lunes, agosto 22, 2005

CUIDADO CON LA LUNA

Deuvedeclub del barrio. Nueve de la noche. No tardo un minuto en ir a la estantería de pelis viejas y pillo Un hombre lobo americano en Londres. El monstruo que más me ha acojonado siempre, desde crío, ha sido el hombre lobo. Ni vampiros, ni momias, ni gaitas.

Cuando le doy a Toñi, la encargada, la carátula me dice: “Qué buena, no ha habido mejor trasformación de hombre lobo”. Y yo, claro, le doy toda la razón porque es una verdad como un templo. Rick Baker, el genio del maquillaje (Oscar por esa peli) hizo algo increíble y dejó en pañales no sólo a los efectos fotográficos mediante encadenados del clásico de Universal, también a las posteriores virguerías poco creíbles con efectos digitales (ver Un hombre lobo americano en París). A Baker también le debemos sus increíbles trabajos en El planeta de los simios (la de Burton), The Ring, Men in Black I y II, Lobo, Greystoke, Thriller (el video de Michael Jackson), Star Wars (secuencia de la cantina) y el King Kong de los setenta. Seis Oscar de la Academia. ¡Casi nada!

Volví a disfrutar en casa de este extraño clásico de John Landis. La película es muy valiente porque está entre la astracanada de Desmadre a la americana y el terror más brutal y sangriento. En un film de terror rodado por un comediante, y eso le da al film una aureola de rareza maravillosa.

Para el recuerdo: la descomposición de Griffin Dunne, la primera transformación, el ataque del hombre lobo en el metro de Londres y la carnicería en Piccadilly Circus. Y, claro, el mítico tema Blue Moon, que tanto ponía Pumares en su programa.
Una pena que John Landis no volviera a recuperar el pulso demostrado en esta peli como en las geniales Desmadre a la americana, Blues Brothers o Entre pillos anda el juego.