martes, septiembre 15, 2009

Dalí, ¡calla y pinta!

‘Diario de un genio’, de Salvador Dalí, es posiblemente el diario más repulsivo que he leído en mi vida. Interesado por las reflexiones de uno de los grandes artistas españoles del XX, me hice con un ejemplar y tardé dos días en abandonarlo. Aunque el librito cuenta con interesantes sentencias sobre la pintura, los pintores, la gloria, la fama, el dinero y todo aquello que a Dalí le interesaba, acaba siendo repetitivo, onanista y desagradable.

Por muy Dalí que sea, no estoy hecho para leer sus reflexiones sobre la forma, color y olor de sus celestiales deposiciones, páginas y páginas. Dalí cagaba genialidades. Dalí cagaba ideas y cagaba “arte”. Su publicitado ego era una mezcla de provocación inteligente y chifladura machacona. “Cada mañana, al despertarme, experimento un placer supremo del que hasta hoy no me había dado cuenta del todo: el de ser Salvador Dalí, y me pregunto, maravillado, qué prodigio le reserva el día a Salvador Dalí. Y cada vez me cuesta más comprender cómo los demás pueden vivir sin ser Gala o Salvador Dalí”.

Sólo le faltó cagar oro, evolución que hubiese sido lógica en Avida Dollars. Sobre este alias, cuenta Dalí: “Meticulosamente, Breton compuso un anagrama, Avida Dollars. Debo reconocer que se ajustaba bastante bien a mis ambiciones inmediatas de entonces. Reflexioné diecisiete minutos: Salvador Dalí iba a convertirse en la más insigne cortesana de su tiempo. Y en eso me convertí”.

Intentando terminar esta inmensa paja, tuve siempre presente otras memorias, mucho más logradas y honestas. Las de Luis Buñuel. Los dos fueron grandes amigos y coincidieron en el Movimiento Surrealista. Sobre esta etapa, escribió Buñuel: “Devorados por unos sueños tan grandes como la tierra, no éramos nada, nada más que un grupito de intelectuales insolentes que peroraban en un café y publicaban en una revista”. Dalí escribe sobre los surrealistas: “Me autorizaban a representar sexos, pero no fantasías anales. ¡Cualquier clase de ano era observado de manera muy sospechosa! Las lesbianas les gustaban mucho, pero no los pederastas”.

Los dos nombres se encuentran en una de las páginas de ‘Diario de un genio’. Y Dalí se muestra repugnantemente revanchista: “A los veinte años, recién llegado a París, realicé en colaboración con Buñuel dos películas que han pasado a la historia: Un perro andaluz y La edad de Oro. Después Buñuel trabajó solo y dirigió otras películas, con los que me hizo el inestimable servicio de revelar al público a quién se debía el aspecto genial y a quién el aspecto primario de Un perro andaluz y de La edad de Oro”.

Buñuel, en ‘Mi último suspiro’, es mucho más elegante: “Cuando pienso en él, pese a todos los recuerdos de nuestra juventud, pese a la admiración que todavía hoy me inspira una parte de su obra, me es imposible perdonarle su exhibicionismo ferozmente egocéntrico, su cínica adhesión al franquismo y, sobre todo, su odio declarado a la amistad. Hace algunos años, yo declaré en una entrevista que, de todos modos, me gustaría tomar una copa de champaña con él antes de morir. Él leyó la entrevista y dijo: ‘A mí también, pero no bebo’”.

La conclusión que uno saca al cerrar el libro y dar por imposible ‘Diario de un genio’ está escrita por el propio Dalí en su masturbación literaria: “¡Pintor, no eres un orador! ¡Por lo tanto calla y pinta!”.

Escrito el sábado 5 y domingo 6 de septiembre de 2009.

4 comentarios:

israelnava dijo...

Dentro de poco saldrá una doble edición en dvd de "Un perro andaluz", en la que, orgullosamente lo digo, estoy participando.

Tendrá entrevistas interesantes y una de ellas va sobre Dalí y su relación con el cine.

Por otro lado, ¿por qué los genios tienen que ser personas atormentadas o excéntricas? ¿No hay genios discretos? :)

IVAN REGUERA dijo...

Isarel: ¡Qué cojonudo haber currado ahí, amigo!

Los hay discretos y normales. Luis Buñuel, con todas sus rarezas y sus fetichismos, lo era.

Awake at last dijo...

A mí es que Dalí me da ASCO en todos sus aspectos, :-)

Mks.

IVAN REGUERA dijo...

Awake: Pues ni se te ocurra leerlo porque te daría algo.