viernes, junio 08, 2012

SIN DEFENSAS



Hace días Javier Marías le dijo a Pérez-Reverte: “¿No te das cuenta de que nos vamos a morir y este país no va a haber cambiado esencialmente del que conocimos cuando nacimos en 1951, en pleno franquismo?” Marías, que es muy futbolero, lo ha comentado a la revista Jot Down. Y dijo más: “Durante el franquismo un alcalde, un ministro o la policía podían cometer una arbitrariedad y no había nada que hacer, había que aguantarse. Ahora es un poco lo mismo”.

Tiene razón. La “Transición Suave”, esa engañifa, nos pidió aquello de la “libertad sin ira”. Y de tan poca ira hemos acabado acojonados, callando y otorgando, limitándonos a hacer aspavientos en la barra del bar, antes de otro partido súper trascendental de la muerte para nuestra nación.

Y nada, no hay manera, no consigo emocionarme. Este año no me apetece el rollo de La Roja. Todo lo que rodea a la selección este año me parece fuera de lugar. No voy a poder con el lorololó-soy-apañol-apañol. ¡Y encima con himno pop de David Bisbal, señores!

Ya es mala suerte que me pille esta Eurocopa con la guardia baja, jodido de defensas, fatal de patriotismo y tan desmotivado para la cosa grupal. Mi grupo ha demostrado ser un país bruto y patético, de gente que se está dejado desollar por sus representantes. Lees un periódico y te quedas pasmado del bajísimo nivel de esta democracia “de baja intensidad”. Un país de mierda, vamos.

Alguno me acusará de mezclar, de demagogo. ¿Qué tendrá que ver nuestra selección con todo eso? Pero no soy yo el que mezcla, el furor futbolero siempre se ha mezclado con el furor patriotero y tribal. España es un país donde algunas de sus carreteras arden por la protesta minera mientras sus periódicos protestan porque no se van a poner pantallas gigantes en Donosti para ver a La Roja. ¿Quién mezcla entonces? Sí, la selección vuelve a representar al país. A un país impresentable.

miércoles, mayo 30, 2012

YO SÍ SOY TONTO

Por ser español. En nuestro país la exigencia de responsabilidades en banqueros y políticos casi no existe, y dejamos que la maquinaria de los grandes partidos (que viven de los bancos y de nuestros sueldos) logre la firma de un pacto de no agresión sobre el gigantesco escándalo Bankia, uno de los más grandes saqueos de la historia. Y en nuestra puta cara. Hemos permitido, sin hacer absolutamente nada, la ‘omertá’ en ese burdel llamado Congreso.

Mira que somos tontos... Hacienda dio tiempo a Botín para regularizar sus cuentas opacas y esquivar el delito fiscal. Botín, su hermano y todos sus hijos se salvaron de la trena y nosotros sin ir a quemar el Banco de Santander más cercano. Fijaos si somos tontos del culo que Florentino Pérez sólo pagó 49 euros en su declaración de 2009. ¿Habéis visto, por cierto, la choza de 2,3 millones de Cospedal? ¿Sabíais que Intereconomía se benefició de un crédito de 18 millones de euros de Bankia y que Rodrigo Rato es socio de Intereconomía con un 4,5% de las acciones?

Somos tontos de baba, españoles. Por no hacer nada ante el insostenible record de paro, porque los bancos nos han robado y siguen dejando a la gente en la calle sin que los gobernantes se lo impidan, porque consentimos un país de mangantes, de economía sumergida, de fraude y de paraísos fiscales, un país que tiene el record de paro juvenil, con universidades de mierda, con decenas de miles de empleados públicos puestos a dedo, un país de anacrónicos y parasitarios jefes de estado que cazan elefantes, de privilegios por motivos religiosos, de castas, de señoritos y siervos, de analfabetos, de hinchas, de toreros, de fulanas y chaperos mediáticos, de farloperos, de pastilleros, de vírgenes, de falleras y chirigotas, un país con un I+D+I que provoca la risa de los países vecinos.

Somos tan tontos que hemos consentido, sin salir a la calle, y hasta haciendo risitas y chistecitos con los perroflautas del 15M, que nuestro país tenga 445.568 políticos cuando tenemos 165.967 médicos, 154.000 policías y 19.854 bomberos. Es decir: tenemos más políticos (puesto para el que no se requiere ninguna titulación) que médicos, policías y bomberos JUNTOS.

Somos MUY tontos. Somos españoles. Lorololó.

martes, mayo 22, 2012

Las tres me resbalan

Contaba Aldous Huxley que “lo que deberíamos mirar son las obras sin pretensiones, satisfechas de ser meramente ellas mismas, contentas de su identidad, no dedicadas a representar un papel”. Me parece algo para imprimir en sangre y enmarcarlo. Quizás hablaba Huxley de lo que conocemos como la obra que pretende ser irreprochable, esa obra cuyas formas pretenden ser parte del canon artístico. Esas obras que de entrada te dicen: MIRA-LO-IMPORTATE-QUE-ES-ESTO-Y-EL-TRASCENDETAL-TEMA-QUE-TRATO. Por ejemplo Ciudadano Kane, de Orson Welles, El Guernica, de Piccasso y Moby Dick, de Herman Melville.

La primera me parece una película brillante pero exhibicionista, exageradamente barroca, aparatosa y nada satisfecha de ser sencillamente ella misma. Parece tener angustia por trascender, por cambiar el cine. EH-MIREN-QUÉ-GRAN-DIRECTOR SOY-EN-CADA-PLANO. Por eso Ciudadano Kane está mayor. Casi nació mayor. El Guernica siempre me ha parecido un cuadro horroroso, un gigante y grotesco disparate, una obra de encargo que no me parece que esté muy contenta de su identidad. Me parece un panfleto, un mal panfleto. También intenté leer Moby Dick, un tostón protagonizado por un personaje, Ahab, hilarante, bobo e insufrible. No pude acabarla por presuntuosa y aburrida.

