jueves, mayo 26, 2005

DE PUTAS (tristes)




Leo anonadado un texto de Lucía Etxebarría que aparece en www.otrarealidad.net, web en donde colaboro feliz desde hace años. Se mete Lucía con García Márquez escribiendo sobre “Memoria de mis putas tristes”:

“Resulta que cuando sale al mercado un libro en el que el putero es un señor heterosexual -en contra, según Lucía, de una señora o un gay que va de putos- nos encontramos entonces con "una admirable historia de amor... una estupenda metáfora de la sociedad donde todos caben con suficiencias o exageraciones, una novelita-joya que contiene sabias frases de prosa brillante, desbordante, donde la pasión tardía se enseñorea en el corazón del viejo ", en palabras de la crítica”.

Hasta aquí puedo entender algo su discurso, pero desgraciadamente Lucía acaba metiéndose en un bosque del que no acaba de salir. Sigue:

“A García Márquez, como Premio Nobel, se supone que debemos respeto. Premio Nobel de la Paz fue también Henry Kissinger, responsable directo del golpe de Estado Militar contra Allende y de toda las dictaduras (incluidas las que falsamente se disfrazan de democracias) que campean hoy en América Latina”.

¿A qué leches viene mezclar esto? Luego Lucía entra al trapo de lo que ella llama “androcentrismo imperante en la critica literaria” y lo justifica así:

“En cada entrevista, cada una, que he hecho de entre las más o menos veinticinco a propósito de la edición francesa de mi libro "Una historia de amor como otra cualquiera" me han hecho la misma pregunta: ¿Por qué sus protagonistas son mujeres?”. Y remata con este absurdo: “Pese a que las mujeres seamos mayoría en el mundo (53% de la población), a día de hoy lo masculino es la norma y lo femenino es la desviación, y por eso resulta tan extraño que se escriba sobre mujeres”. ¿De verdad se puede creer esto?

Había empezado hablando de Márquez y de literatura, ¿se acuerdan? Pues miren cómo sigue:

“En este país se oculta el triste hecho de que el 75% de los hombres que pegan a sus mujeres abusan también de sus hijas, y la sociedad bienpensante cierra los ojos al pasar por la calle de la Cruz, por Montera, o por la Casa de Campo, donde muchas menores de edad se ven obligadas a vender su cuerpo para lucrar a las mafias que las explotan, porque vivimos en un mundo plagado de millones de putas tristes que no lo son porque les da la gana, sino, precisamente, porque una cultura machista, perpetuada por la literatura, por los textos escolares, por el cine, por la publicidad, por la tradición, ha enseñado y sigue enseñando a los varones que la explotación y el maltrato a la mujer no solo es un hecho permisible, sino romántico.

¿No es hipocresía que nadie, en ninguno de los medios mal llamados suplementos culturales de este país se haya atrevido a alzar el gallo para decir que García Márquez puede escribir mejor o peor, pero que lo que ha escrito se llama apología de la explotación infantil y de la violación, y que como tal debe leerse, y nunca como historia de amor?”.

A esto lo llamo yo salirse del tiesto o un ataque agudo de feminismo trasnochado. El relato más salvaje que he leído yo a propósito de una violación lo leí en un fabuloso libro de Bukowski con una pobre niña como protagonista. En ese momento pensé en la tremenda y envidiable LIBERTAD de ese hombre para escribir eso tan tremendo, pero en ningún momento lo entendí cono apología de nada. Eso es lo malo de mezclar baratamente churras con merinas, algo en lo que la Etxebarría sigue siendo una experta.

10 comentarios:

Nepomuk dijo...

Pues que le ha sentado fatal a la chica que García Marquez fuera de putas, mira tú...
Yo le diría "Lucía, eso va a ser lo que Froid llamaba Envidia de Pene", sino fuera porque, of course, me correría a hostias por toda la Gran Vía y uno ha nacido de un natural cobarde de mierda.

fridwulfa dijo...

Si es que el problema de esta tipa es que se ha terminado creyendo ese personaje de aquí estoy yo, agustina de aragón de la era moderna, escritora guay, feminista y comprometida-libertadparalasmujeresdechiapasperoya- y si no lo lleva todo por ahí, simplemente no sabe de qué escribir.

Anónimo dijo...

La pregunta es hasta qué punto puede un escritor endulzar un tema como la prostitución infantil. Vale todo en literatura? Es una pregunta que se han repetido muchos a lo largo del tiempo y a la que yo no encuentro respuesta. En ese sentido entiendo yo la crítica de Etxebarria y me da igual que el escritor en cuestión sea Marquez. No entro en ese terreno.

Anónimo dijo...

