martes, octubre 21, 2008

Memorias de un príncipe en Hollywood

Texto corregido y reeditado.

Ayer les hablaba maravillas de la novela ‘¿Por qué corre Sammy?’. Hay otro libro fundamental de su autor, Budd Schulberg, del que ya hablé hace tiempo en otro blog de amargo recuerdo. La editorial Acantilado tuvo el ojo de rescatar también este fundamental libro sobre los entresijos de los estudios de cine desde sus inicios, cuando Hollywood sólo era un naranjal y las películas se rodaban en amplios graneros. Y lo más grande de este libro es que no está contado por un investigador, un periodista o un historiador, sino por el mimado y protegido hijo de un magnate (B.P.Schulberg) de aquellos tiempos, alguien con talento narrativo que vivió de primera mano la creación del imperio Paramount Pictures. Suena bien, ¿no?

La infancia y adolescencia de su autor es la de un chaval que jugaba a los cristianos y a los romanos en el plató original del primer Ben-Hur, a los indios y vaqueros en un saloon de película, que jodía una toma de los hermanos Marx al empezar a descojonarse mientras la observaba escondido y que discutía con sus amigos sobre si las películas y estrellas de su padre eran mejores que las de los suyos.

‘De cine. Memorias de un príncipe en Hollywood’ es un libro de memorias honesto. Ni es un ajuste de cuentas como otros libros de hijos de grandes de Hollywood, ni es un panegírico sobre sus maravillosos padres y sus amigos pioneros. En su justa medida, Budd reconoce el valor de los adelantados que levantaron una industria mundial pero a la vez recuerda que nada dura y que poco es sólido en el mundo peliculero: “El mundo del cine, por el hecho de depender de personalidades y de esos momentos fugaces de fama y poder, resulta especialmente vulnerable al oportunismo. Los lazos afectivos rápidamente se convierten en lazos de odio, y los juramentos de lealtad personal, salvo raras excepciones, están condenados a romperse”.

Más le vale a uno quitarse los prejuicios antes de adentrarse en el mundo del joven Schulberg, que no es precisamente el de Émile Zola. Imagínense el pastel: lujosas mansiones, casa de la playa en Malibú, coches de ensueño, chofer, mayordomo, un ejército de criadas, despilfarradoras fiestas con famosos, partidas de poker con miles de dólares sobre el tapete verde, flirteos de papá con lozanas estrellas de cine… Y todo visto desde la mirada de alguien que acabó alejado de todo ese mundo y que optó por hacerse escritor, su gran ambición. Imagínense lo que fueron los 20 en Hollywood, cuando “no había impuestos, ni contables, ni administradores, ni refugios fiscales, la filosofía consistía en ganar y gastar y el total de las entradas vendidas equivalía a la mitad de la población de los Estados Unidos”.

Pero no todo era tan divertido. Aunque el Hollywood en ebullición tan bien retratado por Schulberg era el Hollywood del valiente Chaplin, del sensible Thalberg, del iluminado Stroheim, del bueno de Capra o del sádico pero genial Browning, también era el del nazi Jannings o del capo Mayer, cuyo credo era “dar al público lo que ‘el público’ quería, hasta el mínimo denominador común: la mentalidad del espectador de doce años”. El mayoritario cine actual, vamos.

El carácter y el talento para oler el talento del padre de Schulberg era lo opuesto al ratero L. B. Mayer. En una de sus discusiones Mayer propuso que los estudios, bajo un pacto secreto, no se intercambiasen a los actores “para que los estudios no se peleen por ellos y así conservarlos para siempre”. La respuesta de papá Schulberg fue buena: “Louie… este sistema ya se probó una vez en este país, y fue abolido. Se llama esclavitud”. La respuesta, al conocer el incidente, del ácido Herman J. Mankiewicz (guionista de Ciudadano Kane) fue magistral: “Mayer tiene memoria de elefante. Y piel de elefante. La única diferencia es que los elefantes son vegetarianos y la alimentación favorita de Mayer es su semejante”.

Uno de los capítulos más divertidos del libro es aquel en el que Schulberg recuerda y retrata a los padres de los magnates, todos judíos ortodoxos que no paraban de rezar a su exigente dios, a los que se les construyó su templo o “shul” y no entendían “cómo de sus entrañas habían podido nacer hijos tan extraños como el escandaloso, bromista e informal Jack Warner; o un dictador blasfemo, irreverente y matón como Harry Cohn (Columbia) o un tipo influyente, astuto y ambicioso como L.B.Mayer (Metro)”.

A veces los enchufes funcionan y no sólo se enchufa a inútiles. Budd Schulberg, que empezó como periodista y crítico de cine, demostró que era más que un hijo de papá magnate firmando guiones tan magistrales como el oscarizado La ley del silencio y Un rostro entre la multitud, los dos dirigidos por su amigo Elia Kazan, o Más dura será la caída. Encima, en este libro aprendí grandes cosas sobre el oficio de escribir: “La petulancia ayuda mientras uno está escribiendo, pero la humildad es el pasaporte a la reescritura”. O “Los escritores no tienen que participar en debates. Los escritores escriben porque esa es su forma de no tener que hablar”.
También sobre el periodismo como puente a la literatura en boca del inmenso Ben Hecht. Dice así: “En un periódico te tratan a patadas. Aprendes a base de errores. No tienes más remedio que sentarte y escribir, estés o no preparado. Ahora le doy a la máquina y dejo que la poesía surja por sí sola”.

Si a alguien le interesa un libro ESENCIAL sobre Hollywood, que no dude en hacerse con él.

3 comentarios:

dani dijo...

Muy interesante, el libro

wallander dijo...

Ya comentaste esta interesante obra en otra ocasión y te digo lo mismo: lástima que este libro acabe cuando empieza el cine sonoro… y no hubo segunda parte. También nos hubiéramos divertido un montón, quizá más, porque el cine mudo no es tan conocido y las estrellas del sonoro nos son más cercaanas.

IVAN REGUERA dijo...

Wallander: No te quepa duda. De hecho, en la carrera de Schulberg está la mancha de su declaración en la caza de brujas. Otro tema apasionante.

Aun así, el libro merece mucho la pena y ya hay muchos que hablan del Hollywood sonoro.

Si te interesa este tipo debes leer, si no lo has hecho ya, ¿Por qué corre Sammy?.