Cuando intenté leer Moby Dick, volví a ver Ciudadano Kane o me planté nuevamente ante el Guernica me generaron cabreo, indiferencia y modorra. Las tres me resbalan porque las tres tratan con afectación grandes temas que las hacen flemáticas. Las tres son pretenciosas y quieren representar un papel en la historia. Y en las tres me falta algo que, para mí, es indispensable: AIRE. Una distancia, un respeto por el espectador, para que él también cree. Un misterio que te haga salir del cine confuso, con piezas sueltas del puzzle, rumiando el misterio que esconde un plano. El misterio de admirar un cuadro pero no entenderlo del todo. El misterio de una frase o de un final abierto. El misterio que solo los grandes saben esconder y estas obras, tan abusonas, tan “primeras de la clase”, jamás me ofrecieron. Seguro que vosotros también tenéis las vuestras. Escrito los sábados 12 y 19 y lunes 21 de mayo de 2012.

lunes, mayo 14, 2012

La torre


12M. Sol. Llenazo en un sábado pegajoso que huele a gofres, a porro y a sudor. Detesto las aglomeraciones pero pensé que nuevamente tenía que hacer bulto entre los eslóganes, la juventud ligera de ropa, las birras templadas de los chinos, el agua, los bongos, el “grito silencioso” con las manos en alto, los pitidos... Cierta decepción. El 12M no tuvo el seguimiento del 15M, que sigue siendo un movimiento demasiado heterogéneo que funciona en las grandes urbes, no en poblaciones pequeñas donde siguen sin tener ni zorra de la cosa esta de los indignados.

Un año después del 15M estamos más jodidos. Los poderosos no han hecho ni puto caso a sus reclamaciones y muchos medios reaccionarios se han burlado de ellos. Otros lo han banalizado. El 15M ya sale hasta en el programa del señor ese con viruela de Telecinco o en el de Ana Rosa. En este año el 15M ha ayudado a frenar hasta 180 desahucios. Pero se ejecutan 200 AL DÍA. También han impulsado la Iniciativa Legislativa Popular a favor de la dación en pago. ¿Y ahora? Este país nuevo rico era un cristo, pero pobre va a ser una bomba. La crisis se ha acentuado, y no solo la económica. Con ella ha venido una crisis anímica que se ha cepillado la ilusión de muchísima gente, también atrapada en un sentimiento de vergüenza por su país. Lógico sentimiento porque este país apesta.

El 15M sigue teniendo razón, pero no sé si es suficiente con grandes aglomeraciones pacíficas y festivas. Alguien debería PAGAR por el expolio al que ha sido sometido este país, por las mentiras, la codicia, el tráfico de influencias, la malversación, el cohecho, la corrupción y una crisis que creo ORGANIZADA y cuyas soluciones políticas no son otra cosa que un delictivo traspaso de recursos de la clase media y baja hacia la nueva aristocracia: el poder financiero.

Fue Gandhi el que dijo aquello de "Primero te ignoran, después se ríen de ti, después te pegan, y al final ganas". Para ganar el 15M lo tiene difícil porque su gran problema es que no tienen un Gandhi. Erróneamente, no quieren un líder. Y así puede acabar en meras imágenes icónicas o en portadas para la historia, pero la historia así no cambia. Y este tipo de exaltaciones acaban, como se está viendo, en un fogonazo social consentido, en un rumor que el sistema asume y controla cada cierto tiempo.

El sábado volví a casa en el bus 147, que me dejó en Plaza Castilla. Caminando observé una de las torres Kio, sede de Bankia, entidad por la que cada familia española va a tener que pagar 600 euros de su bolsillo por culpa de los cuatreros que la han gestionado. Entidad que sacará de sus casas a gente que va a tener que rescatarla. El torcido edificio de cristal estaba completamente a oscuras excepto por un detalle: un despacho, en una de las plantas más altas de la torre, estaba encendido. Y no era un despacho cualquiera, sino uno de los directivos, con enormes lámparas y luz cálida. Me imaginé a Rodrigo Rato. Sólo, descorbatado, descalzo, con un Chivas Regal de veinticinco años en la mano. Y enseguida imaginé también que el asfalto temblaba bajo mis pies por una fuerte vibración. Entonces escuchaba una explosión seca, poco duradera. El ruido ensordecedor llegaba después, cuando la torre se desmoronaba rápidamente, no tan perfectamente como las gemelas, sino de forma más caótica por culpa de su absurda estructura. Ante mis ojos se acercaba una nube de humo, material de oficina, hierros y cristales. Compré un pollo asado en el bar Gago, en Bravo Murillo. Cuatro euros con ochenta. Escrito el domingo 13 de mayo de 2012.

martes, mayo 08, 2012

Mentes literarias vs. anecdóticas


Siempre ha habido fricciones generacionales en el cine. Como en la vida, el veterano deja paso al novato, y la transición no siempre es fácil. Toda nueva generación suele convivir, a pesar del conflicto natural, con la antigua. Y digo “suele” porque puede que en el cine esto se haya acabado. En los treinta un cineasta del sonoro heredaba lo logrado por los maestros del mudo, y generalmente los respetaba. En los sesenta directores del nuevo Hollywood como Francis Ford Coppola o Arthur Penn convivían con Wilder, Wyler o Ford. La ruptura fue evidente, pero también el respeto. Unos y otros iban a ver las películas de todos…. hasta que eso terminó. Fue Woody Allen quien dijo que antes daba gusto ir al cine, pero ya no. “Las generaciones más jóvenes carecen de cultura cinematográfica y de una relación familiar con el gran cine, y el cine que les gusta NO ME INTERESA”, concluyó tajante.

¿Qué puede esperar un realizador o guionista medianamente decente y honesto de las triviales payasadas que exigen las productoras de cine? ¿Qué ha pasado con los que financian el cine, con los estudios o grandes productoras de todo el planeta que se han empeñado en que el cine sea un patio de recreo? ¿Por qué tanto tebeo, tanto superhéroe, tanto niñato y tanto freak? ¿Por qué llegar al deliro de adaptar a la pantalla hasta juegos de mesa como Hundir la flota? ¿Es que se han vuelto locos o sencillamente son gilipollas? Posiblemente las dos cosas.

Conozco a gente de la industria que relativiza y te viene con el cínico cuento de que ya solo existe el público adolescente o infantil. Y es cómodo para ellos pensar así porque juegan siempre a caballo ganador y no tienen que comerse mucho el tarro, pero no es verdad. Es mentira. El cine pierde espectadores años tras año. Durante los primeros tres meses del 2012 las salas de cine han recaudado casi un 20 % menos que el pasado año, y un 27,7% menos que en 2010. Paradójicamente, este año películas maduras o para público adulto como Los descendientes, Los idus de marzo o La dama de hierro han sido respaldadas por el público ya crecidito, un espectador que existe y quiere ver cine adulto pero ha sido incomprensiblemente desalojado de las salas. Algunas de estas películas como Intocable (sobre una paralítico) o The Artist (muda y en blanco y negro) han sido gigantescos e inesperados exitazos.