De hecho a mí se me revolvió el estómago cuando leí al principio de la novela eso de que el protagonista había decidido brindar por sus taitantos desflorando a una muchachita virgen. Y no seguí.

Jorge Gómez Jiménez dijo...

Hace tiempo reseñé, en mi blog, el post de un amigo que refutaba a los detractores de Memoria de mis putas tristes citando fragmentos de, nada menos, la Biblia, en los que se mencionaba atrocidades que involucraban perlas tales como, por ejemplo, sodomía e incesto. Y no he visto hasta ahora a nadie sintiendo asco hacia la Biblia (será quizás que tampoco se lee mucho).

Yo veo la obra literaria como algo ajeno a la moral. La moral es de los hombres, no del arte. La realidad que retrata la novela (niñas cuya virginidad es vendida en el mercado de la prostitución) existirá por siempre, sin depender de que García Márquez la escribiese o no. Me parece que atacar esta novela con tales argumentos extraliterarios no es otra cosa que una extraña forma de pacatería, como si quien ataca dijera: "No debe escribirse sobre esto para que no vuelva a ocurrir".

IVÁN REGUERA dijo...

Jorge, estoy contigo. Creo que si empezamos con peros morales, las listas negras podrían ser enormes y variadas. Por ejemplo lista de apologías de la violencia (las de género entre ellas), el racismo, el alcoholismo...

Lo que más me choca es que en una señora que va de feministas superliberal y desenfadada se descubra un tufillo de intolerancia y moralina que da miedo o risa. Otra cosa es ya cómo escribe: de pena.

Anónimo dijo...

¿Escribe de pena? ¿Entonces cómo es que ha ganado el Premio Planeta?
Bueno, pues lo ha ganado porque vende libros, y vende libros porque la gente los compra y la gente que los compra lee de pena.
Primero quiso ser escritora, y lo consiguió, para eso bastaba con escribir.
Luego quiso ser publicada y lo consiguió, para eso bastaba con que alguien pensara que el libro sería leído.
Ahora quiere el reconocimiento de la crítica: sin saber escribir, jamás lo conseguirá.
Con el Planeta en el bolsillo arremete contra todo y bueno, tal vez este no sea el libro más atinado de García Márquez, pero el mejor texto de Lucia E. está a años luz de la peor novela de García Márquez.

Anónimo dijo...

Alguien se ha fijado que todos los post en contra del libro son "anonymus" jejej y sospechosamente pienso que son mujeres ;)

Alicia dijo...

Me parecen una estupidez los comentarios que consideran una actitud conservadora el arremeter contra la prostitución infantil. Clichés tales como "la prostitución infantil existirá por siempre", sólo me permiten pensar que el autor de estas palabras es un descerebrado amoral. Por cierto, la que escribe esto es una mujer (ya que para algunos tan importante es el género a la hora de defender sus pobres argumentos)

Anónimo dijo...

Pues para crítica, ésta que he encontrado en la red, en un blog llamado Crónicas Bárbaras

24/01/2005
Triste GGM
Todavía conserva alguna chispita literaria, pero cuando se esperaba una de sus geniales historias, el último Gabriel García Márquez (GGM) ha aparecido como una calamidad comparado con el magnético escritor de “Cien años de soledad”, con el Nobel de 1982.
Los críticos literarios habituales nos han engañado. Quizás porque no se atreven a decir que el escritor está vivo, pero su literatura, muerta y corrupta. Dicen que ha vuelto a escribir una obra maestra con su “Memoria de mis putas tristes” (Mondadori). Una patraña, una falsedad absoluta.
Para alguien con un mínimo de sensibilidad este GGM ya no tiene ni los recursos, ni la imaginación de sus grandes años, y su obrita asquea porque es chusca, cursi y apología de uno de los delitos más repulsivos, la pederastia.
Es la historia de un periodista nonagenario que desflora a una virgen de catorce años, drogada y adormilada por una alcahueta.
Mezquino viejo verde presentado como un don Juan orgulloso de su hazaña. Grosera narración. Artificio rastrero. No es ni realismo mágico ni imitación de la vida de un tipo pervertido: es solo baja literatura, degradación de alguien que fue grande.
Como contraste, se recuerda a Sade y su Justine o Los crimenes del amor, y se entiende por qué el Divino Marqués sigue vivo dos siglos después de muerto.
Se evoca también a Vladimir Nabokov en Lolita, con un Humbert-Humbert que no es un héroe, sino un antihéroe humillado, o al desolador Yusanari Kawabata, en La Casa de las bellas durmientes, seguramente la inspiración de GGM.
Y se llega a la conclusión de que el autor colombiano debería tener alguien honrado a su lado que le diga que sus últimos trabajos son de papelera. Éste libro debe tirarse, olvidarse. Triste GGM.