miércoles, marzo 09, 2011

La exquisita mismidad

“Ahora, después de que en medio de la plaza se infiltrara una tienda de Disney, Times Square se diferencia muy poco de un parque de atracciones. (…) El nuevo Time Warner Centre de Nueva York es un ejemplo horrendo de esta tendencia, de esta transformación de las ciudades en centros comerciales de las afueras. (…) Si uno tiene mentalidad de centro comercial, entonces uno favorece lo idéntico en detrimento de lo diferente. Allá donde uno vaya, los centros comerciales son básicamente iguales. Esté uno en la religión que esté, las comunidades valladas son básicamente las mismas. Ese pasaje urbano en particular se pierde a favor de una tienda Disney generalizada. Ese bosque concreto, ese ecosistema único, deja de existir para esos proyectos comunitarios que se desarrollan por todo el país. En ambos ejemplos, se pierde la experiencia inmediata de lo que está más vivo en este mundo, la exquisita mismidad”. (Eric C. Wilson)

La enfermedad mortal del cine tiene un síntoma incuestionable: la muerte física del cine, de las grandes salas de toda la vida. La desaparición del cine como un acto colectivo desarrollado en un templo para el cine, no en un templo para la compra, en un centro comercial. Así lo explica David Thomson en su libro ‘La verdadera historia de Hollywood’: antes en las salas de cine estábamos “obligados a tener una experiencia compartida. Esto es absolutamente fundamental para la belleza y el arte de lo que llamamos cine”. El desarrollo tecnológico que han multiplicado el ocio privado, las descargas en red, la piratería, el carísimo precio de la entrada y sobre todo la mediocridad general de las películas han acabado con la experiencia de ir al cine. Ya no merece la pena perder tiempo y dinero para ir al cine.

Paco Umbral escribió que“el tiempo se transmuta en geografía, y lo que perdemos en tiempo lo ganamos en espacio”. Woody Allen resumió la liturgia compartida del cine en otra de sus grandes frases: “Cuando entré por primera vez en el Radio City Music Hall creí entrar en el cielo” (Días de radio). Es una pena que ya no se hagan películas como las de antes… y tampoco cines como los de antes. Texto reeditado. Marzo de 2011.