Aparte de que me gusten o no, no entiendo cómo nadie se plantea los porqués de los éxitos de estas películas, de la evidente existencia en la sombra de un amplísimo público adulto que tiene nivel adquisitivo, tiene pasta y le gusta gastarla en cine, pero no es estupideces para críos, en películas dolorosamente malas como Ira de Titanes, John Carter, Underworld, Ghost Rider 2, Chronicle, Al borde del abismo o Sherlock Holmes. Qué falta de respeto a tan amplísimo y dignísimo grupo de gente...

Cuando Woody Allen hablaba de “las generaciones más jóvenes” cuyo cine repudia hablaba como espectador, como lo que somos muchos de nosotros. La fricción veterano/novato se ha trasladado al espectador. Ahora reina sólo el novato, el mozalbete palomitero. Y aunque está demostrado que hay mucho público para ver cine adulto, los matarifes que producen el cine actual lo siguen ninguneando porque todavía pueden vivir, aunque no sé hasta cuándo, de nuevas generaciones que sólo quieren cine sensacional, masticadito, inexperto y pueril.

Puede que la explicación a este infantilismo la diese, con gran claridad de ideas, un lector de este blog. Manuel Gómez de Barreda lo expresó así de bien: “Hay una nueva generación que no ha leído probablemente un sólo libro o argumento medianamente complejo en su vida. Y esa generación tiene ya una imaginación que está basada simplemente en la ocurrencia visual. No necesitan el más mínimo argumento complejo, trágico, problemático, simplemente se puede llamar "literario", para flipar con lo que ve. Es decir: la juventud dejó de tener una mente más literaria, interna, para tener una mente más anecdótica, y externa, con una gran simplificación de las situaciones que comprenden y disfrutan”. Amén. Escrito el sábado 5 y el domingo 7 de mayo de 2012.

lunes, abril 30, 2012

Mientras escribe Stephen King


No soy un gran fan de Stephen King pero me gusta su ensayo ‘Mientras escribo’, un interesante libro sobre lo que es, para bien o para mal, ser escritor. El libro es valioso por su experiencia, por su sinceridad y por el ánimo que contagia. Igual que Kubrick dijo una vez que lo que más le animó a meterse en el cine es ver el trabajo de los malos directores, King se pregunta: “¿Hay algo que dé más ánimos a un aprendiz de escritor que darse cuenta de que lo que escribe es superior a lo que han escrito otros cobrando?”.

De prosa fácil, verbo poco florido y nada dado a categorías, reglas o academicismos, King ha creído necesario vivir su vida no como algunos entienden “vivir la vida”. Es decir: moverse, viajar, cazar tigres y hazañas de esas. King cree fundamental quedarse en casa a leer mucho y a escribir todavía más. A mí, como a él, también me sorprende la gente que escribe y no lee o no ha leído en su puta vida. O la gente que hace cine y no tiene ni zorra de cine, o los que le dan al pincel y no visitan un museo ni atados. King escribe con una rabia que comparto: “Si no tienes tiempo de leer es que tampoco tienes tiempo para escribir, así de sencillo”.

Para alguien que quiere escribir no sólo hay que leer, también hay que dejar de leer paridas (por ejemplo en las redes sociales, muy entretenidas pero también muy peligrosas) o escuchar idioteces en el televisor. Se puede, sí, escribir por encargo, que es cuando se paga el alquiler, y se puede también escribir a sangre fría, que es cuando solo se calienta músculo. Pero estoy con él en que lo más glorioso es cuando lo vives, cuando estás inspirado, “cuando es algo fresco y quema tanto que no se puede tocar”.

Me ha interesado especialmente lo que escribe sobre la trama. Ya saben: “¿Y de qué va?” Puede que esta pregunta sea una de las más hijaputas que nadie puede hacerte, aunque lógicamente la hagamos todos. ¿De qué va Misery? ¿De un-señor-que-tiene-un-accidente-y-es-secuestrado-por-una-enfermera-loca-que-es-su-fan-y-lo-deja-paralítico-y-al-final-él-se-salva? Sobre la maldita trama King escribe que desconfía de los argumentos por dos razones. Una: nuestras vidas no tienen un argumento. Y dos: la espontaneidad y la diversión de la creación auténtica quedan anuladas por culpa de un argumento cerrado, apriorístico. Habrá quien lo crea un disparate, pero la narrativa se hace prácticamente sola, sin más.

Y los estereotipos, los jodidos estereotipos. King dice que es importante pensar que “en la vida real no hay nadie que sea EL MALO, EL AMIGO DEL ALMA o LA PUTA CON CORAZÓN DE ORO”. Y sobre todo, y por encima de todas las cosas: “Historia la tiene todo el mundo y en general no es muy interesante. Cíñete a las partes que lo sean. Contarle la vida a alguien solo se hace en los bares. Se hace, además, una hora antes de cerrar, y a condición de que consumas”.  Escrito el sábado 28 de abril de 2012.

lunes, abril 23, 2012

Ella también


Paseo de la Castellana. Cutre sinfonía de cláxones. Banderitas y bufandas blancas. Loró, loró, loró, soy apañol, apañol, loró, loró, loró. Vengo del barrio de NAPALM, obrero, mejor que el mío, momificado. Entramos en un garito porque NAPALM quiere ver el Mandril-Barza. A mí me la trae floja, pero acepto. NAPALM pasa desapercibido entre el personal con su look de chandalero mafioso. Yo, que parezco un conductor de autobús, también.

Gintonic y guailabelcola. El camarero y dueño del local tararea algo muy bajito. Tralaralaralaralara. Es un tipo extraño, de mentón marcado, mirada ratonil. Ellas son las que más llaman la atención del garito. Pocas imágenes son tan tristes como la de tías en un bar barato mirando sin ganas un televisor polvoriento que emite fútbol, deporte asexuado y aburrido, como aquellos hombres que las acompañaban hasta el bar y las abandonaban por Chumario Rosario. Gritos, sollozos. Uuuyyyyyy… No-me-jodas-hombre-que-eso-era-una-falta-como-la-copa-un-pino-anda-que-te-den-pol-culo-hijo-puta. Uno de los machos hace aspavientos. Los demás le responden con otros gestos. Se reconocen. Sólo les falta olerse el ojete.

