
Esta señora es mi madre. Ayer la dejé en la estación de autobuses de Avenida de América para que regresase a Cantabria. No le gusta Madrid. Mi madre ha venido a ayudarme en la limpieza, modernización y redecoración de mi nuevo piso. Bueno, miento. Mi madre ha limpiado, modernizado y redecorado ella solita todo mi pequeño pero coqueto pisito.
Llegó como moderna y pequeña Mary Poppins, maleta de piel en una mano, paraguas escocés en otro. Perfectamente peinada y maquillada, esperando ver dónde coño se había metido su errante hijo mayor. La casita le gustó, inspeccionó todos y cada unos de los rincones y se puso en marcha. Supercalifragilistico es pialidoso.
Mientras dormía en casa de mi amigo Shields para dejarla trajinar a gusto, no se me iba la imagen mental de mi madre sola y en impecable camisón blanco mirando, desde la cristalera de un octavo, las iluminadas oficinas de la Castellana, descansando tras haber arreglado los crujidos de la antigua cama de hierros, barnizado la librería, limpiado y aspirado la moqueta verde y pintado de blanco la puerta de la cocina americana. Y sin comer casi nada.
Coppola dijo en su día que la imagen de su madre, que un día había discutido con su padre y se había refugiado sola a un motel de carretera, le inspiró una de sus primeras películas: Rain People. Yo también creo que en la imagen de mi madre en el centro de Madrid, discutiendo con el casero, haciéndose amiga del portero, sonriendo educada en el ascensor a las putas de Capitán Haya, hay otro gran personaje de película.

Pero la peli se quedaría pequeña, no hay un Todo sobre mi madre para mi madre porque me parece inabarcable. Mi casa ha sido siempre un matriarcado donde mi padre traía la pasta y ella la administraba de manera modélica. Mi padre no es nada sin mi madre, y yo tampoco. Lo que ella ha hecho en tres días yo lo hubiese hecho en tres meses, como mínimo.
Mi madre ha sido fundamental para entender, desde pequeño, que llegaría a ser quien soy ahora, algo que aun no sé que coño es. Ha sido madre, amante, psicóloga, hermana, hija, mujer, cocinera, limpiadora, electricista, fontanera, carpintera y pintora sin inmutarse, sin desfallecer, sin perder jamás, y ya son años, la buena presencia, sin dejar de ser una señora hasta en los momentos más duros. Mi madre podría compartir fotograma con las grandes mujeres de John Ford y no notaríamos la diferencia.
Ama, como la llamamos, me ha dicho que no volverá a Madrid -maleta de piel en una mano y paraguas escocés en otro- en muchos años porque no le gusta esta ciudad por la que lloró una tarde de lluvia en el norte, cuando su hijo le dijo que allá quería marcharse a estudiar cine y a escribir. Ella nunca perdonará a Madrid haberle arrebatado a su Iván, pero se va tranquila, con el trabajo bien hecho, serena ante mi futuro.
Gracias, Ama.
Fotos: Natxo RegueraPost relacionado: LOS REGUERA