lunes, abril 18, 2005

STARting WARS (y 3)

Star Wars se rodó en Inglaterra y Túnez. En California, por su parte, Industrial Light & Magic, recién creada empresa de efectos especiales, hacía posibles las 365 tomas con efectos de la película. Lucas, que vivió un infierno en el rodaje por su tremenda introversión, no quería salir de California, pero los estudios Elstree de Londres tenían unos inmensos platós perfectos para su película y accedió.

El problema fundamental, eso sí, fue que el equipo inglés no respetaba su dirección, aquel poco hablador californiano con vaqueros y camisas de leñador les parecía un aprendiz sin mucha idea. Al final, se optó por la salomónica decisión de hacer dos grupos: el de los técnicos ingleses y el de los californianos.

Uno de los peores momentos del rodaje fue el de la escena del triturador de basura. En esta escena, al pobre Mark Hamill (o sea, Luke Skywalker) le estalló una vena de la cara después de contener el aliento bajo el agua durante demasiado tiempo. El resto de las escenas que le quedaban por rodar tuvieron que ser filmadas del mismo perfil. Además, Peter Mayhew (que es un tiarrón gigante que hacía de Chewbacca) tuvo que soportar el mal olor que cogió su traje durante el resto del rodaje.

Y eso ocurría en un estudio, porque lo del rodaje en Túnez fue otro cantar. Había una media de 40º C de temperatura a la sombra, sólo hay que imaginarse a Chewbacca o a Anthony Daniels, embutido en el traje del androide C3PO, para entender lo que era eso. El pobre se quedó sin conocimiento en un par de ocasiones.

De regreso, Lucas, diabético, tuvo una subida de tensión por la que tuvo que ser ingresado en un hospital por un tremendo disguto: a su vuelta y apenas a cinco meses del estreno, descubrió que sólo se habían terminado tres de los 365 efectos que se necesitaban. De los dos millones de dólares que tenía presupuestado, ya se había gastado uno. Tras salir del hospital, tomó personalmente el mando de los efectos especiales y la cosa cambió.

Con la postproducción aun sin acabar, con los efectos a medias, Lucas decidió proyectar a sus amigos la película. En las escenas aun no preparadas de naves espaciales, Lucas puso en sustitución imágenes de films de guerra (batallas en el aire) en blanco y negro. Entre sus amigos se encontraban Brian de Palma y Steven Spielberg. El primero dijo que sería un fracaso y un ridículo espantoso. Cabreado, exclamó: “¡¿Pero qué coño es eso de la fuerza?!”.

Por el contrario, Spielberg, a punto de estrenar Encuentros en la tercera fase, auguró que iba a ser un bombazo espectacular. No se equivocó y él y Lucas se convirtieron en los dueños de un nuevo Hollywood más infantilizado obsesionado como nunca por las taquillas millonarias.
El 25 de mayo de 1977, se estrenó la película en tan sólo 32 salas de EEUU. Los exhibidores, otras lumbreras tan despiertas como los agentes, pensaron que nadie iría a verla. Contra sus criterios, el film se convirtió no sólo en el más taquillero del año sino en un fenómeno a nivel planetario que hizo de Lucas multimillonario de la noche a la mañana.