciudad. Tenía sus turistas, sus hoteles, sus cafés, sus asesinos, sus santos, sus paritorios y sus tanatorios. Como todas. Era una ciudad de mayoría musulmana con su idioma, su bandera, sus jueces, sus cacos, sus policías y sus cárceles. Bebimos poco. A Alá no le va el bebercio. Pero bebimos. Cada noche llegaba machacado a la habitación del hotel por la pateada. Ya saben: mezquitas, mercadillos, bustos de señores ilustres y ridículos, museos, ánforas, lanzas, espadas… Ruinas. Y cada noche encendía la tele de la habitación, como hacen millones de turistas por todo el planeta. A la vez.

Al zapear, con el mando a distancia universal, pasando de canal en canal, descubrí algo desasosegante. Ese país tenía sus decenas de canales de televisión. Lo que vi en esos canales no tenía nada que ver con una forma de hacer televisión única, propia, intrínseca del país. Todos esos canales eran IDÉNTICOS a los que sufro en casa, en mi país.

Informativos con los mismos bustos parlantes, corbatas, peinados, postizos, implantes de mama, operaciones estéticas, caras impostadas fingiendo una supuesta profesionalidad. Las series eran iguales. Mismos decorados, chistes, gags, músicas horrendas, risas enlatadas, iluminación, giros gratuitos y formatos. La publicidad era idéntica. Mismo engaño fraudulento, fenicio, amanerado. Calcados eran los hombres del tiempo, los programas de cocina, los programas de adivinadores, los de apuestas, los de vídeos graciosos, los de deportes, las tertulias, los concursos….

En aquel torrente televisivo no había nada genuinamente nacional, de la región. Antes de entregarme a Morfeo, pensé que las culturas han sido arrasadas por la uniformidad audiovisual, que todo lo homogeniza para hacer del mundo una masa fofa, idéntica, miedosa, un bucle de información o evasión vacía, funeraria.     

Sales a ver mundo y en el mortero de almas, con su luz azul proyectándose sobre tu almohada, ves lo mismo que en casa, que en cada casa. Sus graciosos, sus famosos, sus guapos y sus monstruos son como los de tus teles. Todo el planeta es un bucle donde se repite lo mismo de forma enfermiza, paranoica y vulgar. Escrito el lunes 1 de octubre de 2012.                      

jueves, septiembre 27, 2012

domingo, agosto 26, 2012

No dan ninguna pena


Hace unos días, una amiga que tiene conocidos en el cine español y está al tanto del parón en el sector me preguntaba: “¿Entonces era eso? ¿Subvenciones?” Lo decía como alguien que dice ¿Entonces era eso? ¿Sexo? Remató con un “No me dan ninguna pena”. Tajante. Como ella hay decenas de miles en España. Son los que han abandonado. Y a su renuncia se le ha sumado el tijeretazo del PP, la subida del IVA y el inmovilismo de los dueños de las salas: tardan en digitalizarse, no acortan el tiempo de exhibición para proyectar (y así poder explotar las películas en otras ventanas como Internet) y encima no bajan sus precios. Los suben.

En este país no había espectadores para estrenar 140 películas españolas al año. Hacíamos demasiadas películas, y muchas espantosas y chapuceras. Y no era normal que, como ha sucedido, el dinero subvencionado fuese mayor que el dinero recaudado. Eso era insostenible. El cine español ha trincado ayudas sin aportar excelencia ni general industria, no ha sabido seducir ni convencer, ha caído mal, ha dejado que lo estigmatizaran, no ha creado un verdadero tejido industrial, no ha sabido explotar nuevas vías de negocio en Internet y no ha explotado otros modelos además del cómodo modelo subvencionado. Por ahora eso no dan ninguna pena.

jueves, agosto 16, 2012

Pobre Coppola



Francis Ford Coppola no hace una gran película desde hace veintidós años. Me da pena verlo tan perdido y tan acabado. No recuerdo una decadencia tan sonora. Porque vale, esas cosa raras de la India de Fritz Lang o las comedias finales de Billy Wilder eran flojas, pero es que Coppola es el director de la que posiblemente sea la mejor película de todos los tiempos. ¿Cómo un talento tan grande puede desvanecerse así, agotarse de esa manera?

Su Drácula ha quedado muy viejo, Jack es infumable, Legítima defensa es solo correcta y Tetro empieza muy bien pero luego se convierte en un absoluto disparate. No he visto todavía Youth Without Yout, pero no me han hablado muy bien de ella.  

Acabo de sufrir Twixt, una película "pequeña" para los americanos. No sé en qué se han gastado los siete millones de dólares que dice valer, posiblemente en el 3-D. Regresó a mí la depresión por ver a un hombre con tanto talento visual perdiendo el tiempo en majaderías, optando por una planificación forzada y falsa, por una olvidable música de ascensor, por demasiado rodaje en pantallitas verdes, por un uso del 3-D innecesario, por atmósferas increíbles y nada trabajadas, por un guión previsible y absurdo y por un Val Kilmer más perdido que en Batman Forever y con más kilos que cuando hizo de Jim Morrison.

