domingo, marzo 27, 2011

Rascarse los sobacos

En esta vida hay dos tipos de personas. No las malas y buenas, no. Los dos tipos son los que tienen que currar y los que no. Bukowski escribió algo parecido: “Un hombre sólo tiene dos opciones: trabajar o convertirse en un vagabundo”. Bukowski no incluyó en la categoría de hombre a los hijos de papa que no la hincan. Hizo bien. He vuelto a Bukowski gracias la reedición que Anagrama ha hecho del ensayo-entrevista ‘Lo que más me gusta es rascarme los sobacos’, de Fernanda Pivano. Y vuelve otra vez a la carga contra el trabajo, disciplina en la que fue todo un experto: “No hay ninguna razón para amar la vida para alguien que trabaja ocho horas al día porque es un derrotado. Duermes ocho horas, trabajas ocho, vas de un lado a otro con todas las tonterías que tienes que hacer. Puedes vivir de veras sólo hora y media al día. ¿Cómo es posible amar la vida si sólo se vive una hora y media por día? Casi todos los hombres están entrampados en el trabajo, así que están jodidos. Y los hombres llegan a amar su trabajo porque no tiene nada más, en realidad están orgullosos de hacer esas cosas”. A Bukowski no le interesaban los sueños, ni los valores puros, ni las novelas ejemplares, ni los héroes, ni la acción, ni la fe en el hombre y su obra. En un momento de la entrevista le dice a Pivano: “Que Hemingway se quede con sus guerras y su valor. Yo tengo otras cosas que me suceden a mí y a todos los que están a mi alrededor. Millones de hombres y mujeres que enloquecen y son asesinados centímetro a centímetro cada día”. Y aquí, claro, entra el bebercio, perfecto aliado de la rabia contra el currelo alienante: “Estaba horrorizado de la vida. De todo lo que un hombre tenía que hacer sólo para comer, dormir y poder vestirse. Mientras bebías, el mundo seguía ahí fuera, pero por el momento no te tenía agarrado por la garganta”. En la entrevista Bukowski se define como “un alcohólico que ha decidido hacerse escritor para poder quedarse en la cama todos los días hasta las doce del mediodía”. Es una consistente razón. Pero aunque Bukowski era un descreído y un despegado, en el libro de Pivano tiene algo que decir a los que pretenden dedicarse a escribir. Primero: saber esperar, y muchos años, hasta ser un hombre maduro para decir algo original, hasta dejar de estar vacío. Y segundo: “Los escritores que conocía y que eran famosos me parecía que no valían absolutamente nada. Así que comencé a escribir intentando decir las cosas de la manera que me parecía debían decirse”. Escrito el domingo 27 de marzo de 2011.