
Empecemos por
Ricardo Corrochano, más conocido como Clot en este blog. Ricardo trabaja a mi derecha, en la misma mesa. Tiene cara castellana, perfil de torero. Le viene de sangre: su abuelo fue el reconocido diestro Alfredo Corrochano. Aunque por sus cejas parece tener también algún parentesco con Groucho, hay que reconocer que por encima de las gafas refuerzan una mirada que a veces te está diciendo “te entiendo” y otras “a mí no me la cuelas, gandul”. Y es que Corrochano es unas veces mi ángel guardián y otras el exterminador. Siempre que me paso de apático en un guión me lo recuerda, aunque me lo repita 10.000 veces para mi desesperación. Cuando una mañana de resaca escuchas por tu oreja derecha
“Ivantxu”, es que Corrochano te va a pedir un encarguito. Gajes del oficio. Y a teclear.
Me gusta tomar los vinos con Corrochano y lo único que no le perdono es que me dé la matraca poniendo a todo trapo a Los secretos.

¿Qué decir de
Izaskun Granda, más conocida como Frid en este blog? Gracias a Izaskun entré a trabajar como guionista publicitario en SANTA IDEA y gracias a ella tengo un privilegio del que muy pocos españolitos gozan: trabajar con amigos.
Izaskun, lectora compulsiva y de gran conversación, es el oráculo de la oficina: todo el mundo le pregunta de todo.
Ricardo: ¿Haakon VII de dónde era rey? Izas: De Noruega. Era también príncipe de Dinamarca. Iván: ¡Izas, el escáner este no va! Izas: ¡La madre que te parió! Granda es grande, como muchas veces he dicho y diré. Y tiene el defectillo de los grandes: a veces tiene una mala leche que no hay quien la aguante a la tía. Pero en esos casos hay que pillarle el truco. El mío es decirle a todo que sí, como hacía en el cole con mis profes. Aunque me temo que ya me ha calado y la próxima me va a arrear con su teclado en la frente.

Aquí tenemos al jefe,
Jon Pittaluga (derecha) y a
Federico Ramos (izquierda). A saber qué creativa idea le está contando Federico -tipo estupendo, indispensable argentino chupa-mate en toda agencia publicitaria que se precie- a Jon, un hombre incansable que respeta su oficio como pocos. Además, se la juega con una empresa como esta y con piratas como yo en la tripulación.
De figura quijotesca, delgado y culo inquieto, Jon empieza a imponerse en el negocio como capitán de “creatas” con sus gafas de pasta, chaqueta informal y zapatillas deportivas, perfil que funciona entre nuestros queridos, estimados, amados clientes. Yo, claro, prefiero al Jon que de vez en cuando comparte un cubata conmigo.

A
Verónica Pastrana, aquí con su sobri, no solo le unen a Jon las gafas de pasta y la delgadez. Novios desde hace muchos años, son tal para cual. Es decir: que no pueden parara quietos, que son dos guindillas, que a veces se dispersan más que un ejército vencido y que no sé de dónde sacan las pilas para ser como son. Vero es actriz y también guionista, trabajo que desempeña con pasión adolescente, como cuando viene a contarte una idea para un corto, un largo o un formato de televisión que se le acaba de ocurrir. Su energía es ideal, necesaria para perder de vista por unas horas el piloto automático del guionista funcionario.
Ana Pastrana es su hermana. Lleva el trabajo ingrato de las cuentas de la empresa y es la que nos tiene que recordar machaconamente que le mandemos la lista de trabajos realizados y las facturas. A mí me trata como a su hermano pequeño y se ríe mucho conmigo. Eso sí, igual que Izaskun, como le pilles en un día torcido prepárate para que el cielo caiga sobre ti. Ana a buenas es genial, pero a malas, discutiendo, es para echarse a temblar o para decirle a todo que sí, como hacía en el cole con mis profes.
Miguel Calderón, el gallego impasible. Allá en la Escuela de Cine, cuando Miguel firmó el primer y último guión que produje, creí que tenía un problema de comunicación y de sociabilidad. En esta empresa lo certifiqué. Aun así, aunque a veces parezca un muñeco de caucho diseñado para alguno de nuestros rodajes, Miguel es un tío con un humor negro cojonudo y una capacidad de trabajo que es para quitarse el sombrero. Sé, aunque no lo haya comprobado, que entre guión y guión de encargo, guarda celosamente, y en su intimidad, una novela extraña de cojones.
Jaime Pineda entró silencioso, humilde, modestito, en plan becario, buen chico. Y poco a poco, cuando acabó de limarse las garras, asomó el magnífico cabroncete, irónico y mordaz, que hay en ese cuerpo largo y esas pintas de judío, aunque él es católico y a mucha honra. El Pineda ha sido un gran fichaje por parte de los de arriba. Tengo mucha suerte de tenerlo al lado. Él a la derecha, Frid a la izquierda, un marcaje de Champions.
Sabe descojonarse como pocos de la actualidad, es de los mejores para sacar punta a nuestro extraño oficio, en el que se desenvuelve muy bien, y se puede conversar con él de cualquier tema. Y encima se encarga del pedido de Nespresso...

Lo de
Antonio Azuaga es otro caso extraño. Nuestro futuro montador y demostrado brillante decorador, es un alma dual. Tiene sensibilidad de artista, es un buen fotógrafo, pero el cabrón habla como Makinavaja, como si te fuese a mangar la cartera mientras te habla de la fotografía estereoscópica.
Luis Ruiz produce con Carmona, del que hablaré más abajo. Luis es otro gran fichaje. Y es un tipo raro para este oficio: culto, sensible, elegante y que cocina como Dios. Doy fe de ello.

Y aunque no son todos los que están (no hay fotos de gente como
Lorena, Karras o Joan porque no los conozco bien), acabo con el citado
José Carmona, gran amigo y productor aún sin úlcera en PRODUCCIONES PATITO FEO. Carmona es un cachondo, un hedonista que se conoce un buen puñado de restaurantes madrileños y bares con clase. A mí me gusta provocarlo y a él le gusta mi agitadora conversación mientras nos inflamos a vino o buenos placeres culinarios y recordamos los grandes clásicos del cine en el que Carmona se solidificó, como un mosquito, en el ámbar de la Metro Goldwing Mayer. Tengo pocos amigos que demuestran estar de verdad cuando te hacen falta. Él es uno de esos pocos.