
De un tiempo a esta parte, he llevado unos hábitos mentales y físicos muy poco recomendables. Yo jamás he sido ejemplo para nadie, ni lo he querido ser, pero uno mismo se da cuenta de lo que está haciendo con su cabeza y su cuerpo.
He tomado como práctica habitual regodearme en la figura maldita del escritor solo y contra el mundo. Me encanta, me chifla, me pone. Y, efectivamente, estoy solo y contra el mundo, pero regodearse en ello y rematarlo con altas dosis nocturnas de alcohol, con fotos de tus copas de gintonic en tu blog y toda la pesca, es letal. No hace falta ser Sánchez Ocaña para darse cuenta de eso.
¿De dónde viene todo este malditismo ligado a machacarse? Probablemente de todo lo que uno acumula antes de ponerse a escribir: Chandler, Hemingway, Kafka, Poe, Bukowski, Fante y toda esa panda de brillantes borrachos. A mí me gusta beber y me seguirá gustando, pero representar una ceremonia diaria entorno al alcohol es otra cosa. Y no poder seguir escribiendo porque ya estás mamado, otra mucho peor.
En el XIX ser un artista y beber absenta hasta ponerte azul estaba visto de puta madre, igual que los chutes de los sesenta hasta que la palmaron Elvis, Morrison, Hendrix o Joplin y llegó el acojono generacional.

Llevo unos días bajando la dosis. Mi cuerpo lo nota. Mi cerebro aun no se acostumbra, pero poco le queda. Tenía mi novela algo abandonada por otros textos y empecé a releer lo escrito. Y, al acabar, me dije sobre el autor: ¿Quién cojones es este seño? No la tiré. La respuesta es que ese que escribía era OTRO SEÑOR.
Pero aquello, me dije, no era malo: ese otro señor puede seguir escribiendo la novela narrando que ha sustituido a aquel señor borrachín. No descarto, eso sí, que el antiguo yo reaparezca, mande al carajo a su versión sana y regrese a los gintonics y al regodeo alcohólico. ¿Seré uno de esos bipolares? ¿Qué me pasa, doctor?
Empecé mi novela con rabia. Ahora la releo y la respeto, pero ya no me siento igual. Y una de tres: o cambio el tono, o interpreto al personaje ya creado o la abandono.
Esta noche me veo Días sin huella.