
Bibiana y Pajín tienen que leer más. Otras cosas además de las consignas que les escriben. Les recomiendo dos lecturas. Una es el blog de Santiago González, que hace unos días escribió lo siguiente: “Suponemos que los ilustrados que en la baja edad media empezaron a oponerse a aquel invento con el que los caballeros cruzados se garantizaban la fidelidad de sus esposas hablaron un lenguaje distinto. Imagínense: son víctimas del cinturón de castidad y una prohibición podría añadir más penalización a las víctimas. No es el burka el que se cabrea cuando una mujer que lo llevaba sale a la calle a rostro descubierto. Es el marido musulmán que se lo había impuesto. ¿Quiere decir la ministra de Igualdad que el Estado no es capaz de proteger la libertad y la dignidad de esa mujer y que mejor ni meneallo? ¿La igualdad era esto?”.
Otra lectura obligada para estas dos iletradas es la de Christopher Isherwood, que en los sesenta escribió lo siguiente: “A una minoría sólo se le acepta como tal cuando representa algún tipo de amenaza para la mayoría. ¿Qué haría esta minoría si, de la noche a la mañana, se convirtiera en mayoría? Afrontémoslo: las minorías están compuestas por personas que actúan y piensan de manera diferente a nosotros, y que tienen defectos que nosotros no tenemos. Nos puede molestar su manera de mirar y de actuar, y podemos odiar sus fallos. Y es mejor que admitamos que nos molestan y que los odiamos, antes que encubrir nuestros sentimientos con una capa de sentimentalismo. Sé que esta teoría no está de moda hoy en día. Todos seguimos intentando creer que, si ignoramos algo durante un tiempo suficiente, simplemente se desvanecerá”.
Escrito el sábado 26 de junio de 2010. Dibujo: Medina.