El camarero no para. Tralaralaralaralara. O tiene un retraso o tiene los nervios hechos un cisco. Su mujer, bastante machacada y de pelo aceitoso, conoce su tic y le  avergüenza que me haya dado cuenta. Otro gintonic y otro guailabelcola, por favor. Tralaralaralaralara. Ella también se aburre mortalmente. Escrito el domingo 22 de abril de 2012.

martes, abril 17, 2012

A remar, y a callar

El rey campechano se fue de caza en “viaje privado” a despilfarrar de “su” dinero matando a un pobre elefante. Juancar se hizo pupita, y sólo por eso, por la lesión, nos enteramos de su costosísimo safari. Que si no… La noticia incendió la red, que proclamó la vuelta de la república y el fin del Borbón chupón. Ya saben: mucho “comparto”, mucho “me gusta”, mucho “hacer retweet” y su puta madre pero todo de boca, o de tecla, que es lo que generalmente se hace en las revueltas cibernéticas.
Y me incluyo entre el ganado.


Cada día me levanto con un abuso o un atropello y compruebo, triste y asqueado, que no existe canalización física para la ira, para el enfrentamiento, para decirles YA BASTA, HIJOS DE PUTA. Nueva ayuda a la banca de 50.000 millones mientras se anuncia un recorte de 10.000 menos en educación y sanidad, criminalización fascista de la legítima protesta callejera por parte del Ministro del Interior, un Ministro de Educación que dice que las aulas masificadas “ayudan a la socialización”… Así semana tras semana. Casi día a día.

Ante tamaña impunidad y carentes de un motín social que los ampare, algunos han optado por quitarse de en medio. De quitarse la vida, quiero decir. Hace pocos días el dueño de un bar de Benicarló se pegó un tiro “por las deudas”. El propietario del local le reclamaba la pasta del alquiler y el desgraciado se voló la cabeza. Lo mismo hizo Dimitris Christoulas, jubilado griego que se pegó un tiro delante de su Parlamento. Y, como escribía Ángela Vallvey, esto nada tiene que ver con la crisis del 29. En aquel crack “se suicidaron unos pocos banqueros y especuladores y, en la presente, muchos jubilados y otra pobre gente”. Y lo que nos queda por presenciar.

Todos estos acontecimientos me recuerdan a la versión del año 62 de Rebelión a bordo. En ella William Bligh (Trevor Howard) es un sádico capitán de barco que no duda en sacrificar a su tripulación, marinería que debe inmolarse por un fin: llegar al objetivo marcado por sus superiores. Ante las brutales e inhumanas medidas de Bligh, su segundo de abordo, Fletcher Christian (Marlon Brando), contiene su ira, se muerde los dientes, aguanta. Pero siempre que muere alguien a bordo, ante cada acto del sádico capitán, el marinero John Mills (Richard Harris) se acerca a Christian y le enumera cada muerto, cada sacrificado, cada víctima: Unos, dos, tres… Hasta que finalmente Christian revienta, desenfunda, amenaza al capitán y se hace con el barco.

Desgraciadamente, aquí no hay un Fletcher Christian para desenfundar, ni un John Mills para provocarlo. Aquí en España, un país insolidario, cainita, salvaje y brutal, no va a haber rebelión alguna, ni regeneración democracia verdadera, ni una solución humana y social al caos. Por eso el sadismo financiero y gubernamental continuará. Y el que tenga huevos que abandone el barco. El resto a remar, y a callar. Escrito el sábado 14 de abril de 2012.

martes, abril 10, 2012

Era mentira

“Se acabó el cine español”, titulaba El Mundo su reportaje sobre los recortes del gobierno y el negro futuro que se le avecina al sector peliculero. Ante este panorama unos han optado por el padecimiento apocalíptico (estos recortes son ideológicos, hay que emigrar… esas cosas) y otros por el optimismo casi infantil (otro modelo de cine es posible, agarra la cámara y sal a la calle a rodar… esas cosas).

Hace más de veinte años Coppola hizo unas declaraciones llenas de pasión por el cine que me marcaron. A muchos nos influyó esa soflama que nos vendía que con una cámara de video y un reducido equipo de amigos entregados podríamos HACER CINE. Coppola decía, resumidamente, que gracias a la tecnología al alcance de todo el mundo una niña de Ohio sería la nueva Mozart del cine. Sonaba precioso, pero era mentira. Pura engañifa. Porque aunque la niña de Ohio tenga una cámara no es suficiente para hacer cine y es una simplificación insultante del enredado proceso creativo que supone hacer películas.

Junto a tres amigos en un garaje y me hago un Tarantino. Grabo en la casa de la montaña y me hago una adaptación de El jardín de los cerezos en High Definition. Me pillo una furgoneta, tres actores y una cámara y hago el nuevo Easy Rider. Pues no, oigan. La proclama “coge la cámara y sal a rodar” ha hecho mucho daño y es una mentecatez. Soy el primero en reconocer el disfrute que supone lanzarse a la calle con tu cámara y tus amigos, pero tampoco nos la chupemos.

Y que conste que me asombra el empuje de gente que graba ficción o documental con dos euros, dos amigos y dos interiores. Me flipa la osadía de autogestionarse con sus ahorros o con un crowdfunding de esos tan de moda. Pero los resultados, lo siento, se notan. Se percibe que falta dinero, tiempo, gente y apoyos. ¿Que entre no hacerlo y hacerlo sin dinero eliges lo segundo? Bien, genial, pero atente al resultado si vas de Cassavetes y acabas rodando un video de comunión.

