
Le costó producir Easy Rider, su gran legado. Iba a llamarse The Loners. Corman le escuchó, sus socios no, estaban hartos de pelis de drogatas y hippies. La película, que generaría una moda, empezaba pasaba de moda. El tratamiento de ocho páginas de Fonda gustó a Bert Schneider, que logró un presupuesto de 365.000 dólares, una miseria para Columbia.
Mientras Terry Southern (autor de Teléfono rojo, volamos hacia Moscú) remataba de mala gana un guión que acabó en 90 páginas, Fonda y Hopper se marcharon al carnaval de Nueva Orleáns para rodar y colocarse. El primer montaje duró diez insufribles horas. El segundo cuatro. Frente al montaje definitivo, Hopper, histérico, gritó que el estudio se había cargado “su” película. Tras la primera proyección privada, un viejo capo de Columbia se levantó de su poltrona y dijo: “No sé qué cojones significa esta película, pero sé que vamos a ganar un porrón de pasta”.
Cuando en Cannes aulló la canción El camello (The Pusher) y se pudo contemplar por primera vez el magnífico trabajo fotográfico de László Kovács, muchos intuyeron que estaban ante algo importante. En el cine Beekman de Nueva York las colas dieron la vuelta a la manzana y la dirección tuvo que quitar las puertas de los baños para controlar a los porretas que entraban a fumar maría durante la proyección. En el conservador Hollywood estaba pasando algo muy gordo.
Lamentablemente, el Hopper director sólo trascendió por Easy Rider. Como actor tampoco era para morirse. Poco después de conocer la noticia de su muerte, NAPALM me dio su epitafio por teléfono: “Ya tienes tu estrellita. Ahora ya la puedes palmar”. Se refería a su estrellita en el Paseo de la fama. Lo que jamás dirá la CNN es que Hopper acabó vendido al mejor postor y riéndose de sí mismo, como en aquel vergonzoso spot de la multinacional Ford en el que adelantaba a su personaje motorizado en Easy Rider manejando un elegante Cougar.
Las últimas y patéticas fotos de Hopper muestran al actor comido por el cáncer. El que un día estuvo a punto de cargarse el mercado era agasajado por los comerciantes. De hecho, las estrellitas del Paseo de la fama son financiadas por la Cámara de Comercio de Hollywood. Como les digo: triste.
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Escrito el sábado 29 de mayo de 2010.