En un extraño golpe del destino, Coppola ha vuelto a sus inicios: al cine “económico” y fantástico de Dementia 13, solo que sin ningún talento, sin ningún atisbo de genialidad, lo que sí se intuía en esa peliculita de la factoría Corman. Twixt no funciona. Ni como terror, ni como cuento, ni como cine indie, ni como nada. Coppola no va a acabar su carrera con una obra maestra, como sí lograron gente como Lumet o Huston. Una tragedia.

domingo, agosto 05, 2012

Prometheus: Todos reímos.


Fui a ver Prometheus con el amigo NAPALM. Me va a costar explicar por qué es una de las más grandes vergüenzas cinematográficas que he visto en mi vida. Antes que nada: No la vean, no paguen una entrada por ella, ni se la bajen. Es una pérdida de tiempo y un insulto a su inteligencia. Si lo van a hacer, no sigan leyendo porque voy a destripar cosas. Y a saco, no pretendo hacer literatura con esta mierda.

Prometheus sigue la actual tendencia de recuperar partes de un clásico para hacer con él una película de acción idiota. Ocurrió hace poco con La cosa: ¿Qué pasó con la expedición noruega? ¡Como si nos importase! ¡Como si no fuese suficiente con lo que Carpenter ya apuntaba! En Prometheus sus dos espantosos guionistas hacen lo mismo: ¿Que pasó con el navegante espacial gigante que sale al comienzo de la peli? Bien. ¿Recuerdan aquella gran cabeza, aquella calavera gigante? Pues no, para estos dos inútiles se trata de un CASCO. Es más: se pasan por el forro las dimensiones de aquel inmenso astronauta, que en Prometheus es más pequeño, un ser con forma humana (¿?) y algo gigantón.

Arranca Prometheus con ese gigantón, un señor muy alto que se toma un liquidito que saca de un cubo de rubik ante una cascada. Y entonces se descompone, se desintegra. Luego unos señores ven unas cuevas y una señal planetaria en unas pinturas rupestres. Con esta señal un señor viejo (que es el actor de Memento maquillado de anciano no sabemos por qué) organiza una expedición espacial. Ya en la expedición, vemos una gran nave llamada Prometheus pero no conocemos NADA de la distribución del espacio en esa nave. De hecho, no sabemos ni cuántas personas están en ella, cosa que es el EGB del cine.

Tal es la confusión, que el señor viejo que es el de Memento maquillado no estaba muerto, como nos dicen al principio. No, estaba de parranda e hibernado y oculto en una sala de la nave que nadie ha visto hasta entonces, tampoco la prota de la peli. Bien, resulta que este señor ha mandado a los chicos de la Prometheus a buscar el origen del hombre. Pero el robot de la nave, que es fan de Lawrence de Arabia (¿?) mete un huevo de rana asesino en la bebida de uno de los tripulantes. A partir de este momento, el bicho tendrá forma de calamar, de zombi, de pulpo gigante que crece por ciencia infusa y finalmente de pre-alien. A todo esto, el chico con el huevo de rana asesino (que también acaba con el gigantón del principio) muere quemado pero no se desintegra, como el gigantón. Antes, eso sí, ha podido follar con su nena, que de golpe tiene en la barriguita un embrión de tres meses, por lo que se practica una autocesárea (¡¿?!).

Aunque podría comentar cien disparates más, voy acabando con unas preguntas. ¿Por qué Prometheus es tan cristianizante? ¿Por qué todo ese rollo con la cruz, toda esa majadería de libro de catequesis o hasta de secta evangelista? ¿Por qué es tan asexuada y tan casta? ¿Por qué no vemos el polvete de Charlize Therone con el negro y por qué esta mujer espectacular parece un robot? Por qué en toda la película no vemos un desnudo, incluso en la escena de la autocesárea? ¿Dónde quedaron las braguitas de Ripley, los sexuales diseños de de Giger o el alien que parece un falo con semen exterminador en su interior? ¿Dónde quedaron personajes como el computador Madre?

Me parece una vergüenza la tibieza con la que ha tratado la crítica (he leído cosas de partirme de risa) o la prensa especializada ante el estreno de esta bazofia porque esto es DE AVISAR, de explicar que es UNA ESTAFA. De hecho, no recuerdo haber visto a la salida del cine semejante reacción entre la gente. Al salir de los Princesa una pareja nos dijo sin conocernos de nada y al escuchar nuestra conversación: “Menuda vergüenza”. Todos reímos. Escrito el domingo 5 de agosto de 2012.