El amateurismo del cine no deja de ser amateurismo por mucha ilusión y aptitud que tengas porque el cine sin dinero necesita un mínimo equipo de señores a los que hay que llamar, explicar, conocer, convencer, mimar, esperar, organizar y dictar con tacto. Gente que te puede dejar tirado porque no cobra o no le gustas, o que te hará el favor cuando le apetezca. Para hacer cine hace falta más que una cámara. Hace falta pasta, contactos, rogar, insistir, pelotear, invitar, sablear, embaucar, convencer, pedir favores, pedir prestado, pedir permiso, gastar dinero y perder tiempo. Mucho tiempo. Algo que puede convertir una bonita forma de expresión en algo desesperadamente aburrido y frustrante. Escrito el lunes 9 y martes 10 de abril de 2012.

jueves, marzo 15, 2012

El patito de goma

Hace unos días vi una película mala en la que Sean Penn calcaba al cantante de The Cure en un personaje bastante insufrible y llevado al extremo. La película, más grotesca que gótica, se llama This Must Be the Place y no alcanzo a entender cómo algo tan insulso tiene 25 millones de dólares de presupuesto. Me pierdo.

En This Must Be the Place no sabemos qué le pasa a Cheyenne, el personaje que interpreta Penn, pero intuimos que tiene un trauma horroroso. La película no va de nada. Cheyenne de compras, Cheyenne jugando al tenis, Cheyenne en el centro comercial, Cheyenne comiendo pizza, Cheyenne en un concierto… todo así. Pero Cheyenne tiene un trauma y el guionista y director (el mediocre Paolo Sorrentino) se lo guarda para epatarnos en el momento que él, que para eso es un creador, decida. Como ODIO este tipo de narraciones embusteras…

Esta desdichada película me recordó al “patito de goma” del que hablaban el director Sydney Lumet y el guionista Paddy Chayefsky. Lumet lo escribió: “En los primeros días de la televisión, cuando la escuela del realismo mantenía su influencia, siempre llegábamos a un punto en que EXPLICÁBAMOS el personaje. Pasados dos tercios del metraje, alguien expresaba la verdad psicológica que hacía al personaje ser como era. Chayefsky y yo solíamos denominar a esto la escuela dramática del patito de goma: “En una ocasión alguien le quitó su patito de goma, y por esa razón se convirtió en un asesino perturbado”. Era la moda entonces y todavía lo es hoy”. Escrito la noche del 14 de marzo de 2012.

miércoles, marzo 07, 2012

Young Adult

Podría haber sido una buena película, pero se queda en buen intento. Y es una pena porque el cine americano no está sobrado de personajes reales, de pueblos reales, de vidas reales, de gente real. La premisa de Young Adult es interesante: típica guapa de pueblo norteamericano (ayer “Miss cabello bonito”, hoy una “escritora fantasma” de libros infantiles) regresa a sus orígenes con el disparatado propósito de recuperar a un viejo amor, un hombre todavía atractivo pero horterilla, insulso, casado y que encima acaba de ser padre, que es lo que ha ella, que está como una regadera, más le pone.

El primer bache de Young Adult es que Mavis, la prota, llega al pueblo sin llamar a nadie, sin presentarse, pero nada más llegar entabla amistad con un freak amorfo, cojo y medio castrado por una paliza (¿?) que la adoraba de adolescente y que ahora la escucha y aconseja con complicidad. No me lo creo. No me trago que una mujer con el bagaje del personaje y el físico de Charlize Theron llegue a intimar tan prono, tanto y tan íntimamente con ese señor.

Theron, que ha sido muy lista al haber cazado este personaje con lo mal que anda Hollywood en buenos protagonistas femeninos, es otro de los problemas de Young Adult. Me resulta bastante complicado ver a esta mujer en la piel de una casi cuarentona egocéntrica, perdedora, alcohólica y desequilibrada. No niego su arrojo para aceptar ese papel, pero creo que su director Jason Reitman y el estudio Paramount deberían haber sido más valientes eligiendo a una actriz más creíble y menos célebre.

Y aunque el guión de Diablo Cody -que puede que como guionista no supere lo que logró en Juno, su primer trabajo con Retiman- tiene algunas frases ingeniosas y alguna secuencia lustrosa, esconde torpezas como que conozcamos a los padres y el antiguo hogar de Mavis casi al final del metraje, una elección extraña por lo que pierde de intensidad dramática y descriptiva.

La película, que no es mala y se deja ver, resucita sorprendentemente en el tercer acto, pero ya tarde y siguiendo la tónica de insipidez de Up In The Air, el anterior y decepcionante trabajo de Reitman. Una pena. Escrito la noche del 6 de marzo de 2012.

viernes, febrero 24, 2012

Cine enciclopédico

Una nueva tendencia que me llama la atención en el cine actual, y que está presente en los Oscar, es el enciclopedismo. Tres de las nominadas son películas con homenajes, referencias y citas al cine pasado, a lo antiguo, al “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Negados para palpar el tiempo presente, muchos cineastas se conforman con el recuerdo de los good old days, con el homenaje didáctico, con el cine enciclopédico. Las tres películas son Medianoche en París, The Artist y La invención de Hugo. Las tres se acercan al cine o a la cultura de una manera epidérmica y cualquier cinéfilo de verdad sólo tiene dos cosas que decir ante ellas: “Gracias, pero ya me conozco esta historia” o “Gracias por este bello homenaje”.

En la entretenida Medianoche en París tenemos hasta una guía cultural, Carla Bruni (¿?), y la gran enciclopedia de los creativos años veinte: Auguste Rodin, Cole y Linda Porter, Jean Cocteau, los Fitzgerald, Gertrude Stein y su novia Alice B. Toklas, Picasso, Buñuel, Dalí, Man Ray, Josephine Baker, Toulouse-Lautrec… Están todos.

Nos han vendido The Artist, una de las mayores estafas cinematográficas que he visto en años, como el gran homenaje al cine mudo, pero en realidad es un pastiche donde han mezclado sin mucha originalidad el estilo del cine mudo con el del cine clásico de los 40 (plagian sin pudor Ciudadano Kane) o los 50 (con “homenajes” a Cantando bajo la lluvia, El crepúsculo de los dioses o Vértigo, cuya banda sonora violan de forma torpe y fraudulenta).

La invención de Hugo ha sido definida como “un film de Scorsese para toda la familia”, pero en realidad esconde otro homenaje cultureta a los grandes pioneros del cine. A Méliès, a los Lumière, a Porter, a Lloyd o a Chaplin. Hugo no es una película para niños, sino para cinéfilos, una película que podría haber sido estupenda (su tercer acto es brillante) si no es por resultar previsible, por su flojo arranque, por su sosa parejita protagonista, por el presunto humor de Sacha Baron Cohen y porque por momentos crees estar viendo una peli de Spielberg, o lo que es peor: un juego de ordenador.

