martes, abril 19, 2005

A HITCH LO SACAN DEL ARMARIO

Espasa me ha mandado a casa “El armario de Hitchcock”, escrito por Boris Izaguirre, ese señor que se dedica a bajarse los pantalones y a repartir glamour (sea lo que sea eso) en Crónica Marcianas. En la presentación del libro en Madrid, Alex de la Iglesia declaró que el ensayo era “un libro frívolo que se acerca a un personaje frívolo de una forma rigurosa. Se acerca a la profundidad de Hitchcock a través de lo efímero”.

Tengo que reconocer que el libro puede ser hasta interesante. No se puede dudar de la evidente carga homosexual de muchos films del tan bien publicitado amante de las rubias frías y calculadoras. Caprichosamente, me viene a la cabeza la discreta locaza asesina de Extraños en un tren, basado en Patricia Highsmith, que también sabía mucho de armarios. Y qué decir de La soga, velada historia de dos asesinos amantes y también con el facialmente incapaz galán Farley Granger.

Tampoco faltan las boyeras hitchcockianas. Izaguirre recordó a este respecto la secuencia de Rebeca en la que la señora Danvers enseña a la nueva señora de la casa las prendas íntimas de la muerta. En el territorio femenino, Hitch no se andaba con chiquitas. Sus mujeres eran o zorrones verbeneros, o rubias frías y letales, o lesbianas, o madres omnipresentes (Con la muerte en los talones), o castradoras (Marnie la ladrona), o directamente disecadas (Psicosis).

Cuando mi hermano lo acabe le echaré un vistazo. Eso sí: sin hacerme la pregunta de marras: ¿Era Hitchcock hetero, homo o bi? ¿¡Y a mí qué carajo me importa!?