lunes, septiembre 05, 2011

Una lectora nada común

Alan Bennett, el de la foto, es dramaturgo, actor, novelista y guionista y ha ganado un Premio Tony por su obra 'The History Boys'. Su trabajo más conocido es La locura del rey George, película adaptada por él mismo y basada en su obra teatral ‘The Madness of George III’.

En ‘Una lectora nada común’, novela corta tan amena como brillante, la reina Isabel II busca un paje para que le organice los libros de palacio recurriendo a lo que ahora llaman recursos humanos, algo que ella siempre ha llamado personal o servidumbre. Y ese paje es el detonante de una revolución: la reina se pone a leer. A leer en serio y mucho. A disfrutar con los libros como con nada en su larga vida. Y descubre que la reina, con todas sus joyas, títulos y reverencias no es nadie frente al poder de la literatura. A los libros, se dice la reina, no les importa quién los lee o si alguien los lee. Todos los lectores son iguales, ella incluida.

Y la reina descubre, tarde pero a tiempo, que leemos para saber cómo es la gente, no cómo es el mundo, del que ella ya sabe mucho. Pero de la gente, de sus mentes, de sus almas… de eso no tiene ni idea.

Entonces se dice: soy la reina, puedo conocer a todos esos intelectuales que escriben los libros, al menos a los que están vivos. Así que su alteza los reúne en palacio, pero ellos no le hacen ni caso y además descubre que no son nada divertidos. Que un autor interesante no tiene por qué ser una persona interesante. Y decide conformarse con el placer de conocer a un autor, pero no en persona, sino en obra. A la reina le sobra con el placer de saber que ese escritor tiene escritos más libros. ¡Qué delicia! ¡Cuántas horas de placer por delante!

Pero en la corte empieza a preocupar la compulsiva lectura real. Y llegan las discusiones:

- ¿Qué le importa al público lo que yo estoy leyendo? La reina lee. Es lo único que debe saber. Me imagino la reacción general: ¿Y qué?
- Leer es retraerse. No estar disponible. Sería más fácil de asimilar si fuera una actividad menos… egoísta.
- ¿Egoísta?
- Quizás debería decir solipsista. Tendríamos que asociar sus lecturas con una finalidad más amplia la alfabetización del país entero, o mejorar el nivel de lo que leen los jóvenes.
- No, leo por placer. No es un deber público.


Y un día, sola y cansada del protocolo, la reina se repite en voz alta: “No tengo voz”. Muerta, se dice a sí misma, sólo existiría en el recuerdo de la gente. Leer no cambia esa realidad… pero escribir quizás sí. Y entonces escribe en su diario: “No pones la vida en los libros. La encuentras en ellos”.

No se pierdan esta pequeña y exquisita novela. Escrito el sábado 3 de septimbre de 2011.

6 comentarios:

Escrito por dijo...

Resumiendo la novela te ha quedado un cuentecillo muy cuco. Uno se plantea si el libro no lo estropeará.

IVAN REGUERA dijo...

No, sólo he adelantado algo, muy poco. Merece la pena y el final es brillante.

Weidner dijo...

La lectora es la Reina Isabel II, ¿de que país?

Tarquin Winot dijo...

No conocía nada de este hombre, pero, la verdad, es que has picado mi curiosidad..... otro a la lista de espera.

Moniruki dijo...

Digo loo mismo que Tarquin. Apuntado queda y gracias por la sugerencia.

Helen dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.