Paradojicamente, el abuelito Scorsese escupe la poca bilis que le queda contra el ordenador. Y frente a lo digital reivindica el truco, los mecanismos, las trampas y la magia de los viejos artesanos. Pero lo hace, y hay que ser muy cínico, con una carísima película digital.

viernes, febrero 17, 2012

Maquíllate, maquíllate

Vuelven los Oscar y con ellos las fortunas gastadas en publicidad, los rumores, los cotilleos, las quinielas, las anécdotas imbéciles… todo eso que poco tiene que ver con el buen cine. Un año más la mayoría de las películas nominadas son muy flojas.

En estos Oscar me ha llamado la atención la categoría de Mejor actriz femenina. Las cinco actrices son buenas, pero todas menos una (Viola Davis, de Criadas y señoras) han tenido que interpretar con mucho maquillaje encima o con una gran transformación. En dos casos han tenido que imitar a alguien conocido (Meryl Streep en La dama de hierro y Michelle Williams en My week with Marilyn) y en los otros dos han sufrido una transformación muy exhibicionista (Glenn Close en Albert Nobbs y Rooney Mara en Los hombres que no amaban a las mujeres). La peli de la Streep y la de la Close también están nominadas al mejor maquillaje.

Me llama la atención que en esta categoría se hayan olvidado de Shailene Woodley, excelente y joven actriz que hace de una persona normal en Los descendientes. Y es que eso de hacer de alguien corriente y moliente no parece cuajar muy bien con los Oscar. Woodley, que con 20 años ya está bastante bregada en la tele (O.C., Crossing Jordan, Me llamo Earl o CSI: Nueva York) nos ha dado en la película Alexander Payne una lección de verdad, estilo e instinto. Es una pedazo de actriz. Pero claro, en su curro no hay maquillaje ni exhibición.

Por cierto: En pleno siglo XXI ¿qué le pasa a Hollywood con los maquillajes viejunos? ¿Han visto los maquillajes de J. Edgar, la de Eastwood? Dios santo, qué bochorno… Escrito la noche del jueves 16 de febrero de 2012.

viernes, febrero 10, 2012

Gagaismo

Hace poco NAPALM publicó en su blog un post llamando a Woody Allen de todo menos guapo, y sobre todo gagá. Le cabreaba que un director con su talentazo fuese hoy tan simplón y acabase haciendo una peli de postalitas. A mí Medianoche en París no me desagradó, aunque me pareció que pecaba de demasiados guiños intelectualoides.

Hace poco vi War Horse, la peli del jovencito y el caballito de Steven Spielberg, y tuve la sensación de estar viendo la película de un señor muy pero que muy mayor. Y me entraron ganas de llamar a Steven “Abuelita Spielberg”, que es como llamaba Juan Antonio Bardem despectivamente a Frank Capra. Luego Bardem fue también muy abuelita.

Me interesa la práctica del gagaismo, todo un fenómeno que no sólo afecta a Allen o a Spielberg. ¿Cómo es posible que Scorsese, el director de Taxi Driver, estrene hoy cosas infantiles como La invención de Hugo? ¿Cómo es posible que Oliver Stone, el director de JFK, estrene ponzoñas patrioteras como World Trade Center? ¿Por qué David Cronenberg, aquel que revolucionó el fantástico con todo tipo de perversiones carnales, estrena hoy bodrios didácticos y académicos como Un método peligroso? ¿Y la abuelita Almodóvar? ¿Y las últimas pelis viejunas de Coppola, Polanski o Clint Eastwood, o de autores que en sus inicios transgredieron como Bernardo Bertolucci, Mike Nichols, Neil Jordan, Ridley Scott, Tim Burton, Michael Mann, Gus Van Sant…?

La definición de gagá es la de alguien que chochea con la edad. Y creativamente también se puede chochear. La decadencia creativa parece consustancial al deterioro humano. Menos mal que no todos los directores de cine sufren gagaismo. Algunos fueron arriesgaron más de mayores que de jóvenes. Pienso, arbitrariamente, en Stanley Kubrick, John Huston, Akira Kurosawa, John Boorman, John Cassavettes, Bob Fosse, Robert Aldrich, Robert Altman, Sidney Lumet, Richard Brooks, David Lynch o Luis Buñuel. Jóvenes hasta el final. Menos mal. Escrito la noche del 8 de febrero de 2012.

miércoles, febrero 01, 2012

Los descendientes: muerte absurda, vida absurda

Lo ha vuelto a hacer, y ha tardado siete años. Desde la memorable Entre copas Alexander Payne, el cineasta de Omaha (ciudad que no cambia por Los Ángeles porque no quiere vivir "con gente de su oficio sino con gente normal"), se hacía de rogar en el largometraje. En esos años no ha perdido el tiempo: ha tenido una operación quirúrgica, se ha divorciado, rodó un corto magnífico para el filme colectivo Paris, je t'aime, ha trabajado en televisión (dirigió el piloto de Hung) y ha tenido que abandonar Downsizing, un proyecto al que ha llamado su “épica obra maestra” y que resultaba económicamente inviable.

Los descendientes es un encargo. A Payne, que acababa de abandonar Downsizing, le ofrecieron dirigir la adaptación a la televisión de la prestigiosa novela de Franzen Libertad, pero no le apetecía dedicar dos años de su vida a esos personajes. Entonces Stephen Frears abandonó el proyecto Los descendientes y a Payne le sedujo la historia y “la extrañísima atmósfera socio-cultural de clase alta de Hawai”.

Pensó que los ingredientes darían para un buen filme y pensó bien. Payne y los guionistas Nat Saxon y Jim Rash (y antes el novelista Kaki H. Hemmings) han logrado algo brillante: que alrededor de una mujer en coma, una mujer prácticamente muerta, se orqueste una representación tan vital que te deja sin palabras, te emociona hasta lo más hondo. Y todo escrito en un tono de comedia dramática muy difícil y valiente, un tono que recuerda a A propósito de Schmidt, film cuyo universo Payne rescata. Las coincidencias son evidentes: una ciudad gris, un hombre en el otoño de su vida que lo ha dado todo al trabajo, un tipo que descubre que su desaparecida pareja le ponía los cuernos con otro y un padre que ha perdido el control de su hija.

