martes, mayo 08, 2012

Mentes literarias vs. anecdóticas


Siempre ha habido fricciones generacionales en el cine. Como en la vida, el veterano deja paso al novato, y la transición no siempre es fácil. Toda nueva generación suele convivir, a pesar del conflicto natural, con la antigua. Y digo “suele” porque puede que en el cine esto se haya acabado. En los treinta un cineasta del sonoro heredaba lo logrado por los maestros del mudo, y generalmente los respetaba. En los sesenta directores del nuevo Hollywood como Francis Ford Coppola o Arthur Penn convivían con Wilder, Wyler o Ford. La ruptura fue evidente, pero también el respeto. Unos y otros iban a ver las películas de todos…. hasta que eso terminó. Fue Woody Allen quien dijo que antes daba gusto ir al cine, pero ya no. “Las generaciones más jóvenes carecen de cultura cinematográfica y de una relación familiar con el gran cine, y el cine que les gusta NO ME INTERESA”, concluyó tajante.

¿Qué puede esperar un realizador o guionista medianamente decente y honesto de las triviales payasadas que exigen las productoras de cine? ¿Qué ha pasado con los que financian el cine, con los estudios o grandes productoras de todo el planeta que se han empeñado en que el cine sea un patio de recreo? ¿Por qué tanto tebeo, tanto superhéroe, tanto niñato y tanto freak? ¿Por qué llegar al deliro de adaptar a la pantalla hasta juegos de mesa como Hundir la flota? ¿Es que se han vuelto locos o sencillamente son gilipollas? Posiblemente las dos cosas.

Conozco a gente de la industria que relativiza y te viene con el cínico cuento de que ya solo existe el público adolescente o infantil. Y es cómodo para ellos pensar así porque juegan siempre a caballo ganador y no tienen que comerse mucho el tarro, pero no es verdad. Es mentira. El cine pierde espectadores años tras año. Durante los primeros tres meses del 2012 las salas de cine han recaudado casi un 20 % menos que el pasado año, y un 27,7% menos que en 2010. Paradójicamente, este año películas maduras o para público adulto como Los descendientes, Los idus de marzo o La dama de hierro han sido respaldadas por el público ya crecidito, un espectador que existe y quiere ver cine adulto pero ha sido incomprensiblemente desalojado de las salas. Algunas de estas películas como Intocable (sobre una paralítico) o The Artist (muda y en blanco y negro) han sido gigantescos e inesperados exitazos.

Aparte de que me gusten o no, no entiendo cómo nadie se plantea los porqués de los éxitos de estas películas, de la evidente existencia en la sombra de un amplísimo público adulto que tiene nivel adquisitivo, tiene pasta y le gusta gastarla en cine, pero no es estupideces para críos, en películas dolorosamente malas como Ira de Titanes, John Carter, Underworld, Ghost Rider 2, Chronicle, Al borde del abismo o Sherlock Holmes. Qué falta de respeto a tan amplísimo y dignísimo grupo de gente...

Cuando Woody Allen hablaba de “las generaciones más jóvenes” cuyo cine repudia hablaba como espectador, como lo que somos muchos de nosotros. La fricción veterano/novato se ha trasladado al espectador. Ahora reina sólo el novato, el mozalbete palomitero. Y aunque está demostrado que hay mucho público para ver cine adulto, los matarifes que producen el cine actual lo siguen ninguneando porque todavía pueden vivir, aunque no sé hasta cuándo, de nuevas generaciones que sólo quieren cine sensacional, masticadito, inexperto y pueril.

Puede que la explicación a este infantilismo la diese, con gran claridad de ideas, un lector de este blog. Manuel Gómez de Barreda lo expresó así de bien: “Hay una nueva generación que no ha leído probablemente un sólo libro o argumento medianamente complejo en su vida. Y esa generación tiene ya una imaginación que está basada simplemente en la ocurrencia visual. No necesitan el más mínimo argumento complejo, trágico, problemático, simplemente se puede llamar "literario", para flipar con lo que ve. Es decir: la juventud dejó de tener una mente más literaria, interna, para tener una mente más anecdótica, y externa, con una gran simplificación de las situaciones que comprenden y disfrutan”. Amén. Escrito el sábado 5 y el domingo 7 de mayo de 2012.

1 comentario:

Guillermo Loaysa dijo...

La entrada es antigua, pero por si la lees:
Hay un ejercicio que me gusta practicar con las personas de mi entorno después de ver una película y es, simplemente, preguntarles acerca de la misma. Es ahí donde verificas lo que Manuel Gómez de Barreda teoriza.