
En This Must Be the Place no sabemos qué le pasa a Cheyenne, el personaje que interpreta Penn, pero intuimos que tiene un trauma horroroso. La película no va de nada. Cheyenne de compras, Cheyenne jugando al tenis, Cheyenne en el centro comercial, Cheyenne comiendo pizza, Cheyenne en un concierto… todo así. Pero Cheyenne tiene un trauma y el guionista y director (el mediocre Paolo Sorrentino) se lo guarda para epatarnos en el momento que él, que para eso es un creador, decida. Como ODIO este tipo de narraciones embusteras…
Esta desdichada película me recordó al “patito de goma” del que hablaban el director Sydney Lumet y el guionista Paddy Chayefsky. Lumet lo escribió: “En los primeros días de la televisión, cuando la escuela del realismo mantenía su influencia, siempre llegábamos a un punto en que EXPLICÁBAMOS el personaje. Pasados dos tercios del metraje, alguien expresaba la verdad psicológica que hacía al personaje ser como era. Chayefsky y yo solíamos denominar a esto la escuela dramática del patito de goma: “En una ocasión alguien le quitó su patito de goma, y por esa razón se convirtió en un asesino perturbado”. Era la moda entonces y todavía lo es hoy”. Escrito la noche del 14 de marzo de 2012.