
Lo cojonudo es que el tal Hirst -que se hizo millonario exponiendo tiburones en formol o "Pareja muerta follando dos veces", dos cadáveres de un toro y una vaca flotando en formol- no es el autor de esta inmoral sandez. La calavera fue fabricada por Bentley & Skinner, conocido joyero londinense. Hirst "ideó", pero no pegó ni una pieza del costoso cráneo.
Como el lienzo, la arcilla, la piedra o el diamante no es nada cool, el caradura de Hirst reconoce que, como en el caso de la calavera, el trabajo manual en sus “obras” las deja para sus "obreros".
En otro lugar del mundo, en la Escuela Nacional de Arte de Sydney, unas polémicas obras fueron mostradas en una exposición del premio Blake de arte religioso. Entre ellas destaca la escultura de una Virgen María cubierta con un 'burka' y un lienzo de un Jesucristo clavadito a Bin Laden.
La autora de esta obra, Priscilla Bracks, dijo que no tenía “ninguna intención de causar controversia”. Qué chaconada, no me digan.