lunes, junio 20, 2005

BATMAN BEGINS




Desde luego, el insoportable calor del verano madrileño no da para escribir sesudas reflexiones cinematográficas y mucho menos para meterse entre pecho y espalda un film independiente, barato, hermético, con complejos mensajes y conciencia social.
Lo que a uno le pide el deshidratado cuerpo es una combinación de la que no se puede escapar: fresquito aire acondicionado y muchos FX o tortas (dicho finamente).

Puede, además, que estemos ante los últimos coletazos de lo que hasta ahora hemos entendido como “ir al cine” porque ahora el cine va a casa (en DVD). Sin ir más lejos, el 73% del público estadounidense prefiere el home cinema al street cinema, y ya se sabe que todo lo que sea conducta de consumo en USA, lo acaba siendo en el resto del mundo. Ejemplo definitivo: la de este año está siendo la peor taquilla desde hace veinte años. Según una encuesta de AOL y Associated Press, la gente está desengañada con las actuales estrellas y el 50% del público americano cree que el cine ha empeorado mucho.

De todas maneras, y a pesar de estos malos augurios, a veces veo un film que no es del todo tonto y te hace pasar un buen rato. Batman Begins es el ejemplo. Sí, un comercialote producto de Warner, otra gran productora que se apunta a la moda de las precuelas, cine de palomitas… pero engancha y está muy bien contada.

Batman Begins es la quinta entrega cinematográfica “seria” del hombre murciélago. Ni dios suele acordarse de los precedentes televisivos como The Batman (1943) o Batman and Robin (1949) y sí algo de la serie televisiva (y sus míticos rótulos tipo “Caboum”, “pum”, “zas”) estrenada en 1966. A finales de los ochenta fue Warner BROS la que resucitó de su olvido cinematográfico al sadomaso héroe creado por la gente de DC Comics, más concretamente por el genial artista gráfico Bob Kane. Contrató al imaginativo Tim Burton, puso como estrella absoluta -su contrato estableció un nuevo record entre los cachés de las estrellas- a un iluminado Jack Nicholson y encargó nada menos que a Prince la interpretación y composición de la canciones, que junto Danny Elfman formarían una ya legendaria BSO que aun guardo con cariño -en dos discos independientes, el vocal y el orquestal- entre mis desfasados vinilos.

El resultado fue un ejercicio de descacharrante histrionismo por parte de Jack (“¿Cómo un tío con leotardos me puede robar la publicidad?”), un film entretenido pero irregular y en el fondo un triste quiero y no puedo, porque se notó demasiado que a Tim Burton le hubiese gustado que el film se llamase Joker (el payaso asesino) en vez de Batman, que siempre, estoy seguro, le pareció un tío soso de narices.

Ante el histórico éxito, Warner pidió a Burton una secuela, que fue más “personal” pero algo farragosa y autocomplaciente. La tercera y la cuarta, a la “loca” manera de Joel Schumacher -lo del jovencito Robin rescatado por Batman de un club de moteros no tenía desperdicio-, son olvidables. No se puede pasar del oscuro barroquismo bartoniano al colorín del orgullo gay sin que la cosa chirríe por los cuatro costados.

Años más tarde, y tras multitud de intentos de resucitar (en imposibles guiones y castings) al atormentado justiciero de Gotham, Warner se ha acabado contentando con el guión de una precuela -o sea: Batman, el origen- firmado por Christopher Nolan (también director) y David S. Goyer. La consecuencia es una película sumamente entretenida, con un guión fiel al personaje y su universo, con diálogos ingeniosos, con un nuevo Batman (Christian Bale) excelente y un reparto de secundarios de vértigo: Michael Caine como el mayordomo Alfred, Morgan Freeman como Lucius Fox, Gary Oldman como el comisario Gordon, Liam Nelson, Cillian Murphy, Tom Wilkinson, Rutger Hauer y Ken Watanabe como los villanos y Katie Holmes como la chica.

Sé que su estrambótica trama central -el peligroso gas que amenaza a Gotham- no es para echar cohetes, pero todo lo que atañe a la creación del mito, al nacimiento de Batman como azote del mal, es muy entretenido y coherente. El trauma familiar, la sombra del padre, su educación oriental, la puesta en escena del traje y sus complementos y la inevitable doble vida del personaje son cine de evasión del bueno, del no perecedero. Y eso en los tiempos de los aburridos X Men, del sin sustancia Spiderman o del desinflado Hulk es mucho decir. Si quieren huir del calor con una bien recontada historia, vayan a verla.

1 comentario:

Leo dijo...

Yo tengo muchas ganas de verla. Tiene muy buena pinta. Y después de comentarios como este, con más razón.