sábado, abril 16, 2005

Propiedad intelectual, abuso industrial

La palabra intelectual no casa mucho con la palabra propiedad, pero hay que reconocer que al hacedor de un guión, un film o una interpretación se le tiene que reconocer esa pertenencia, sólo suya, como aquel que tiene un chal o un traje de sastre. El problema de la piratería ha hecho que los sectores de la industria y las sociedades de derechos de autor imploren al gobierno para que actúe y a la sociedad para que se conciencie del daño que hace el pirateo. El nuevo gobierno ha reaccionado rápido con el Plan Integral en Defensa de la Propiedad Intelectual, con el que se va a constituir un grupo policial específico sobre delitos relacionados con dicha propiedad.

Dice el gobierno que pretende “concienciar sobre los efectos devastadores de la piratería desde el punto de vista cultural, económico y social”. ¿De verdad cree el gobierno que social y culturalmente toda la piratería es dañina? Me parece de inocentes o de cínicos decir que la copia e intercambio privado de deuvedés -otra cosa es esa bazofia de pésima calidad que te vende la china sonriente o el tipo del top manta- daña a la sociedad y a su cultura. Es todo lo contrario. El Plan de ZP, que implica nada menos que a once de sus ministros, criminaliza a todo el mundo y lo pone a la altura de las mafias piratas. Amenaza, para colmo, con agilizar los juicios rápidos relacionados con estos supuestos delitos. Como no parece haber problemas mayores en este país, vamos a gastar un dineral en más pasma y jueces para que la SGAE siga sangrando impunemente.

“No se puede matar la cultura para salvar una determinada manera de entender la industria cultural”. Lo he leído en Internet. Me gustó y lo pirateo aquí vilmente. ¡Ala!
Es muy grave que se demonice el intercambio de alta cultura o subcultura más rápido y democrático que se ha conocido en la historia de la humanidad. Internet se ha cargado a medios en papel y distribuidoras o productoras, sí, pero como la imprenta se cargó a muchos amanuenses, el disco a algunos cantantes, la tele a un buen grupo de dueños de salas de cine o la electricidad al gremio de fabricantes de velas. Como diría mi amigo Carlos Pumares a grito pelado, ¡No haberlo inventado, gilipollas! ¿Para qué se inventa entonces el ADSL, la fotocopiadora, el casete, el video o la grabadora de deuvedés?

Entre las absurdas medidas preventivas del gobierno, el texto legal destaca que “se quiere conocer las razones que llevan a los ciudadanos a consentir el comercio y consumo de productos ilícitos, cuando no a consumirlos ellos mismos”. También quiere llamar la atención de la “connivencia existente entre las organizaciones que hay detrás de estas conductas con otra clase de delitos que sí generan un indudable rechazo social”. Todos conocemos las razones (comodidad y precios abusivos) y nadie piensa que el amiguete con copiadora que te regala el deuvedé pirata de Mar adentro -que pasaste de ir a ver al cine a seis eurazos- es un peligroso aprendiz de Al Capone.

Con polis y espías de la SAGE sólo se pisa en falso. Un gobierno sensible y astuto debería buscar un nuevo modelo económico que en vez de poner cepos y multas a los nuevos inventos, los economizase y desarrollase mejor para que la cultura circulara todavía más y con beneficios alternativos. ¿Por qué no se hacen proyectos de ley para que las entradas sean más baratas? ¿Por qué no para que los deuvedés piratas no puedan competir con unos legales más económicos y mejor editados?
La SGAE ya impuso el vergonzoso canon sobre el cedé aunque uno lo usase sólo para guardar sus archivos y ahora quiere otro canon sobre el ADSL. ¿Quién es el pirata?

Entiendo que joda que el cheque de Autores haya adelgazado para muchos y que se despida a gente de productoras y discográficas, pero contra los cambios en los hábitos de consumo de la sociedad nada se puede hacer por la fuerza. En fin: Los cantantes a hacer bolos y los del cine a proyectar barato y a hacer excelentes ediciones en DVD.
Este Plan es tan ridículo y pueril como aquella campaña que intentaba empujar a la gente a ver más cine español en contra (y no además) del cine norteamericano. La diferencia es que aquí han metido a las “fuerzas de orden público” por medio. Todo un despropósito que puede hacer que la gente salga a la calle con muy mala uva. Y cuidado, que de eso algo sabemos en este país.