Lo mismo le ocurre aquí a Matt (George Clooney), solo que con una particularidad: su mujer no ha desaparecido del todo, aunque ya sólo es un vegetal. Lo que cualquier guionista mediocre hubiese hecho con esta situación es tirar del melodrama o de la lágrima fácil, pero Payne y sus guionistas logran mezclar momentos de hilaridad y momentos de desgarro con pasmosa habilidad. Su trabajo es sincero, honesto, luminoso. Frente a la mujer en coma Matt se enfada, le grita, patalea y le dice de todo, igual que su hija mayor o la mujer de su amante. Ponen verde a una mujer desahuciada, pero también a una mujer que ha hecho mucho daño. Y Matt también se derrumba en su despedida, antes de desconectarla, uno de los momentos más desgarradores que he vivido desde hace bastante tiempo ante una pantalla.

Los descendientes es el cine que merece la pena ver, recordar y rescatar cada cierto tiempo, cine perdurable y sobre todo cine maduro, escrito y rodado por gente que no sólo quiere entretener a la audiencia sino que además se cuestiona cosas, se hace preguntas sobre lo que es ser amante, marido y padre. Y sobre lo que significa estar vivo. Porque si algo revela esta película es EL ABSURDO. Lo absurdo que es todo en el fondo, lo absurdos que somos. Lo radiantes, guapos y folladores que somos hasta que en unos segundos nos convertimos en un vegetal con la boca agrietada y el pelo grasiento. En segundos. Lo ha explicado muy bien el propio Payne: “El cine debe ser consciente del absurdo de la vida y reflejarlo, del absurdo de la existencia detrás de cada detalle. Hay que aceptar lo absurdo que es todo y tener un sentido del humor hacia ello”.

Una película vital con la muerte como motor de todo, eso me parece Los descendientes, otra gran película de Alexander Payne, que en mayo empieza a rodar la esperada Nebraska, otra de sus road-movies que trata sobre… ¿adivinan? Sí. Un padre, un hijo y cuentas pendientes. Escrito el sábado 21 de enero de 2012.

Textos relacionados: ENTRE COPAS: Mi película de la década y A PROPÓSITO DE SCHMIDT, Jack Nicholson y mi padre

martes, enero 24, 2012

Populismo y Megaupload

El FBI chapó Megaupload de forma un poco abrupta, rollo Intocables. Tras saltar la noticia, descubrimos que su responsable era un pájaro de cuidado y que no sólo Alejandro Sanz tiene una mansión, la "Cultura libre" también da mucha pasta. Descubrimos también que el amigo se dedicó a comerciar con tarjetas de crédito robadas, fue culpable de malversación y condenado a dos años por fraude informático y manipulación de objetos robados y a un año y ocho meses por uso de información privilegiada. Una lástima la gente que tenía cuentas en Megaupload, pero tendrían que haberse informado antes del chiringuito donde se metían. En definitiva: un tinglado con ánimo de (mucho) lucro que se follaba los derechos de cientos de miles de autores y productores. Hay quien ha recordado que la gente también utilizaba Megaupload para guardar vídeos y fotos, un argumento bastante bochornoso.

El cierre de Megaupload es un asunto industrial y económico, no ideológico. Es una guerra comercial: si me robas una vez o dos espero, pero si me robas un millón de veces te destrozo. Este cierre, nada sorprendente, es un golpe sobre la mesa de una industria con poder y cansada de la sangría en su sector. Sólo en Estados Unidos (cuya industria del cine produce más de DOS CON DOS MILLONES DE EMPLEOS) la falsificación y la piratería han costado a su economía miles de millones de dólares. Por eso la industria ha atacado con toda su artillería. Lo hizo hasta contra el presidente Obama cuando mostró dudas legales ante la SOPA, disparatada ley que ha quedado, afortunadamente, en la nevera.

Esto de las descargas va en serio. Sólo hay que recordar el cable de la embajada norteamericana en España en el que se amenazaba sin rodeos al gobierno español. Se fraguó una hoja de ruta y una ley con el apellido de la Ministra de Cultura, antes Presidenta de la Academia DE CINE. Casualidad. En diciembre los americanos mandaron una carta al nuevo gobierno pidiendo que se aprobara de una vez la Ley Sinde bajo la amenaza de castigos comerciales. Y el nuevo ministro Wert anunció el continuismo y las buenas relaciones, que de eso se trata. ¿O es que no recordamos el dinero que se gastó el gobierno socialista, ese que apoya TANTO al cine español, en emitir películas de Hollywood en su televisión? TVE, sólo en un año, despilfarró en las majors de Hollywood NOVENTA MILLONES DE EUROS.

Discutir con los furibundos del “todo gratis” es una pérdida de tiempo, pero sí creo que el resto deberíamos llegar a cierto equilibro en el tema de las descargas. ¿Cuál sería el equilibrio? Es difícil de saber. Yo, que me bajo sobre todo series que jamás veré emitidas en España, creo que no es justo que a muchos autores se les pisotee sus derechos y que a muchos productores se les pisotee los productos por los que han apostado, luchado y gastado mucha pasta. El acceso justo a la cultura es un concepto maravilloso y muy hippie, pero debe haber justicia para todos: para los usuarios y para los autores y productores. No todo el mundo es Sony, Fox o Alejandro Sanz, hay cientos de miles de pequeños y medianos productores y autores que comen, como cualquiera de nosotros. Y Sony, Fox o Alejandro Sanz tienen derecho a defender sus productos como lo puede hacer un productor de fresas o de baldosas, faltaría más.

Con la operación contra Megaupload no ha ganado nadie. Ni los que lo usaban ni la industria, que pronto verá como de este Megaupload nacen siete nuevos. Tampoco ganamos nada con la demagogia. Para un autor o un productor igual de malo es el industrial que se aprovecha de él como el internauta que se pasa sus derechos y su trabajo por el forro. Señores productores: hagan productos mejores, más accesibles, más variados, más modernos y más asumibles por los sueldos de los ciudadanos. Señores usuarios: intercambiar productos culturales es legítimo, pero el “todo gratis” no, lo disfracen como lo disfracen. Escrito las noches del martes 17 y jueves 19 y el domingo 22 de enero de 2012.

miércoles, enero 18, 2012

Obscenidades

Hace días, unas infames imágenes aparecidas en YouTube dieron la vuelta al mundo. Cuatro marines se sacaban la chorra y orinaban sobre los cadáveres ensangrentados de tres talibán en Afganistán. La cámara los encuadra y ellos preguntan si les están enfocando bien. Uno de ellos dice: “¡Qué tengas un buen día, tío!”. Otro exclama: “¡Dorada como una lluvia!”.