miércoles, julio 25, 2012

viernes, junio 29, 2012

MEDIOCRACIA

Estaba en el pueblo, de copas. Se notaba que no había lana, que la gente estaba canina. Poco trajín en las barras y en las terrazas. Y lo más sorprendente: no había juventud. Un flautista de la Baja Sajonia, Alemania, se había llevado de las calles de pueblo a la chavalería, hacinándolos con cocacolas y vino peleón en garajes o bares desahuciados que alquilaban a escote. Mientras le daba a mi primer gintonic, mi amigo Paulo (vamos a llamarle así) me dijo: “Mira a tu espalda”. Me di la vuelta y vi a una conocida, una muchacha de mi edad que siempre ha sido muy gris. Iba emperifollada, parecía venir de una misa gitana, su aspecto era un disparate estético. “Pues ahí donde la ves… es la nueva concejala de cultura”, me dijo Paulo con media sonrisa y chocando su cerveza con mi vaso con ginebra. Ya saben cómo va esto. Lucía estaba en las listas del partido ganador por el pueblo y le tocó la lotería. No tiene idea puta de lo que es la gestión cultural y habrá leído tres libros en su vida, pero Lucía tiene despacho y sueldo por lo menos por cuatro añitos. 

Días más tarde también estuve de gintonics con mi amigo Manolo (vamos a llamarle así), redactor en una revista de generosa tirada. En el segundo cacharro me dijo: “Reguera, a nuestra edad, y tal y como veo nuestros oficios, he llegado a la triste conclusión de que nunca tendremos pasta. Lo que se dice PASTA”. Parece una frivolidad, pero me dio pena escuchar eso. Primero porque tenía razón y segundo porque Manolo tiene talento, mucho más que decenas de mediocres juntaletras, dueños o gestores de medios de comunicación, de mandamases, de trincadores, de enchufados, de señoritos y de chupapollas. Pero lo que Manolo no tiene, y por eso está donde está, como yo, es la necesidad de hablar de pasta, de lucirla, de moverla, de multiplicarla, de enseñarla, de buscarla, de olerla, de rastrearla, de hablar siempre de ella.

Conozco a camareros, a teleoperadores o a seguratas con talento, me relaciono con gente que se gana la vida con la prensa, la publicidad o la tele con talento. Están por debajo. Su sociedad les ha puesto por debajo de la concejala de cultura que estaba en las listas de la derecha. Aunque da igual si estaba en las de la izquierda, el centro, los transversales o los colaterales. Me la suda. Hemos regalado el país a los seres más insignificantes haciendo de nuestro país un lugar insignificante.

Volví al pueblo donde me emborraché con Paulo. Y volví a dormir la borrachera en la casa de mis pares. Ellos tienen un vecino. Es fontanero. Está prejubilado. Tiene tres hijos en paro. Y tiene cáncer. Y se acaba de comprar un Mercedes que cuesta diez millones de las antiguas pesetas. Y todavía hay gente que cree que de esta salimos.

jueves, junio 21, 2012

Suena mejor gratis

Cuando vi este anuncio en el muro de Facebook de Ricardo Texidó Medina, músico, director artístico y productor de sonido, me quedé a cuadros. Las multinacionales como Nokia y Robafone siguen usando, con una jeta suprema, el producto de otros para hacer su negocio. Y lo hacen animando a sus clientes -que pagan religiosamente por su modelito Nokia- a consumir productos de otros (música en este caso) totalmente GRATIS.

El slogan se las trae: “La música suena mejor cuando es gratis”. Nokia y Robafone no tienen vergüenza y son muy listos, porque saben en qué país hacen la campaña. En España está bien visto no pagar nada por la música de otros, el todo gratis está respaldado y premiado socialmente. Te dan una palmadita por machote, por no gastarte un duro en música mientras en la barra pides otra ronda de cubatas, a siete u ocho euros por copazo. Somos así, una sociedad que prefiere gastarse un dineral en la última pollada tecnológica o en ocio nocturno pero abandona las librerías, las tiendas de música o los cines.

Y dentro de esta amplísima pandilla del yo-siempre-todo-gratis, los peores son los cursis, quizás lo más insufribles. Me refiero a los poetas del arte libre que te sueltan la frase hecha por excelencia: “NADIE VA A ACABAR CON LA MÚSICA porque es algo específico del ser humano, y el que tenga algo que contar cogerá su guitarra y tocara, porque lo lleva dentro”. En este país, cainita hasta la nausea y envidioso casi hasta ser violento, se sigue mostrando con orgullo pisotear el trabajo de los autores y los productores pequeños y medianos, que son la mayoría, que nos son los millonarios de Miami.

Me alegra saber que precisamente un grupo de Facebook llamado ‘No a Nokia La Música si es gratis, suena mejor’ ha logrado que la empresa retire la campaña en España. Tal ha sido la presión y el canguelo de la multinacional, que Chris Weber vicepresidente internacional de ventas y marketing, ha contestado a la administradora del grupo asegurando que la campaña “ha terminado” y que todas las opiniones “serían tenidas en cuenta en futuras campañas”. Felicidades. Escrito el sábado 16 y el jueves 21 de junio de 2012.