viernes, diciembre 02, 2011

Una industria así

Me enteré hace poco. Resulta que en Las Vegas los representantes de las grandes cadenas de televisión norteamericanas escogen a varios turistas al azar, gente de todo el país que van allí a jugar, a casarse, a hacer el hortera o todo a la vez. Estos turistas, comprados con cheques regalo de diez dólares, aceptan registrar sus reacciones en una pantalla electrónica mientras ven un piloto de televisión en primicia mundial. Si la nota de estos turistas es muy baja el piloto está herido de muerte.

El trabajo del productor, del guionista, del director, de los actores y de los técnicos depende de las reacciones y los gustos de unos turistas en Las Vegas, tipos con el absurdo don de juzgar trabajos que han tardado meses o años en levantarse. ¿Merece la pena trabajar en una industria así?

La pregunta vale sobre todo para España, país con una industria televisiva vieja, conservadora y vulgar. Si alguien quiere hacer algo osado o de calidad en nuestra tele lo lógico es que se desengañe pronto. Lo que le van a pedir no son esas grandes series que se baja por Internet y nadie emite en España. Lo que le van a pedir es chabacanería, sainete y culebrón. Y no sólo porque algunos ejecutivos pidan sólo ese material de deshecho, sino porque a muchos televidentes LES ENCANTA esa televisión, les hechizan los giros del culebrón guerracivilesco de la tarde, lo divertidísima que es Aída con flatulencias, los chicos descamisados de El barco o lo tronchante que fue el monólogo de Pepe Gonorrea sobre ligar mientras paseas al perro. El problema no sólo está en los despachos de las cadenas, está también en los bares y en las salas de estar.

Y lo que más hay, más que mal gusto y mezquindad, es miedo. A lo nuevo, a probar, a cambiar, a fallar. Mucho miedo. Se lo leí hace poco a David Milch, creador de la prestigiosa serie Deadwood, en el libro Writing The Tv Drama Series: “Si un equipo funciona a partir del miedo, de la desconfianza hacia el público o hacia las personas responsables del trabajo, todo eso se refleja en el contenido del material". Qué gran verdad. Escrito el domingo 27 de noviembre de 2011.