Y el fariseísmo mediático y político, claro, puso el grito en el cielo. ¿Cómo se puede hacer eso? Qué indecencia, qué atrocidad. Es curioso que todavía, en pleno siglo XXI, haya quien se rasgue las vestiduras y reclame decencia en la guerra, uno de los actos humanos más indecentes que existen. Nos parece obsceno que cuatro marines retardados se churren encima de tres talibán, pero no tanto que les vuelen la tapa de los sesos con un fusil de precisión.

Cuando leí la noticia de la corresponsal de El Mundo en Nueva York, María Ramírez, recordé al coronel Kurtz en Apocalypse Now. Rememoré al iluminado militar hablando a una grabadora y diciendo que a sus muchachos no les dejaban escribir JODER en las bombas que tiraban a la población vietnamita porque “es obsceno”.

A pesar de lo que cacareen los fariseos, no ha cambiado nada desde Vietnam ni desde la Segunda Guerra Mundial, en la que, como bien recordó Ramírez, el presidente Roosevelt recibió un abridor de cartas hecho con el brazo de un japonés muerto. Seamos serios: esto ha pasado y pasará siempre. Es la guerra. O como ha escrito David Gistau: "Siempre hubo un soldado dispuesto a mearse sobre el cadáver del enemigo. Lo que no había era YouTube”. Escrito el domingo 15 de enero de 2011.

martes, enero 10, 2012

“Mihi ipsi scripsi”

Nietzsche no tenía abuela. Se consideraba el mejor de los filósofos y el mejor de los poetas. Sé poco de filosofía y nada de poesía, así que no sé si su ego estaba justificado. Lo cierto es que pomposo era un rato. Cuando sólo tenía catorce añitos Nietzsche, en vez de darle al balón o a los billares, redactó un ensayo autobiográfico (¿?) en uno de sus cuadernillos escolares. El muy presuntuoso lo tituló ‘De mi vida’. Toma ya. En el tramo final de este cuadernillo escolar nietzschiano, el pequeño Federico escribió que “escribía sus propios libros para leerlos inmediatamente después”.

Y nunca abandonó ese placer, esa necesidad, esa soledad, ese ensimismamiento. Y no lo abandonaría jamás. El chollo de Nietzsche fue conseguir una modesta manutención universitaria que le permitió pensar y escribir y leerse en libertad absoluta, sin tener que rendir cuentas de sus escritos a nadie, sólo a sí mismo. Y esa fue también su maldición. Paradójicamente, su pensamiento y aislamiento lo llevaron a la locura.

Fueron diez productivos años en los que levantó sus grandes obras. Y en la conclusión de cada una de ellas Nietzsche se repetía a sí mismo: “Mihi ipsi scripsi”. Es decir: “He escrito PARA MÍ MISMO”. Volvía a aparecer aquel lejano deseo infantil. Nietzsche no escribía para ser admirado, para ganar dinero, para obtener premios, para los colegas, para los editores o para sus escasos lectores. Escribía para leerse. Toda una lección. Escrito la noche del 3 de enero de 2012.

martes, enero 03, 2012

El peor y mejor cine en 2011

Las listas del mejor o peor cine del año son superficiales pero también muy entretenidas, ayudan a hacer balance y generan debate y tertulia. Yo personalmente me lo paso pipa haciéndolas. Este año ha sido bastante espantoso para el pobre cine, que sigue en caída libre, perdiendo calidad y espectadores (la peor recaudación en 16 años). Como he visto escaso cine que no sea olvidable o directamente malo, me voy a centrar en las muchas decepciones de 2011. Así de cenizo soy.

Pocas películas comerciales voy a comentar en mi lista de las peores porque no he visto muchas, no se me ocurre ni borracho entrar en una sala para ver el remake de Conan, otra basura de Piratas del Caribe, otra de Nicolas Cage, otra memez de niñatos vampiros, otra del Harry Potter, otro disparate de Almodóvar o El Capitán Trueno, que me han dicho que es de poner una denuncia.

Recuerdo especialmente dos despotorros carísimos, dos superproducciones que despilfarraron el equivalente al PIB de un país tercermundista: Thor y Cowboys y Aliens. Malísimas las dos. En lo que a género fantástico se refiere Invasión a la Tierra (Battle Los Angeles) me pareció paupérrima y Attack the Block una tontería con ambiente ochenteno como el que tenía Super 8, melindrosa y con uno de los peores guiones del año. Spielberg estaba detrás y en 2011 también estrenó la olvidable y pixelada Tintín. Y para culto al píxel la nueva del Planeta de los simios, nada nuevo ni para el género ni para la franquicia.

En cuanto al cine de autor, recuerdo el disgusto de ver la irritante Melancolía, una astracanada, y El árbol de la vida, que es como un anuncio de Ikea de tres horas. Otro insulto a la inteligencia es Somewhere, con Sofía Coppola otra vez empeñada en dirigir películas sobre gente como ella: pijas tremendamente aburridas. Polanski también resbaló este año con Un dios salvaje, película imposible porque parte de una obra de teatro muy mediocre. También falló Robert Redford. La conspiración es académica, muy poco imaginativa y aburridísima. Ah. Y de Inside Job no entendí ni la mitad. Me fascina la gente que me la recomienda, no creí que había tanto experto en macroeconomía financiera entre mis amistades.

Y acabo mi lista con una pequeña especulación personal: Puede que la última película de Woody Allen no sea lo buena que me pareció. Puede que mi amigo NAPALM tenga razón y Medianoche en París sea una película floja, reaccionaria y con una aforismo relativista (“no hay tiempos actuales menos brillantes que los pasados, sólo personas nostálgicas”) irritante. Puede que Woody sea otro de los grandes que se nos ha vuelto gagá.

¿Y lo mejor? Declaro desierta la lista de las mejores del 2011. No ha habido nivel.
Escrito el sábado 31 de diciembre de 2011 y domingo 1 de enero de 2012.